«La ocho» de Francia

Por Camilo F. Cacho

Avanzo sobre Parque Rivadavia.

Busco un libro para la facultad.

Comienzo a serpentear entre los stands de usados y nuevos. A mi izquierda, cientos de personas parecen no buscar libros.

Algunos levantan la voz, otros revisan una especie de lista de útiles o del supermercado. Se escucha una señora que grita: “la catorce”, y un joven de barba larga dice “la nueve”.

El libro que busco no aparece, pero sigo avanzando hacia esa marea de gente, la mayoría no tan jóvenes. Una piba le dice a su amiga: «Estas cosas pasan solo en nuestro país».

Mi curiosidad se vuelve del tamaño de la multitud. Ya no busco el libro.

Me escabullo entre la gente. Ahora los veo cara a cara. Mi corazón late potente.

Muchos dolores últimamente en el país, muchas malas noticias.

Sin embargo, descubro que, en este pedazo del mundo, el Parque Rivadavia está lleno de gente, gente que bambolea la niñez que tiene afuera y que tiene adentro, mientras miro a una señora reírse y contarle a otra que consiguió «la ocho» de Francia y un niño grita emocionado que acaba de completar su álbum de figuritas del mundial de fútbol.

Entonces me vuelvo sin el libro, pero convencido de que Argentina también es esto, y es mucho más que esa grieta de odio y de violencia.

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