Por Gloria Kreiman
Es el primer largometraje de la productora, guionista y ahora directora británica Charlotte Wells y puede verse en Mubi.
Con Paul Mescal, a quien conocemos por «Normal People» y «La hija oscura», entre otras cosas; y el debut de Frankie Corio.
La película transcurre durante las vacaciones -en los años 90 en Turquía- de un padre de 30 años y su hija de 11, vacaciones que funcionan casi como su único encuentro anual porque ella vive en Edimburgo y él en Londres.

A partir de la intimidad de este vínculo, Aftersun se va construyendo en varias capas simbólicas, narrativas y estéticas. Capas autobiográficas, además; porque la realizadora declaró que si bien se trata de una ficción hay mucho de su propia verdad.
Por un lado, la bisagra entre la niñez y la adolescencia de la chica. Por otro, su memoria sobre estas vacaciones y sobre su padre; es esta memoria en realidad desde donde se construye el filme a nivel relato y a nivel artístico. Y también, el desequilibrio emocional del padre que está abordado de una manera brillante.

Esa es la primera de las muchas virtudes que tiene la película: que es varias cosas a la vez y que nos vamos dando cuenta muy de a poco, va escalando en complejidad, textura, dramatismo de una manera super discreta.
Otra virtud: las actuaciones. Ya habíamos comprobado lo bien que hace las cosas Paul Mescal y a su talento se le suma el de esta niña que no parece debutante y con quien logra una armonicidad notable. En escenas dulces, intensas, confusas, tristes o alegres pero siempre con mucha profundidad.
Estética y artísticamente es además muy bella, con un manejo de planos, sonidos, colores, imágenes, atmósferas muy interesante.

Y también en cuanto a la música. Con canciones de Blur, Bowie o REM que funcionan como el mayor o quizás el único elemento literal o explícito -aunque en varios casos, según contó la autora, se trata de casualidades- lo cual podría funcionar mal pero acá funciona bien.
Con todo esto, se crea una película sutil, hábil, aguda, melancólica, agridulce, tierna, que pellizca y conmueve con recursos tenues pero con efectos intesos y que no parece una ópera prima. Seguramente, y ojalá, tendremos más de Charlotte Wells para ver en cines.
