Juicio por el crimen de Nélida Villar: palabras de su hermana durante los alegatos finales

nely (3)

29 de noviembre de 2021

Hace un tiempo que todos hablan de nuestra Nely.

Hablan de una chica muerta al pie de un cerro, hablan de cómo vestía, de su bicicleta, de su cuerpo roto, de los golpes y las puñaladas…

Sus defensores ponen voz a los pedidos de justicia.

Sus amigos y familia aún la lloramos.

Los vecinos se lamentan y se abrazan…

Del otro lado la invisibilizan, la niegan, la llaman puta, en un intento de justificar la brutalidad y la muerte, y muere más veces de las que le han permitido vivir.

¿Alguien se preguntó quién era Nely?

Desde el origen de su nombre, ya había promesas de su vida: Nélida: compasiva. Se preocupa por la justicia y la paz del mundo.

Estaba determinado que iba a luchar, pero no sabía que sería de este modo: su propia paz, ¡Justicia para Nely!

Quizá este hecho sea para todos y todas los que andan por ahí sin lucha y deba contemplar la posibilidad de que su lucha ya sea de todos, quizá tenga el significado por esas miles que no llegan a ser y esas que por no ser se llevan a una mujer cada 23 horas…

Nely era una hija que necesitaba correr a los brazos de su papá, ese que respetuoso daba sentido justo a la vida. El que construyó su carácter con alma fuerte, palabra empeñada, consciencia en los actos.

Necesitaba a mi madre y su fe… la paz de sus palabras, la calma de sus abrazos, la protección que le daba su regazo y el latido de su corazón que la volvía al camino cada vez que corría a refugiarme en su pecho, durante 21 años.

Era la misma Nely que amaba a sus sobrinos. La que decidió tejer la complicidad con lazos que iban amarraditos desde el cordón a las mañas. Que podía dar un huevito de chocolate como premio a la ternura o un paseo que le mostrara lo maravilloso de tener el milagro de la vida.

En sus sueños había canastas llenas de hilo que esperaban la llegada de más sobrinos.

Y también era la Nely hermana… la que se disfrazaba de lo que fuera para ver feliz a sus compañeros de juegos.

Nosotros fuimos la confianza, la fe en ella misma, las que construyeron a esta Nely soñadora y edificadora del camino a esos sueños.

Iba a recibirse, iba a trabajar, viajar, conocer personas, culturas, historias, y todo iba a ayudarme a tejer su propia historia, y le iba a contar a Humberto, que no ve desde sus ojos cómo son las nubes en otros lugares, cómo se ven los ríos cuando corren presurosos o mansos buscando su mar, cómo lucen los pájaros que encierran todos los cielos, todos los paisajes y todos los sueños de libertad.

Iba a volver para construir su casa, una muy grande que pudiera albergar mil sueños.

Iba a tener el amor de un hombre bueno que alimentara sus ganas de volar, pero que también fuera su paz cuando necesitara descansar.

Fue la Nely amiga que no sabía de distancias. Y la Nely que amó y confió sin medida, una y otra vez, en un mismo hombre. O quizá era una presa que nunca pudo escapar de eso que los dos llamaron amor. 

Hoy, cuando vayan a deliberar si merece justicia o no, nos gustaría que pensaran en todas esas Nelys que quería seguir siendo, la que podía haber sido, la que merecía ser.

Piensen en mi papá que murió de tristeza y bronca buscando a quienes le arrebataron los sueños de su hija.

En mi madre, que sigue ahí de pie con su fe y ternura intacta en medio del dolor.

En mis hermanas y hermano, que a pesar del miedo y lo que nos ha tocado vivir con esta muerte, nos encontramos aquí abrazados a su nombre y a la convicción de que quienes matan a tantas Nelys merecen de ustedes el acto que encuentre algo de justicia y paz que decretó su nombre.

Que sepan que lo que hoy van a decidir será el ejemplo de lo que se viene para esos que hacen que otras como ella se vayan con el cuerpo, las alas y el alma rota.

Que piensen en todos esos que elevaron su nombre en pedido de justicia, para que esta historia no sea la de sus hijas, hermanas, esposas, madres, amigas o la suya propia.

Que piensen otra vez en Nely, que creía en un mundo más justo y en guardianes como ustedes, procurando esa justicia de los hombres.

Ella fue todas esas Nelys y una misma… la que está justo ahora en el aire de esta sala, pidiendo que al fin la liberen de tantas muertes con un acto de justicia.

nelida villar