Soledad Vázquez entre la ciencia y la maternidad

Por Bautista Franco

A Luma le gusta el helado y Peppa Pig. A Soledad Vázquez, su madre, la investigación científica. Viven una para la otra desde hace tres años según Sole y desde siempre según Luma.

Vázquez es investigadora, licenciada en Paleontología y doctora en Geología. Trabajó muchísimo en el Sur de Mendoza y ahora, tras el término de su beca en Conicet, continúa. Dice que la investigación puede hacerse de manera independiente, que es difícil pero se puede. Existe una gran presión por ser productivas, por ser científicas superespecializadas, pero eso no contempla el ser madre. Así, los últimos tres años han ido y venido en los avatares de la maternidad, aún con paternidades presentes, como la de su compañero Nacho. 

Soledad es una persona apasionada de su trabajo, le interesa la docencia también, pero no tanto como la investigación: ver, llevar las muestras, analizarlas, muchas rocas, muy viejas, pensarlas, escribirlas…

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Mientras toma un helado con Luma, habla del Paleozoico superior, de sus trabajos por terminar, de estudios de impacto ambiental, de cualquier cosa, cualquier noticia que tenga relación con su trabajo. Ahora vive lejos del centro, por Rama Caída, en su casa, su refugio, y allí enciende la computadora y hace lo que sabe hacer. Piensa, analiza, piensa. También juega con su hija, corre con su hija, vive con su hija.

Dice que no le gusta que la ciencia, el aparato científico, no tome en cuenta el ser madre, los vaivenes. Sin embargo, se muestra, como poquísima gente, con un entusiasmo de primeriza, de amante, de investigadora, que vive, ama y piensa en el Sur de Mendoza, tan distinto a su Buenos Aires natal.

¿Cuántas mujeres, exorbitantemente capaces, están cerca nuestro?