Arriba

Por Claudia Pussetto.- Carla cierra los ojos. Cuando los vuelve a abrir me mira como si yo no fuera la rara del curso y me agarra la mano. Vamos, dice. Subimos por la escalera metálica que lleva al techo. Nos alejamos del ruido y mis oídos zumban, no tanto por la música a todo volumen sino más bien por los nervios. Cuando llegamos quiero ir hasta el borde pero ella se frena. Ahora tiene los ojos enormes y oscuros. Como pozos. Los cierra y tiembla… Continúa leyendo Arriba

La mancha

Por Claudia Pussetto.- Las mañanas de invierno eran las peores. El frío traspasaba los mocasines de suela de cuero, entraba por debajo de la falda y apretaba la cabeza desde las orejas hacia el centro. Con otros alumnos a medio despertar nos cruzábamos por el patio, sujetando carpetas al costado o sobre el pecho, los hombros encogidos y las miradas en el piso. Yo abría la puerta del aula y me sentaba, saludando con un hola que terminaba tan abajo que nadie lo oía… Continúa leyendo La mancha

CUENTO | Envidio

Por Antonella Corallo.- Todos en algún momento de nuestras vidas nos concentramos en la circunferencia andante, cruzando distancias, dividiendo calles, desplazando con un ligero revoloteo las tecnologías, la modernidad y las ganas de caminar. No niego que es grato, sí que es grato, placentero como una tarea motivacional, en donde las rodillas, amigas de mis emociones, comienzan a flaquear, a desvincular la falsa consigna que nos enseñaron:
—Nunca miren al de al lado.
Me quedé con el ojo desviado, por culpa del musculoso ese, ¡tarado! Exhibiendo su buen manejo, se hacía el experimentado, pero cuando no lo veía, el inmaduro tocaba la bocinita… Continúa leyendo CUENTO | Envidio

CUENTO | Los zapatos de tío Silvestre

Por María Teresa Canelones Fernándesz.- Hubo un tiempo en que a mi mamá le decían regalito de Navidad, porque todo lo regalaba.
Por esos días su tío Silvestre le mostró las desgastadas zuelas de sus zapatos y mi madre, con gesto compasivo, le prometió de inmediato al octogenario que pronto estrenaría calzado.
Transcurrían los meses y durante las reuniones familiares el tío Silvestre cada vez que podía le preguntaba sutilmente a mi mamá por los zapatos. Entre la algarabía de los hermanos y primos, ella contestaba con exageradas muecas –de quien está haciendo intentos por escuchar para poder responder– que había olvidado contarle que le había encargado unas hermosas botas de cuero.
Él hacía un gesto de alegría y seguía la fiesta. Pero pasaba el tiempo y se repetían los diálogos entre el tío y mi madre, quien ya aumentaba descaradamente sus excusas… Continúa leyendo CUENTO | Los zapatos de tío Silvestre

CUENTO | El transpirar de las lagartijas

Por Antonella Corallo.-
—Se trata de besar el piso, pero un beso seco, cortito.
—¿Seco?
—Sí, que no quede saliva, besas despacito, un toque y subo.
—¿No es un toque y me voy?
—En este caso no.
—¿Y si tiene gérmenes?
—No importa, igual lo besas, ahora por eso vas a hacerlo cinco minutos más —ordeno, y pone cara de sufrimiento… Continúa leyendo CUENTO | El transpirar de las lagartijas

CUENTO | Invierno

Por Claudia Pussetto.- Lucía cruza la calle con las manos dentro de los bolsillos del tapado de paño negro, que ya no abriga. Algún día tendrá que hacer un esfuerzo económico y comprar otro.  Piensa en la calefacción de la oficina y apura el paso.  Cierra un poco los ojos cuando recuerda que hoy la madre de Rosa irá a hablar con el dueño del estudio.  Encuentra un caramelo en el bolsillo, lo saca, lo desenvuelve y lo lleva a la boca.  Un segundo de dulce placer. Aprieta los puños y se clava las uñas en las palmas. A Rosa, la chica de la limpieza, había muerto en un accidente de tránsito y al poco tiempo la madre había insistido con ver al abogado. Al final Lucía le había conseguido la cita.
Se le ocurre que podría seguir de largo y sentarse a tomar un café en el bar de la esquina, sólo para ver qué pasa. Llega al edificio del estudio y antes de entrar golpea los pies contra la alfombra para sacudir el barro.  También las tentaciones… Continúa leyendo CUENTO | Invierno