Chile: la alegría como resistencia

Por Karla Díaz Martínez
Abogada
Red en Defensa de la Humanidad – Capítulo Chile
Fotos: Javier Godoy

Miles de personas se congregaron en La Alameda de Santiago para celebrar el triunfo de Gabriel Boric. Expresiones de celebración y alegría de un triunfo que sienten propio en un territorio ocupado durante décadas por la tristeza y monotonía neoliberal. En otras ciudades y territorios la misma celebración.

El presidente más joven de la historia, el más votado, la elección de más participación con voto voluntario, son algunos de los récords que deja la jornada. El resultado, que no deja de ser sorpresivo por la amplitud, indica que la clave del triunfo estuvo en ese millón y medio de personas que no votaban y salieron esta vez a apoyar a Boric. Con eso, logró los 4 millones 600 mil votos que consolidaron su llegada a la presidencia.

La campaña para la segunda vuelta se instaló muy fuerte desde una posición antifascista pero con mucha alegría. Se sumaron de forma autoconvocada organizaciones sociales y territoriales, que levantaron acciones autogestionadas y creativas para respaldar a Boric y conseguir nuevos votos. Es por eso que el resultado es leído por las organizaciones como un triunfo autoconstruido y una alegría que se está celebrando, y que emerge como forma de resistencia a las lógicas neoliberales impuestas en Chile, que desde 2019 se resquebrajan de distintas maneras. “No era depresión, era neoliberalismo”, decían las consignas.

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Boric no solo logró aglutinar los votos de otros candidatos de centroizquierda que se presentaron en la primera vuelta, sino que salió favorecido por la participación de quienes no habían votado en la primera vuelta ni habían participado en elecciones anteriores.

La repolitización, el interés por la participación, el empoderamiento en los procesos, la recomposición del tejido social, son algunas de las características que emergen en la sociedad chilena y en las relaciones que se configuran entre los pueblos que habitan Chile: los pueblos originarios y la sociedad chilena.

La apatía instalada durante largos años y el desinterés respecto de la política hoy se cuestiona desde la repolitización, en procesos individuales y colectivos de interés en lo organizativo, de incidencia en sus propios destinos y el devenir social.

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Por otro lado, la participación se incrementa, aún en clave representativa, a través del voto como único mecanismo de la democracia chilena. Hoy se propone un cuestionamiento a la lógica restrictiva de la democracia limitada que delega en técnicos y especialistas la toma de decisiones, y se hace evidente la demanda de apertura de espacios que tributen en una democracia participativa. La Convención Constituyente presenta importantes avances en esa dirección.

Crece el empoderamiento de los pueblos de Chile en los procesos de cambio, que de la presencia en las calles, en las manifestaciones que comenzaron en 2019, pasa a propiciar la continuidad del proceso de transformaciones a través de la elección presidencial, conectando así las demandas de la revuelta popular con la elección presidencial, que parecían dos factores desconectados hasta ahora.

Se hace visible también la recomposición del tejido social, fragmentado violentamente por la dictadura y mantenido en aislamiento durante las últimas décadas, y que se comienza a rearticular en 2019 con la organización social y territorial, la aparición de múltiples y diversos cabildos y asambleas autoconvocadas, que desarrollaron estrategias de solidaridad y comunidad durante los peores momentos de la pandemia. En la campaña para la segunda vuelta, estos espacios organizativos se involucran, se suman de forma autoconvocada, autogestionada y creativamente, propiciando el resultado electoral.

Así también, en clave de politización social, y de forma inédita, organizaciones y vocerías vinculadas a sectores más radicales y críticos a la institucionalidad y a los partidos, movimientos sociales, la primera línea de las manifestaciones y lo que fue la Lista del Pueblo y hoy es Pueblo Constituyente en la Convención Constituyente, así como organizaciones feministas, de disidencias sexuales y de pueblos originarios, con todas las diferencias, llamaron con fuerza a votar por Gabriel Boric.

Estas dinámicas que emergen, en conjunto con las expectativas de cambiar este Chile, se constituyen en un frente de resistencia. Es el cuestionamiento al proyecto neoliberal en clave de alegría.

El camino que se viene está lleno de amenazas y desafíos. Las editoriales y análisis al día siguiente ponen en entredicho el compromiso de ser “el presidente de todos los chilenos y chilenas”, solicitan certezas y señales para la estabilidad de los mercados, a lo que se suma el complejo escenario de un parlamento sin mayoría, los cuestionamientos a la propuesta de ampliación de la democracia y los efectos inmediatos como el alza del dólar.

Los desafíos no son pocos, el primero será poder responder a las expectativas de los pueblos de Chile, de décadas de desigualdad basadas en un sistema difícil de desmantelar. El segundo, mantener de su lado y responder a los sectores diversos que lo respaldaron para la segunda vuelta, aún con todas las diferencias. Así también, definir posiciones como Gobierno en torno a la política exterior hacia Nuestramérica: el respeto al principio de autodeterminación de los pueblos. Y lo que será fundamental, establecer una nueva relación entre poder constituido y poder constituyente, en el trayecto que le queda a la Convención Constituyente, así como el empuje al proceso de transformación social y política, que está abierto y en curso, y que marcará el rumbo de los pueblos de Chile para las décadas que vienen.

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