No estuvimos todes, aún nos falta Tehuel

Por margarita Yamilú martínez
Fotos: gentileza Gul Ferster

 

La carga de ansiedad y angustia pesaba más que la mochila de viaje. Iba triste en el auto que manejaba Carla, mi amiga que también iba al 35° Encuentro Plurinacional de travestis, trans, intersex, no binaries, bisexuales, lesbianas y mujeres  (sí, cambio el orden porque las identidades cis ocupamos demasiados espacios al frente). Tristeza agónica la mía, pues la noche anterior nos habíamos enterado que Chiara Panelli, nuestra amiga desaparecida desde el miércoles al mediodía de la Terminal de Carlos Paz, había aparecido muerta en el cerro Pan de Azúcar, en Cosquín.

No sabía si viajar o no, la pena como piedra en la garganta y la boca del estómago cerrada: ella decidió, por autodeterminación, morir en el cerro, donde encontraron su cuerpo. Ir a San Luis respondió más a la necesidad de apañe y de ritualizar una despedida con las otras y les otres que también la conocieron, que por asistir a algún taller específico. Es que Chiara, así como tantes, habitaba ese gran espacio. Necesitábamos de algún modo convocarnos, acuerparnos, para que el dolor no pesara tanto.

En el auto íbamos cuatro personas, dos por vez primera, que se sintieron convocades por la apertura identitaria del Encuentro, número 35 en ser realizado pero número 1 en ser llamado Plurinacional e incluir a otras identidades no mujeres cis. Otro de los números es 120.000, la cantidad de asistentes según el conteo de inscripciones de la Comisión Organizadora. De estas 120.000, más del 40% contaba en su haber con este como su primer Encuentro. Los talleres, 105, con nombres nuevos, propuestas interesantísimas divididas en 10 ejes.

Un ejemplo es el eje 10, llamado «Feminismos, transfeminismos, mujeres y diversidades indígenas y sus luchas en el ámbito de la cultura, el arte y el deporte», que contó con 6 talleres (del 79 al 84: culturas y artes; instituciones deportivas, deportes y actividad física; fútbol feminista y transfeminista; laboratorio corporal y géneros; y autodefensa personal feminista y transfeminista). La marcha, de 7 kilómetros, fue la inaugural de un encuentro con Ley de interrupción voluntaria del embarazo y, a su vez, la más agotadora en relación con las anteriores a las que fui.

 

No todo es novedad

El Encuentro amplió su nombre y contó con esas presencias pero, nuevamente, no hubo respeto por sus identidades. La chapa es grande cuando la corrección política se propone como horizonte. La desazón es cuando esa corrección impide ver las reales prácticas: cuando las y les compas de partidos y quienes usan celulares dejen de filmar o imponerse con sus banderas en las ceremonias ancestrales de los actos de apertura, podremos hablar de respeto por la supuesta plurinacionalidad que el encuentro disputa. O cuando las comunidades indígenas que aún resisten en este suelo colonizado encabecen las movilizaciones que se dan en el marco de este evento.

Cuando se propongan un encuentro con las identidades arriba mencionadas, todas ellas, y se les respete las existencias y sus pronombralidades, podremos hablar de DISIDENTE, ese apelativo integracionista que tanto usan. Misgenderear es un verbo que remarca violencias, significa que no respeten tu existencia en relación con los pronombres/géneros usados. Me harté de escuchar la palabra MUJERES en los talleres y otros espacios, pues de les 120 mil cuerpes asistentes, no todes nos autopercibimos así. Asimismo, también faltaron talleres: en el eje 2 de identidades y sexualidades faltó «Asexualidad y arromanticismo», así como algún taller sobre subrogación de vientres. Incluso la división de talleres por escuela fue algo desorganizada; el de anarcofeminismos estaba en la misma escuela que el de partidos políticos. 

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Iglesia vallada, custodiada por personal policial y con sus puertas y ventanas enchapadas

Como fanzinera y estudiante de Comunicación Social, me urge la curiosidad como búsqueda comprometida por el saber, el conocer y compartir. Fue así que pregunté a cuanta persona conocí en el Encuentro sobre sus percepciones sobre sí mismas. El sinsabor sobre las cuestiones antes mencionadas fue una constante. En el primer fanzine que publiqué, allá por 2016, hay una parte en que cité el texto GYNÉ, del libro FOUCAULT PARA ENCAPUCHADAS, de  manada de lobxs, donde se hace una articulación con el pensamiento de la lesbofeminista Monique Wittig. Les comparto un fragmento:

una tarea fundamental es comenzar a pensar el feminismo más que como un movimiento de mujeres organizadas como una ética político-práctica (la única ética materialmente posible) del devenir por fuera del heterocapitalismo. Lejos de reivindicar un feminismo como conexión de la mujer con su feminidad o con una identidad común basada en una opresión también común, sostenemos que no sólo no hay un único modo de habitar una única feminidad, sino que además el destino irrevocable de las “mujeres” (con vagina o sin ella) no es la feminidad tampoco“.

(Manada de lobxs; 2014: 132).

Breves notas sobre el transodio y la misoginia

Sumado a estos descontentos, hubo una campaña turbia contra el Encuentro y quienes lo habitamos. Es parte de la campaña ya existente y archiconocida de discursos misóginos, transodiantes y clasistas sobre nosotres. Quienes la difunden, desconocen lo que sucede dentro del evento. No saben del teje de alianzas que se traman, de las formas de solucionar del momento mismo, desconocen nuestras propias contradicciones, singularizan homogeneizando los feminismos que habitamos, que tienen nombre. Creen que todo da lo mismo cuando sabemos que lo mismo nunca nos dará nada.

También desconocen que es por esas campañas antinosotres que les robaron a asistentes en distintos alojamientos, la Policía nos entregó. No saben que los taxistas amagaban frenar para llevarnos pero después se iban, que en algunos kioscos aumentaban los precios según la corporalidad que habitásemos, desconocen que mientras marchábamos, en los mismos vecindarios nos tiraban piedras a los pies. Fue y es superhostil el escenario donde nos movemos, desconocen lo que vivenciamos. O, si lo saben, son conniventes desde su cinismo con el maltrato constante que vivimos en San Luis y todos los días de la vida.

Sépanse derrotados. Nos tenemos a nosotres.

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¿Dónde está Guadalupe?

La pregunta por la falta siempre está. Sea esa o ¿qué le pasó a Florencia Magalí Morales?, ”suicidada” en pandemia en una comisaría de Santa Rosa del Conlara, al interior puntano, el 5 de abril de 2020. O ¿por qué siguen cajoneando la Ley de Humedales?, bioma arrasado en una Argentina que lleva casi 2 millones de hectáreas quemadas en lo que va de 2022. Una tras otra, las problemáticas por las que nuestrxs cuerpxs luchan y ponen en relieve se hicieron presentes en San Luis, desde reclamos por una Ley de Salud Mental hasta el cese de intervenciones sobre cuerpxs intersex. Estos pedidos no fueron exclusividad de la marcha, con carteles, graffitis o pegatinas, fueron presencia durante todos los días que estuvimos exigiendo en las calles, plazas, escuelas, comercios y en los frentes de las casas el mundo que deseamos.

Seguimos reclamando por el paradero de Tehuel, denunciando el Fracking y cualquier avanzada ecocida sobre los bienes comunes y nuestros cuerpos-territorios, pues son los últimos lugares donde el capitalismo asesino avanza (Silvia Federici dixit). Seguiremos exigiendo la pronta liberación de las lagmien mapuche presas y de todes les presxs políticxs encarceladxs por el simple hecho de luchar y existir.

Pensar desde nosotres es pensar en la comunidad y en los problemas todos que nos atañen en el lienzo de la existencia sobre estos territorios. No solo estamos para nosotras y nosotres, estamos con otres. Pese a la angustia que cargaba y aún cargo en mí, pese a las desaveniencias en ese San Luis encuentrero, en 2023 nos espera Fvrilofche, en lo que llaman Río Negro. Allí nos veremos, pues a pesar de todo, les hicimos el Encuentro.

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