«Granizo», mala y sospechosa

Por Gloria Kreiman

«Granizo», la última producción de Marcos Carnevale, con Guillermo Francella como protagonista, es de lo más visto (y también criticado negativamente) en los últimos tiempos. Se centra en un famoso, exitoso e infalible meteorólogo de televisión que por primera vez falla en pronosticar una fortísima tormenta con piedra que arruina cosas y vidas, y se convierte así en un enemigo de la comunidad y en víctima de amenazas, cancelaciones y disgustos varios, por lo que decide refugiarse en Córdoba, donde vive su hija.

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A partir de esto, la película desarrolla una narración de géneros múltiples (humor, drama, comedia, catástrofe, suspenso), con personajes construidos muy estereotipadamente, con actores no cordobeses que no logran bien la tonada (la pregunta de por qué no se contrataron actores locales para todos esos papeles resuena fuerte y recurrentemente por varios lados) y otros que no hacen un buen trabajo independientemente del dialecto; con guion poco natural y forzado en muchos momentos, entre varias otras falencias.

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Todo esto no me sorprende porque, salvo «Viudas», no me gustó ninguna película de las que ha hecho Marcos Carnevale y, salvo en una o dos cosas, nunca me gusta la actuación de Francella. Y a la vez me resulta menos preocupante y grave que otra cuestión que encontré en la película, y es el discurso político que subyace: hay una declarada intención de marcar una grieta entre Córdoba y Buenos Aires, entre el porteño soberbio, ambicioso, violento y el cordobés gracioso, trabajador y estudiante, con sabiduría ancestral, mentalidad abierta y amor por los valores humanos; que crea y disfruta de una provincia linda, llena de grandes obras viales y urbanas, y un buen sistema de salud en el que los médicos acceden a una casa con decoración a la moda y un auto caro.

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Es cierto que puede haber algo de realidad de un lado y del otro, pero es mucho más cierto que no todos los porteños son monstruos desagradables, que en Córdoba también hay un montón de imbéciles, pobreza, zonas olvidadas y sin infraestructura, y violencia de muchos tipos.

Falta de correlato empírico que no encuentro ni inocente ni casual. Habría que ver qué intereses hay detrás de la creación de esa grieta… Y que además aleja a la película de lo que yo creo que debería ser el cine.

Estemos atentos y sospechemos de la bajada de línea subliminal que puede haber en los consumos culturales, sobre todo si son de un alcance tan masivo y fogoneado como el de «Granizo».