La fiebre interna y la putrefacción de los alimentos

Por Msc. Miriam Macías
Especialista en Terapias Naturales

La naturaleza ha destinado el estómago e intestinos del ser humano para realizar la digestión de frutas, ensaladas y semillas de árboles en su estado natural. Con estos alimentos, el trabajo del sistema digestivo se realiza sin esfuerzo, en dos horas aproximadamente. Sin embargo, estas mismas sustancias cocidas o asadas prolongan el trabajo a tres o más horas. Asimismo, los alimentos de origen animal con aderezos irritantes y mezclados con bebidas alcohólicas obligan a las mucosas estomacales a forzar su actividad, que se prolonga tres o cuatro veces más de lo normal. Este mayor y prolongado trabajo se traduce en mayor calor, dando origen a la fiebre interna o gastrointestinal.

La fiebre interna favorece la putrefacción de los alimentos y es fuente de venenos que impurifican la sangre, lo que afecta las funciones de los órganos vitales, produciendo diversas patologías.

Por otra parte, las fermentaciones malsanas desarrollan gases tóxicos que penetran a través de los tejidos porosos del cuerpo, de preferencia hacia arriba, afectando con su acción irritante y corrosiva los órganos del pecho, cuello y cabeza. Una vez condensadas estas materias gaseosas en el cerebro o en los órganos respiratorios, producen inflamaciones y dolores locales que erróneamente se atribuyen a la acción microbiana.

La fiebre interna convierte el vientre en un laboratorio de putrefacciones que acidifican la sangre, cargándola de sustancias corrosivas e irritantes, obliga a los órganos encargados de purificar o hacer circular el fluido vital a un incesante trabajo que congestiona, debilita y destruye los tejidos del corazón, hígado, riñones, bazo, venas y arterias. Las afecciones nerviosas son efectos de estos desarreglos crónicos de la digestión.

La digestión puede reestablecer su equilibrio mediante el consumo de una alimentación adecuada y la eliminación. La primera se basará en el consumo de frutas, vegetales, semillas y agua. La segunda debe ser diaria, al amanecer, después del almuerzo y antes de dormir. Normalizando la digestión, se producirá sangre pura y si al mismo tiempo se activan las eliminaciones, se desecharán las impurezas, con lo que se reestablecerá la salud integral.

En este orden de ideas, Lezaeta Acharán expuso: “Aprovechemos los alimentos tal como han sido cocinados por la naturaleza, vitalizados y cargados de energía por acción del sol, cocinero incomparable que comunica vida a cuanto se pone bajo su acción”.