Shirley: oscuridad, talento y feminismo

Por Gloria Kreiman

 

Estrenó «Shirley», la película de la directora inglesa Josephine Decker con Martin Scorsese como productor ejecutivo y Elisabeth Moss como protagonista.

Ya estos tres nombres por sí solos dicen algo: Josephine Decker realizó varias otras películas premiadas y con buenas críticas, la más conocida es Madeline Madeline’s. Martin Scorsese no necesita presentación y Elisabeth Moss es sin dudas una de las mejores actrices contemporáneas, demostrado en las maravillas que hizo en «Mad Men», en «The Handmaid’s Tale» y, ahora también, en esta película, entre varias otras cosas. 

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Juntos logran, además de con otras personas y recursos, un filme intenso, incómodo, atrapante y lleno de talento y virtuosismo. 

Sin ser una biografía, se centra en un momento de la vida de la célebre escritora de terror Shirley Jackson, en el que atraviesa un bloqueo artístico y una depresión, mientras recibe de visita a un alumno de su marido y a su mujer, con quien empieza a tener un vínculo tenebroso y ambivalente.

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Adjetivos que podrían describir a toda la película, en realidad, porque Josephine Decker mantiene acá el estilo que ya mostró en obras anteriores: atmósferas densas, narración confusa, recursos sensoriales opresivos, construcción de personajes y relaciones perversos dentro de los cuales la autora se mete, se retuerce y los muestra con el tono que hubieran tenido si la película hubiera estado dirigida por Shirley Jackson.

Además, algo importante: «Shirley» es un relato feminista. Pone luz, y oscuridad, sobre la opresión masculina o patriarcal hacia las mujeres en el contexto del filme, aunque bien sabido es que la cuestión está allí, en todos lados y en todos los tiempos. 

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