Aromas sanadores: la quintaesencia de las plantas

Por Msc. Miriam Macías
Especialista en Terapias Naturales

No se sabe con exactitud cuando el hombre comenzó a sentir que con los aromas podía calmar sus dolencias. Se estima que fueron los egipcios quienes iniciaron el arte de extraer las esencias de las plantas, calentándolas en recipientes de arcilla y luego los alquimistas griegos  quienes, conservando la fragancia y las propiedades curativas, inventaron la destilación para obtener los aceites esenciales.

La  terapia de los aceites esenciales fue conocida en la antigüedad como la “quintaesencia de las plantas”, con la finalidad de reseñar la importancia que pudo haber tenido en las culturas precedentes.

La técnica sanadora basada en los aceites esenciales involucra de manera directa tanto al olfato como  la piel. Es decir, que además de su olor, cada esencia posee una combinación propia de constituyentes que interactúan directamente con la química corporal, lo cual  le hace ser útil  tanto en el plano físico, como en el emocional y mental.

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Estudios recientes han comprobado la efectividad de determinados aromas para propiciar la relajación luego de un día de tensión en el trabajo o en el hogar, también para recuperar las energías, levantar el estado de ánimo o reestablecer el equilibrio interno.

Los aceites esenciales se pueden utilizar en masajes o en técnicas terapéuticas con enfoque holístico como la meditación o el reiki.

Gracias a la amplia variedad de modos en que pueden utilizarse los aceites esenciales, se adaptan fácilmente a las distintas necesidades y estilos de vida, por lo que, al momento de optar por alguno, debemos  tener claro cuál es el efecto físico y emocional que queremos lograr.

Podemos encontrar aceites esenciales relajantes (lavanda y melisa); afrodisiacos (rosa, jazmín); descongestivos (eucalipto, hierbabuena); revitalizantes (bergamota); para la concentración (limón); para la ansiedad (mandarina, azahar) y otros.

Estos aceites son altamente concentrados, muy volátiles, no grasosos y pueden ser afectados fácilmente por la luz y la temperatura, por lo que deben conservarse en frascos oscuros y en un lugar fresco.

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