2021 y la magia de los hechos inexplicables

Por Gretel Freidemberg
Arquitecta

Suena música de fondo, mientras una brisa refresca los ambientes de la casa. Afuera llueve.

Acabamos de armar el arbolito de Navidad. En casa siempre se ha mantenido el espíritu navideño, a pesar de no haber sido bautizada ni mantener prácticas religiosas en la familia. Los que conocen la historia, sabrán que mis padres siempre han sido muy singulares y en cuestiones de religión no sería algo diferente. Recuerdo haber tenido conversaciones al respecto… En fin, ellos decidieron que cada una de nosotras fuese libre de adoptar la religión o creencia que más la representara. Hoy sigo buscando aquello que vaya bien con mis creencias, pero la fe no la encuentro, prefiero creer en la magia de los hechos inexplicables que nos acontecen…

Volviendo al principio que, casualmente, es el fin de año y la serie de acontecimientos, en casa hemos armado, tal cual la vieja usanza, el arbolito. Nos han faltado las luces. Es una tradición que este año se renueva y se debe a Irina, mi sobrina. Ella le da sentido a todo aquello que por momentos se va perdiendo con el transcurrir del tiempo.

Martín (Rusca) señaló alguna vez mi tendencia a iniciar mis escritos de modo referencial, asociando el tema que preparo para escribir con “hilos” de hechos cotidianos que me conmueven, que me interpelan y que, espero que a quien los lea, le suceda igual. Esta vez no he preparado un tema en particular, aunque siempre hay diversas cuestiones que me parecen sumamente interesantes para abordar.

Me permito en esta colaboración, última de este año 2021, reflexionar sobre los hechos que como sociedad nos emocionan, nos exhortan, nos convocan a tener un grado de optimismo en esta humanidad. Nos envuelve un espíritu navideño.

2021, Irina cumplió un año; Barbi rindió bien la residencia, duerme poco y ejerce la inmensa labor de ser mamá; Ani entró a trabajar en el Ministerio de Economía de la Nación; Anabella se jubiló y oficia el título de abuela con un inmenso amor; mis amigas esperan a Samu; Mary se fue a Pringles; mi socia comienza a construir su casa; y yo estoy más cerca de encontrarme. La gente que quiero tiene salud y estamos juntos. Any ya no nos acompaña, al igual que Luis, pero de seguro están con papá junto a otros seres queridos discutiendo de política, proyectos y la vida en general. Los extrañamos siempre.

En el devenir de este año y con el comienzo de las publicaciones me planteé estudiar e investigar temas relacionados con la Arquitectura que impliquen reflexionar sobre su rol en este mundo plural donde la velocidad de los acontecimientos sociales, económicos, culturales y la necesidad imperiosa de preservar nuestros recursos naturales demandan una visión comprometida de nuestra profesión. Ha sido sin dudas una experiencia enormemente enriquecedora. Me propuse que los temas abordaran la inclusión de la mujer en la Arquitectura, en la obra, en la sociedad toda, reflejando la búsqueda de equidad en una sociedad dominada durante siglos por el patriarcado y el capitalismo, sistema perverso que se devora a sí mismo consumiendo cada recurso de este planeta con una voracidad desmedida. Enfocar el contenido en aquellas experiencias que pueden demostrar la vulnerabilidad del sistema, que nos permite cuando menos derribar mitos o al menos desestructurar nuestros pensamientos.

Viajé a Kurdistán conociendo la lucha de las mujeres de Rojava y su organización, que ha trascendido fronteras. Ellas nos muestran que es posible un camino distinto, aspirando a la construcción de una nueva sociedad, en la que se rechazan los valores y mecanismos de las sociedades capitalistas y patriarcales, y mantienen una política autónoma de los organismos internacionales como el Banco Mundial y el FMI.

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Recorrí el barrio Constitución de San Rafael, Mendoza, donde se inauguró este año la Casa de las Mujeres y las Disidencias. Mi objetivo fue, entonces, “hacer visible lo invisible”: la labor destacada de autogestión que desarrollaron en equipo para construir el primer módulo denominado “4×4”, adoptando el sistema constructivo MPRA (Módulo Plástico Reutilizable Autoportante), de bajo costo, libre, es decir, sin patente y por tanto apto para ser replicado infinitamente y también sustentable porque reutiliza botellas plásticas. Hermoso proyecto que me permitieron conocer la arquitecta Marcela Ponce junto a Yaye y Daniela Urriche, que busca alternativas de construcción que puedan dar respuesta a muchas mujeres que necesitan arreglar y construir sus casas. Proyectar su futuro, construir presente para ellas, para sus hijos e hijas y para su familia.

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Volé a México, donde se observa que el creciente proceso de reflexión, crítica y problematización de las mujeres se encuentra reflejado en otras organizaciones como el movimiento de mujeres indígenas zapatistas. Las mujeres zapatistas expresan una idea de comunitarismo en defensa de los derechos colectivos no individuales, lo que diferencia este movimiento del denominado feminismo urbano. Permiten identificar la historia mirada desde el tejido, no lineal. Tejer mundos de vida y formas societales diversas, generando nuevas formas de hacer política. La realidad zapatista muestra que es posible un nuevo sistema de gobierno donde miles de personas mandan y los gobiernos obedecen.

La Arquitectura evidencia estos procesos de transformación y se expresa en obras de la arquitecta mexicana Tatiana Bilbao, así como también en otras experiencias que intervienen en el territorio mexicano, como es el caso de las arquitectas Mariana Ordóñez Grajales y Jesica Amescua Carrera, fundadoras de Comunal Taller de Arquitectura.

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Para no perderme en los recorridos, volví a mis orígenes, a la Facultad de Arquitectura de la Universidad de La Plata, y recordé a uno de los profesores que dejó, invariabemente, una huella en mí, el arquitecto Juan Molina y Vedia. Me permito citar sus palabras: “Vivimos en la arquitectura, así es que, hacerla complicada es un defecto de los académicos”.

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Interioricé la búsqueda y me llevó a nuestro pequeño espacio de colaboración semanal “Hábitat Caleidoscópico”. Jugar con las palabras, crear frases, construir pensamientos, al mismo tiempo que deconstruirlos, generar un espacio de intercambio, de diálogo: un espacio proyectual. Resuenan en mi mente la frase “El Convite del Juego” y Katy nos cuenta con una emoción que contagia en qué consiste el proyecto. Explica que el derecho al juego es fundamental para el desarrollo saludable de niñas y niños, para el aprendizaje y la construcción de prácticas de ciudadanía. Reflexiona sobre la necesidad de habitar el espacio y, finalmente… ¡nos invita a jugar! 

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En cada viaje, en cada reflexión, estuvo siempre presente la urgencia de construir un mundo sustentable para nuestras próximas generaciones. En el contexto de la cumbre mundial COP26, que se llevó a cabo a mediados de este noviembre en Escocia, el anuncio de producción Hidrógeno Verde como energía alternativa en la Argentina captó toda mi atención. Gracias al ingeniero Rogelio Di Santo que me permitió desarrollar el tema con profundidad y comprender la necesidad de un cambio radical en la matriz enérgica de nuestro país y del mundo que permita un desarollo sostenible.

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Estos días me encuentran en La Plata, “ciudad de las diagonales”, para el reencuentro con mi familia. Espero seguir compartiendo con ustedes, mis lectores, más viajes apasionantes que nos lleven a reflexionar sobre las grandes transformaciones que nos acontecen, en búsqueda de una sociedad más equitativa y sostenible, desde mi perspectiva de arquitecta, mujer, hija, hermana, tía, amiga.

¡Que el año 2022 nos encuentre con el optimismo de saber que los cambios son procesos muchas veces arduos pero posibles!