Agostina Allende va por ahí soltando su música interna

Por Mayrin Moreno Macías

“¡Daleee!”, se escucha a lo lejos. Es la voz de una mujer que expresa, que se inspira en lo cotidiano. Va por ahí soltando su música interna. Agostina Allende si quiere bailar, lo hace, si quiere tocar, también. Para ella la danza está en todo: en las ramas del árbol que se mueven con el viento, en el hombre que va caminando con su joroba a cuestas, en el sonido de los camiones, en el abrir y cerrar de la mano… Pero no solo se trata del movimiento, sino de conectar con el cuerpo, sentir las vulgares dolencias rutinarias. Es más, si la gente elongara una hora al día, “sería otro cantar”, dice, porque no nos educaron para vincular con nuestro cuerpo y escucharlo cambiaría un montón. Es el tiempo de escucha que lo robustece y lo fortifica. Por eso Agostina le dice a todo el mundo que para bailar no hace falta tener grandes destrezas.

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La cumbia es uno de los ritmos que causa un volcán de fuego en su corazón. Es tan latinoamericano, descontractura todo. A veces en una fiesta, Agostina se toma el tiempo para observar los movimientos. Le fascina que las personas se muestren tal como son.

De niña recibió un caudal de estimulación. Es una “culo inquieto”. Estudió en una escuela artística y ahí vivió la expresión corporal, la danza, la música, la pintura, la cerámica, luego pasó al Polivalente y actualmente es parte de la comisión directiva de la Biblioteca Popular Mariano Moreno y del equipo que gestiona los eventos en el Centro Cultural Argentino de San Rafael.

Hoy a Sista, como le llaman, se le abrió un portal: quiere expresar, se acepta. Lo que le permita su cuerpo lo va a hacer, no quiere ser esclava de su mente. Ha experimentado con el teatro, con la danza aérea, conectó con la suspensión capilar y la música que la ha acompañado en su andar. El bombo platillo fue un quiebre en su vida. Su atención la centra en la percusión. No profundiza en los sonidos, trabaja con su cuerpo, toca lo que escucha. En el Primer Pluriencuentro Regional Transfeminista de San Rafael, que se celebró en el Centro Cultural Argentino, impartió un taller. Sabe que es un instrumento que está asociado al ruido, a lo molesto, pero Agostina le da un valor más significativo. Considera que es superrevolucionario que las mujeres se cuelguen un bombo. Es otra energía. Es un espacio reivindicativo, una corrida de sangre en las venas. Las mujeres quieren tocar.

Agostina agradece a todas las feminidades sororas que la ayudan a maternar, a criar y a sostener. Su “pulga” la acompaña a todos lados. Es consciente de que está criando una hija muy sensible. “Pero eso es lo que le hace falta a este mundo”, dice, y agrega: “El mensaje es que vayan detrás de eso que las motiva, que no lo dejen morir, que le echen leñita a ese fuego. Cuesta mucho siendo mujeres, pero no hay que perder el objetivo. A veces me frustro, me ahogo, pero es eso, hay que tener fuerza y calor en el pecho, que no se enfríe”.