La Vieja Terminal

Por Teresa Oliveri.- El ómnibus aún no estaba, llegábamos con anticipación cosa que con el tiempo se transformó en hábito. Mis hijos trasladaban el bolso, la mochila y los sentimientos encontrados; por un lado la pena de dejar la casa, por el otro la alegría de comenzar una apasionante y nueva vida viviendo solos. Cuando íbamos llegando a la Terminal, el padre les decía: “las llaves, los documentos, la plata”, si las tres respuestas eran positivas bajábamos, si no, había tiempo para volver y buscar lo que faltaba… Continúa leyendo La Vieja Terminal

A 49 años del asesinato de Víctor Jara: «A ese hijo de puta me lo traen para acá»

Por Boris Navia Pérez.- “¡A ese hijo de puta me lo traen para acá”, gritó el oficial apuntando con su dedo a Víctor Jara, quien junto a unos 600 profesores y estudiantes de la UTE ingresábamos prisioneros con las manos en la nuca y a punta de bayonetas y culatazos al Estadio Chile la tarde del miércoles 12 de septiembre de 1973. Era el día siguiente del golpe fascista. El día antes, el 11, Víctor debía cantar en el acto que se realizaría en la UTE, donde nuestro rector Enrique Kirberg recibiría al presidente Allende, quien anunciaría el llamado a plebiscito al pueblo de Chile. Sin embargo, la voz de Allende fue apagada en La Moneda en llamas y la guitarra de Víctor quedaría allí, destrozada por la bota militar en el bombardeo de la UTE, como testimonio más de la barbarie fascista.
“¡A ese hijo de puta me lo traen para acá”, repitió iracundo el oficial. Casco hasta los ojos, rostro pintado, metralleta al hombro, granada al pecho, pistola y corvo al cinto, balanceando su cuerpo tensado y prepotente sobre sus botas negras.
“¡A ese huevón, a ese!”. El soldado lo empuja sacándolo de la fila… Continúa leyendo A 49 años del asesinato de Víctor Jara: «A ese hijo de puta me lo traen para acá»

«La ocho» de Francia

Por Camilo F. Cacho.-
Avanzo sobre Parque Rivadavia.
Busco un libro para la facultad.
Comienzo a serpentear entre los stands de usados y nuevos. A mi izquierda, cientos de personas parecen no buscar libros.
Algunos levantan la voz, otros revisan una especie de lista de útiles o del supermercado. Se escucha una señora que grita: “la catorce”, y un joven de barba larga dice “la nueve”.
El libro que busco no aparece, pero sigo avanzando hacia esa marea de gente, la mayoría no tan jóvenes. Una piba le dice a su amiga: «Estas cosas pasan solo en nuestro país».
Mi curiosidad se vuelve del tamaño de la multitud. Ya no busco el libro… Continúa leyendo «La ocho» de Francia

Una «Experience» de sábado por la noche

Por Bautista Franco.- Accedemos por la ventana sin esperar nada y las experiencias nos sorprenden por lo extremadamente singulares, por la novedad que significan en la práctica humana que vivimos. En los espacios culturales nos acostumbramos a lo siempre parecido y finalmente nos convertimos en consumidores y clientes del bucle original.
Así, otra vez, cuando pensé que Mendoza no tenía para tanto, un loco vino y me invitó a cubrir un evento cerca de la casa. Yo siempre acepto pero pensé que no llegaba. Viajaba justo a una provincia cercana y volví sobre la hora, y como no tenía nada para hacer… Continúa leyendo Una «Experience» de sábado por la noche

Llegar a ningún lado

Por Bautista Franco.- Las historias de caminos son preferibles a las de llegadas, van sobre el transcurrir y el fin, como una consecuencia. Pensar el cuento de manera fácil achicharra la calidad del comienzo y del fin, nos deja engatusados en la angustia de los finales, como el que maneja veloz para llegar antes y llega muerto.
Mi problema, dicen, es que no sé manejar y me tengo que ocupar siempre de hablar desde el asiento del acompañante. Antes hablaba hasta que me cansaba, como siempre, pero ahora, de grande, entendí que mi papel cumple un lugar central, casi como el del cinturón de seguridad, una alarma permanente que reclama atención y nos protege a todos del peligro. Una vez un amigo me dijo que se quedó dormido y terminó en el medio de la nada haciendo trompos en solitario, como un secarropas pero hecho de auto, con gente adentro. Por suerte sigue vivo… Continúa leyendo Llegar a ningún lado

Ciento cincuenta pesos

Por Bautista Franco.- La fantasía de que me atropellen y morir, sin más, en las calles de la impetuosa Ciudad de Mendoza un jueves por la mañana es casi siempre probable. Tampoco es que sea una metrópolis loca, es más bien un asentamiento concurrido, vivo.
Soy, sobre todo, un caminante de las nueve cuadras que recorro diariamente para llegar al local donde digo que escribo. Esa, más que cualquier otra cosa, es la actividad física que hace que no muera de desidia… Continúa leyendo Ciento cincuenta pesos

Hay mucha gente haciendo poesía en Mendoza

Por Bautista Franco.- El día martes por la noche sonaba, en Los 2 amigos, jazz salvaje, miradas desfiguradas de músicos siguiendo la melodía como una marea, sin un destino claro, hasta que terminaban. El trompetista miraba fijo a la nada siguiendo las escalas y a medida que los músicos se iban sumando, desde las mesas, desde las sillas, la improvisación tomaba todas las partes e inundaba lo que quedaba de aire. Llegué evidentemente tarde, a la zapada. Continúa leyendo Hay mucha gente haciendo poesía en Mendoza