Por qué queremos tanto a Jim Jarmusch

Por Gloria Kreiman

 

Jim Jarmusch es considerado el padre o el creador del cine independiente estadounidense y una de las figuras icónicas del cine independiente en general.

Desde los 80 hace películas, cortos, videoclips y documentales, y en todas sus creaciones hay siempre una marca de autor muy distintiva: en detalles, guiños, música, aproximaciones lentas y minuciosas a las historias y los personajes; en los planos, la duración de las escenas; en la dirección de actores tan particular y muchas veces poco naturalista que hace; y en sus metáforas y evocaciones poéticas. Jarmusch mismo afirma que es guiado por la poesía en todo lo que hace.

Es difícil elegir, pero destaco algunas de sus películas:

«Una noche en la tierra»: cinco historias, encarnadas por actores fabulosos, entre un taxista y un pasajero, desarrolladas simultáneamente en la misma noche, pero en Nueva York, Los Ángeles, Roma, París y Helsinki.

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«Café y cigarrillos»: once historias cortas con el café y los cigarrillos como núcleo narrativo común, que oscilan entre la profundidad filosófica, la banalidad y el humor y la toma de posición sobre estas sustancias, también con actuaciones excelentes.

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«Flores rotas»: con un Bill Murray de los mejores, y cinco actrices notables, es la historia de un hombre que recibe una carta anónima con la noticia de que tiene un hijo de 19 años, lo que lo lleva a recorrer Estados Unidos para reencontrarse con sus amantes del pasado, y con su pasado.

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«Solo los amantes sobreviven»: la historia de amor y existencialismo entre dos amantes vampiros, sensibles, inteligentes y melómanos. Una de ellas, Tilda Swinton, una de las mejores actrices de estos tiempos para mí.

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«Paterson»: con el gran Adam Driver como protagonista, una película contemplativa, meditativa, bella y sobre la belleza, poética y sobre la poesía de la vida diaria, con un gran trabajo de detalles y sobre los detalles.

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