María Elena Izuel, voz ineludible de la historia sanrafaelina

Por Mayrin Moreno Macías

A María Elena Izuel le salta el corazón cuando habla de la cacica María Josefa Roco. Fue su ideal de mujer. Esa admiración la retrata en «su incansable lucha por lograr la paz entre los pueblos y porque era grande de pensamiento y vocación». De ella escribió dos libros. En realidad, era uno de unas mil hojas, pero para que se lo editaran, tuvo que dividirlo en dos partes. Allí cuenta la vida de esta líder pehuenche que en 1804 aproximadamente, con todos los peligros existentes en la época y en un viaje que duró más de un mes, cruzó la pampa hasta Buenos Aires en compañía del cacique Caripan y sus sobrinos, María del Carmen y Juan Neculante, para pedirle al virrey del Río de la Plata, Don Rafael de Sobremonte, que ordenara la fundación de un fuerte, al que ella donaría las tierras.

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Antes de estos libros, María Elena ya había escrito sobre el Fuerte, la vitivinicultura y un pequeño compendio de la historia de San Rafael. Ella egresó del Normal y luego estudió el profesorado de Historia y Geografía en el Colegio del Carmen. Se entregó a la escritura en 1994, después de jubilarse de la docencia, que tanto amó y disfrutó.

Cada libro le lleva a María Elena mucho tiempo. Su investigación es directamente de los archivos. El único libro en el que escribió “lo que le decían” fue el de las bodegas. Entrevistó a más de 300 descendientes de bodegueros. Aún así comparó los testimonios. “La Historia no se puede escribir por lo que me contaron, como quien dice tocar de oído, no; la Historia debe escribirse sobre lo que aconteció a la luz de los documentos, y basarse en ellos; si no los hay, más vale obviar el tema o colocar ‘se comenta esto o aquello’, porque no sabemos”. Hoy María Elena escribe sobre su “nonno”, un héroe de la Primera Guerra Mundial, del Regimiento de los Alpinos, que cayó prisionero.  “No puedo dejarlo sin su historia. Él nos relató tanto, reunía a sus nietos y nos contaba, lamento no haber tenido un grabador”.

Ella ha recorrido distintos archivos que hay en el país. En Mendoza ha visitado tres, en Córdoba 4 y en Buenos Aires 2. En el Archivo Histórico de Mendoza encontró orden, pero en el de Buenos Aires le entregaron una carpeta gruesa llena de papeles, desordenados o algunos borrados por la humedad. Alguna vez pidió que le dieran otro documento porque no podía leerlo y le dijeron: “No señora, si ya se borró, se borró”. Era un documento que hablaba de algunos indios y no pudo saber cuántos eran. Otra vez quiso mirar el plano del Fuerte de San Rafael y nunca lo encontró. Ella sostiene que quizá se lo han robado. En el Archivo Militar de la Nación también pidió la carpeta del Capitán Montoya y la del Coronel Segovia; la primera estaba vacía y la otra contenía la mitad de los documentos.

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En la tarea por conocer la historia de su familia, María Elena quiso contactar parientes en Villanúa, cerca de Canfranc, España. No tuvo respuestas, pero además supo que hubo un incendio que destruyó el Registro Civil y la iglesia de ese poblado. Su apellido Izuel es de origen español. Su abuelo Don Bernardino Izuel Piedrafita, quien se había instalado en Rincón del Atuel, utilizaba el apellido de su mamá para que no lo confundieran con Don Bernardino Izuel de Villa Atuel. Cuando al Bernardino de Villa Atuel le empezó a andar mal en los negocios, resulta que le llegaban las boletas a su abuelo y se enojaba. Un día en el banco, esperando que los atendieran, se conocieron los dos Izuel. Ese día el abuelo de María Elena iba con su papá y el otro Izuel le dice: “Vos parecés Izuel”, y su abuelo le contestó “es Izuel”. “Yo digo que parece Izuel porque se parece a mis hijos, yo soy Izuel”, y el abuelo volvió a decir: “Es que yo también soy Izuel”. Así se conocieron los dos Bernardino. “Mi abuelo dejó dicho que no eran parientes”.

Este 8M María Elena dejó un mensaje: “Siempre dicen que la mujer es el soporte del hombre o que detrás de un hombre hay una gran mujer, pero muchas estamos solas, otras tenemos la fortaleza para tener hijos, porque si un hombre tuviera que tener hijos, se acabaría el mundo. Nosotras tenemos la firmeza de criarlos, darles educación, cultura. Todo lo que hace una mujer en el hogar no se sabe, los chicos dicen: ‘mi mamá no trabaja’, pero todo lo que hace en el hogar, tener la comida lista, la ropa lista, y todo lo demás… se subestima. La mujer es sumamente trabajadora y cuando tiene el camino abierto hacia la educación y la cultura, siempre se destaca. Mujeres que empezaron a estudiar tarde, porque no pudieron cuando eran jóvenes, han llegado a destacarse en cualquier tipo de actividad: escritoras, científicas, pintoras. En todos los órdenes la mujer sobresale y hoy que está logrando la igualdad con el hombre, todavía falta rato, muchas se desarrollan como empresarias y lo están logrando. Yo le digo a la mujer que nunca se quede quieta, que es la que mueve el planeta, la que da ejemplo de voluntad, de sacrificio y de paz, siempre busca la paz, porque la mujer tiene los hijos y no quiere que a ellos les pase nada, esperemos que, en el mundo, entiendan que la paz es mejor que la guerra”.