De Cisco Ramón al mundo real de las ondas invisibles: EL RUIDO

Por Mariana Bollati
Arquitecta

En el mundo de la ciencia ficción y la magia se han creado personajes con megapoderes capaces de destruir ciudades enteras con solo levantar un brazo, invocar una frase o tocar una flauta. Todo parece imposible hasta que empezamos a estudiar un poco más nuestro mundo real.

En 1984 se crea un superhéroe llamado Cisco Ramón, más conocido como Vibe, que en español se traduciría a Vibra. Cisco tiene el don de generar poderosas ondas vibratorias capaces de romper un muro de hormigón. ¿Creativo? En el año 2020 la Agencia Europea Medioambiental (AEM) constató que existe un villano que podría vencer a Vibe, creado por los humanos, llamado contaminación sonora. Según AEM: El Ruido, a exposición prolongada, puede afectar de distintas formas la salud, produciendo molestias, trastornos del sueño, efectos perjudiciales en los sistemas cardiovascular y metabólico, y deficiencias cognitivas en los niños. El ruido ambiental provoca 48.000 nuevos casos de cardiopatía isquémica al año, así como 12.000 muertes prematuras. También se calcula que 22 millones de personas sufren molestias crónicas importantes y que 6,5 millones de personas padecen alteraciones del sueño graves y crónicas.

En 2013 el superpoder de Cisco Ramón fue resignificado con las teorías de la Física Interdimensional, proponiendo que las ondas sonoras que emitía podían modificar la fuerza de velocidad, lo que lo convirtió en una amenaza indiscutible para Flash y hasta para el planeta Tierra entero, por la inmensa potencia de su poder.

Con el paso del tiempo, las ciudades también han ido aumentando el superpoder de los ruidos. Todos los seres vivos, como las aves que, por ejemplo, alteran sus horarios de comunicación según el ruido ambiente que hay a su alrededor, padecemos cambios ante este tipo de contaminación.

A pesar de que los sonidos están presentes y estamos escuchando las 24 horas del día, conscientes o no, son tan invisibles y aún no tan políticos que los dejamos en el fondo de la lista. Sabemos que los ruidos son causantes de pérdida de la concentración en nuestras tareas diarias, de la memoria y también de los trastornos crónicos del sueño.

¿Pero cuál es el límite entre sonido y ruido? Para entender con más claridad las diferencias entre silencio, sonidos y ruidos nos guiamos con una escala numérica que trabaja en decibeles. Podemos decir que nuestra respiración calma tiene 10dB, una conversación normal ronda los 40dB, un tren provoca 80 dB y una bomba atómica puede generar 200 dB.

La Organización Mundial de la Salud considera 50 dB como límite máximo no perjudicial durante el día, por la noche debe bajar a menos de 30 dB. Es por ello que en un entorno en que se superan los 80dB prolongadamente, se puede llegar a padecer de trastornos psicológicos, asociados a la agresividad, el estrés, entre otros. Y cambios en la frecuencia cardiaca.

La arquitecta mexicana Jimena De Gortari actualmente desarrolla una investigación que lleva el nombre de Diario Sonoro. La propuesta invitaba a reflexionar llenando un librito personal sobre los sonidos de tu alrededor durante la cuarentena. Bajo el hashtag #diariosonoroencuarentena recibió cientos de sonidos de diferentes personas, de distintas partes del mundo. Aún sigue recolectando sonidos y momentos que muchos comparten, haciéndose conscientes de lo que los rodean. En su propuesta ella pedía, por ejemplo, que le enviaran el registro del último sonido que escuchaban antes de dormir. También generó propuestas como dibujar sonidos chiquitos, como un parpadeo, o sonidos grandes, como una ambulancia.

Considerando que el mundo se detuvo bastante en el pico de la pandemia, que Cisco Ramón se tomó vacaciones porque no había villanos que combatir, hubiese sido interesante que cada persona desde su realidad hubiese podido analizar si percibía efectos positivos durante ese tiempo prolongado de silencios, sonidos y menos ruidos. Y si advertía la ausencia de ruidos molestos que posiblemente estaban normalizados.

Retomando el experimento de Jimena, con los datos recolectados fue generando un gráfico con las emociones que producían a las personas que los oían. Dividido en SILENCIO/SONIDO/RUIDO, obtuvo un resultado genérico que le permitió ordenar y corroborar más estos efectos.

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Imaginé diversidad de personas con la cabeza en la almohada, escuchando sonidos de viento, en el mejor de los casos, o el televisor del vecino, los pasos de alguien un piso arriba, el bar de la esquina, el tranvía y, quizás peor, el ronquido de alguien durmiendo al lado. De hecho, un ronquido puede llegar a superar los 60dB, lo que me lleva a pensar una diversidad de cosas sin aparente conexión, la importancia del urbanismo, las normalizaciones de la vida diaria, la ciudad como segunda vivienda, las industrias, los parques, las ventanas, el tránsito, los artefactos que compramos, entre otros.

Esto me deja la inquietud, mitad por diversión mitad por preocupación… Y si nos creyéramos que Vibe es real y tuviésemos que vivir, repensar y proyectar espacios y ciudades para inhibir sus poderes, ¿cómo viviríamos?

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