Por Jenifer Soto
Ilustrado con IA
Mis manos estaban ávidas de escribirle cartas, poemas, donde encontraría el susurrar de esta voz callada diciéndole aquí tan lejos, muy lejos de ti, también te quiero. Tenía que quererlo aún más, para alcanzarlo al cruzar el cielo y los mares. Pero no lo hice y no lo haré.
Me he encontrado dando vueltas en casa sin prestar atención a lo que hago. Vivo inundada de aburrimiento y tropezando con todo. Estoy cansada del tema de amor propio, de procrastinar, de analizarme y canalizar mis emociones para crear una nueva estructura. La mente ha cargado demasiado con este compromiso de “sanación”.
Estar con él me robaba el aire. Me sentía espectador con una visión de 360 grados, pero sin ser parte de la obra. Limitada. Mirarlo me dejaba sin aliento, él era mis “Andes” y yo el senderista. Aun sabiendo que no nos pertenecemos, me enamoré. Se me quedó como marca de agua, su actitud despreocupada, el verde de sus ojos, las arrugas en la cara, el corte de cabello tan peculiar. Me llena de rabia y a la vez me exaspera su acento. Una exquisita melodía mendocina. Luego pienso que nunca pude entrar a su mundo. Permanecí tan ajena de sus pensamientos y palabras, ¿de alguien más?
Desde la despedida, mi voz no volvió a mencionar nada sobre él. Ninguno de los dos prometió nada y aquí estoy yo, estúpida, imaginando ¿qué hubiera sido?, ¿por qué no?, ¿hay algo en mí que no fue lo suficientemente… pero, ¿qué idioteces digo? Debo sacudir la cabeza y borrar semejante barbaridad. Tengo que lidiar con el sentimiento de que yo soy quien no se valoró lo suficiente, confrontar a mis amigas quienes con todo el cariño y la comprensión no soportan la idea de que pierda los estribos al recordar un hombre que no me vive.
Escucho la puerta abrirse. Vuelvo al tiempo y espacio. Giro sonrojada para encontrarme de frente a mi esposo. Agradezco en silencio que no tiene poderes telepáticos. Me mira, sonríe y no puedo evitar el autodesprecio. Su sonrisa es diferente, abre la boca y no dice nada. De repente, su semblante se torna sombrío y el color de sus labios se desvanece. Cae de arrodillas y rompe en llanto. Confiesa haber estado con otra mujer. Lejos de sentir alivio, me hierven las entrañas. Del otro lado está mi secreto, pero ahora corro con ventaja.
SOBRE LA AUTORA
Turismóloga de profesión, Jenifer Soto lleva la hazaña de trabajar, viajar y escribir ya sea de manera separada o conjunta, encontrando en cada rincón que visita pequeñas historias que sucedieron o podrían haber sucedido. Oriunda de Guadalajara, México.

