«El Club de la Pelea» y el trip hop

Por Gloria Kreiman

«El Club de la Pelea», de 1999, es para muchos la obra maestra del estadounidense David Fincher, director también de «7 pecados capitales», «El curioso caso de Benjamin Button», «La red social» y «La chica del dragón tatuado», por nombrar algunas.

Con un guion destacable, metáforas y recursos narrativos originales, «El Club de la Pelea» se enfoca en un chico -Edward Norton- que está aburrido de su vida y de su trabajo, que sufre de insomnio y que va a grupos de apoyo simulando problemas que no tiene. Hasta que conoce a un vendedor de jabón muy particular -Brad Pitt- que tiene la teoría, entre varias, de que solo la autodestrucción primitiva hace que la existencia tenga sentido. Los dos fundan entonces un club clandestino de lucha que se vuelve tremendamente exitoso y que destapa en el chico insomne un proceso psicológico muy interesante, con un final memorable.

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Es una película controversial que, con el correr de los años, se fue volviendo de culto por su calidad técnica y artística, por las actuaciones brillantes de Norton y Pitt, y por su trasfondo filosófico y satírico: una crítica al capitalismo, al consumismo, a la religión, a los negocios farmacéuticos; al mundo occidental en general. Para algunos también es una crítica a la masculinidad tóxica y violenta, aunque para otros es en realidad una apología de eso.

Y dentro de todo esto, la banda de sonido es un elemento fundamental. En un principio Fincher pensó en Radiohead para hacerla, pero finalmente los encargados fueron los Dust Brothers, un dúo de productores norteamericanos que ha trabajado con grandes como Beastie Boys, Beck o Rolling Stones.

Los Dust Brothers armaron un soundtrack de trip hop instrumental muy poderoso, a la altura de la poca convencionalidad y la intensidad del filme, y que se vuelve un protagonista fundamental y casi omnipresente, una marca identitaria y uno de los principales responsables de la fuerza de muchas de sus escenas.

«El Club de la Pelea» es filosófica, sensorial, sexual, oscura, violenta y nihilista en gran parte porque su música lo es.