«El Castillo Blanco», de Orhan Pamuk

Por Naz

La identidad, el doble, la peste.

En esta historia, un joven veneciano es secuestrado por soldados otomanos. Corre el siglo XVII y el protagonista termina como esclavo de una corte donde hay otro hombre, muy parecido a él, a quien llaman el Maestro.

Aunque no parecen reparar en su similitud física, el Maestro busca la manera de apoderarse del protagonista, así que amo y esclavo empiezan a vivir juntos: el primero quiere aprender todo del forastero, absorber sus conocimientos y, con ese poder, tener al sultán en su mano. Pero lo interesante viene después.

Esta obra del premio Nobel Orhan Pamuk fue escrita en 1986 y, sorpresivamente, podría leerse como una alegoría a nuestros días. En un despliegue (casi) excesivo de paralelismos, el Maestro turco y el esclavo occidental se encuentran de frente con la peste, con el reto de erradicar el mal, de entender cómo se mueve un enemigo invisible.

No les voy a contar cómo termina, pero me voló la cabeza poder encontrarme con una historia que empecé leyendo como ajena y anacrónica, y terminé engullendo por su vigencia. En el relato, ligero y fascinante, la tensión entre Oriente y Occidente se muestra encarnada en dos personajes empeñados en conocerse: uno para apropiarse de la sabiduría y el otro para entender las motivaciones de su enemigo.

Lo más bello, creo yo, es ver cómo ante la avaricia, el deseo del poder y la ambición, se imponen la fuerza del relato, las dudas sobre la existencia y la fascinación de confrontarse con la imagen del espejo. Aquella máxima de que el otro también soy yo.

«La ciudad se ahogaba más que por la peste por las medidas adoptadas para combatirla; cada día que pasaba moría menos gente, pero eso era algo que solo sabían los que, como nosotros, estaban al tanto. Surgieron rumores de hambruna. Estambul era como una terrible ciudad abandonada; me lo contaba el Maestro porque yo no salía del barrio: tras todas aquellas ventanas y puertas cerradas podía sentirse la desesperación de la gente que luchaba con la peste esperando entre la muerte y la enfermedad que ocurriera algo».

el castillo blanco