El día que nos arrancaron a Nélida Villar

Por Mayrin Moreno Macías

¿Cuál es el valor que la Justicia le da a la vida de una mujer? ¿Cuál es el valor que la Justicia le da a la familia de una mujer asesinada? Hoy, después de ocho años, de tantas idas y venidas, la familia de Nélida Villar y todo un pueblo se verán las caras de nuevo en Tribunales. Para ellos “es una luz de esperanza, fe”, es la necesidad de impedir que lo injusto siga avanzando, es el derecho a que no prevalezca la impunidad, a que se esclarezcan los hechos, a que se reconozca a los culpables y el delito, y de que haya una sentencia y una reparación.

La jornada comienza este 5 de noviembre y se extenderá durante 11 días entre los Tribunales de San Rafael y Malargüe. El abogado de la familia Villar es Javier Giaroli y el fiscal Pablo Peñasco será quien lleve adelante la acusación. Los acusados son Abel Arnaldo Vázquez Correa y Lucía Carrasco, pareja de Correa. Él está acusado de homicidio agravado por violencia de género y relación de pareja en concurso y, de resultar condenado, la pena es de prisión perpetua. En tanto ella está imputada por homicidio simple y como alternativa homicidio en estado de emoción violenta, por lo que arriesga una pena de 25 años de prisión.

―Un nuevo juicio es la oportunidad que le negaron a Nely cuando mintieron, cuando olvidaron, cuando inventaron, cuando midieron con varas tan selectivas como una falsa moralidad que se golpea el pecho un domingo y gusta salir de chisme y cuchicheo a partir del lunes, una oportunidad que no dieron los medios amarillistas de mostrar que una mujer fue asesinada, porque pagaba más el silencio y el “no te metas”. Hoy las calles nombran a Nely, que florece junto a la primavera y con la misma esperanza de fruto nuevo, de nueva historia para ella, para nosotros y para la ciudad que la vio nacer y partir. Soy Anatilde o simplemente Naty Villar, hermana de la Nely. Hoy tengo 32 años, volví a nacer en medio de tantas muertes y busco, junto a mi familia, amigos y vecinos: Justicia para Nely.

Un día antes

El 6 de mayo de 2013 Naty pasó por la casa familiar y les dijo: “Nos vemos más tarde”. No tuvo tiempo de sentarse a tomar mate y charlar. Un ritual para ella que, aunque ya vivía con su esposo, cada día los pasaba a saludar. Además, su papá, su mamá, sus hermanos: Nely, Gladys, Humberto y Alicia, y su abuelita aún estaban de luto por el fallecimiento de su abuelo, ocurrido el noviembre pasado.

―La unión y el respeto familiar entre nosotros y hacia afuera ha sido primordial siempre y te diría que ley, como también lo ha sido la fe. Parecerá raro que mencione esto, pero jugó un rol importante todos estos años desde el día que nos arrancaron de manera tan violenta a Nely.

 

Mi mundo, mil pedazos

“¿Nely está con vos?”, le preguntaron a Naty por teléfono sus papás. Ella se encontraba en un comercio del centro de la ciudad de Malargüe. Su hermana Nely haría un paseo en bici y regresaría a las 17 horas. A Naty le pareció extraño porque entre ellos existían acuerdos. Si se decía que se regresaba a una hora, se cumplía, y ya Nely tenía una hora de retraso. Habían intentado contactarla, pero su celular sonaba y se cortaba, luego sonaba y entraba la casilla de mensajes hasta que cayó directo la casilla.

―Cuando se es familiero y no se tiene tanta vida social, uno tiene más temores. Pensábamos en un accidente en la bici nueva, en que algo hubiese pasado en el camino, en que quizá había subido al cerro y se había caído y se encontraba accidentada y sin posibilidad de comunicarse, en que un desperfecto de la bici la hubiese demorado y en todos ellos el pensamiento permanente de “No debe haber buena señal”, “se quedó sin batería en su teléfono”, pero siempre con una explicación lógica en nuestros pensamientos de habitante de pueblo bastante seguro y tranquilo. Y aun cuando se nos cruzaba la idea loca de un robo o intento de robo, el pensamiento fue que íbamos a encontrarla viva. Nunca, en ningún momento, ni con el paso de las horas, se nos hubiese siquiera ocurrido pensar a una Nely muerta. Nos enteramos tarde, pasada la medianoche, y no por alguna autoridad de las que se habían unido a la búsqueda cuando hicimos la denuncia… Alguien llamó a mi marido que salió de casa apurado. Cuando volvió, traía la mala noticia que derrumbaría nuestro mundo por completo.

Naty y su familia jamás habían pisado una comisaría. No conocían la Seccional 24 hasta ese 7 de mayo de 2013. Eso significó un quiebre en la vida de todos. Un silencio áspero y perturbador.

―Primero fue la incredulidad, luego el dolor que atraviesa y pregunta ¿por qué?, luego el enojo, luego todo junto y el no saber qué hacer. Mirar a mi alrededor era ver lo mismo en todos lados… Mi padre desgarrado, mi hermano que nunca lloraba era un mar de lágrimas, completamente derrumbado… Mi madre, mis hermanas, todo mi mundo era un espejo de cada uno de mis sentimientos, de lo revolucionado de mi cabeza y mi alma que se rompía en mil pedazos y se reconstruía de a ratitos para intentar despertar de la pesadilla… A Nely la habían matado.

Ni por un instante la cabeza de Naty tuvo reposo. Intentaba razonar y no podía parar de cuestionarse: ¿Quién? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué? ¿Qué hay que hacer ahora? ¿Qué sigue? ¿Cómo se sigue? ¿Sufrió? ¿Habrá intentado llamarnos?

―Conociéndola, seguramente habrá pedido por mi madre, mi padre o alguna de nosotras, sus lugares seguros. Conociendo luego, de a poco, lo que encontraron, sé que ella sufrió, sé que no lo esperaba, sé que no se fue en paz, sé que era un lugar lejano y difícil para escapar y pedir ayuda, sé que no la hubiesen encontrado… Aunque me hice varias veces la fantasía de que, quizá, alguien habría podido ayudarla de alguna manera, pero nadie le dio opción a ella o a sus posibles héroes… Fueron rápidos, salvajes, certeros. También sé que no lo merecía, que nadie merece morir así.

El cuerpo de Nely permaneció tirado al pie del cerro Ceferino, a la espera de un juez que no llegó. Naty mira hacia atrás y recuerda que lo siguiente fue una necropsia con fallas de procedimientos, un velorio con hipocresías, un acariciar a una Nely a la que no le había dicho lo que la necesitaba, lo que agradecía que fuera parte de su vida, lo orgullosa que estaba de ella, lo mucho que la amaba. Un cuerpo inerte y un por siempre jamás.

―Han pasado un juicio, falsos testimonios, pruebas perdidas, pruebas no valoradas, pistas, embrollos, caminos sin salida, salidas sin caminos, verdades, mentiras, aberraciones, fabulaciones, encubrimientos, dioses, demonios, nueva imputación, absolución, nulidad… Calvario. En medio de todo esto, llegaron nuevas vidas y mi padre pierde la suya por un cáncer que le impide seguir la lucha en búsqueda de justicia para su niña.

Enojos y reencuentros

La fe y la creencia en Dios son pilares en la familia Villar. Sin embargo, Naty sintió ira. Por un tiempo el dogma se tambaleó. No fue que su hermana había desaparecido y se la habían llevado por arte de magia, había sido asesinada. Más tarde, con la enfermedad de su padre, halló consuelo y recuperó la confianza en sus convicciones religiosas. “Laureano, mi padre, luchó hasta el final. Soñó con la justicia justa de los hombres y de Dios. Nos siguió inculcando la fe, el respeto, el no juzgar porque para eso había leyes terrenales y celestiales. Se fue sin ver ninguna de ellas, pero confiando plenamente en que ambas iban a llegar o, al menos, Dios iba a saber qué hacer. Dios siempre iba a ser la respuesta. Melania, mi madre, tomó la posta en la importantísima tarea de mantener la fe”.

―Ese Dios en el que siempre había creído, al que siempre había obedecido, el que prometía amor y gloria a quienes le amaban y respetaban, me había fallado, nos había fallado, había permitido que se llevaran la vida de mi hermana como si nada. ¿Que se la llevaran, me dije? No, no se la llevaron. Algo que se lleva se puede volver a traer, pero Nely, MI NELY, estaba muerta, asesinada. Eso también resuena en mi cabeza hasta hoy, eso también duele en el alma, eso también cambia vidas.

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El colectivo Justicia por Nely

En Malargüe la sororidad es un vínculo. Desde 2018 opera un Foro de Mujeres, un espacio en el que participan distintas organizaciones e independientes. Así que ha pedido del acompañamiento para la familia Villar, formaron el colectivo Justicia por Nely, con el compromiso de visibilizar y que el Poder Judicial entienda que hay un pedido de la sociedad por esclarecer el femicidio de Nely. En él participan sus hermanas, primas, allegados y vecinos.

―El pedido de Justicia es que se puedan esclarecer los hechos y que haya una sentencia del Poder Judicial acorde a la perspectiva de género, que no quede otro femicidio impune y que se repare a la familia. Queremos que el nombre de Nely sea asociado a un hecho que quede claro, que se reconozca a los culpables y si fue femicidio u homicidio y que no quede en un rumor. La sociedad debe comprender que la matriz que sustenta la violencia de género no es un hecho de un día ni de un momento, son tramas, relatos, que vienen de años y son sustentados por una cultura patriarcal, por una cultura conservadora que pone a la mujer en un lugar de culpable, de víctima ―dice Vanessa Bouille, integrante del colectivo.

También afirma que la familia debe sentir que obtiene justicia, que va más allá de la sentencia, que es importante, y del sentimiento de reparación. En ese primer juicio cuya sentencia fue por el beneficio de la duda, las idas y vueltas de los procedimientos, y hoy tener que volver a escuchar todo en el nuevo juicio es un proceso difícil.

―Ahí hay una situación de violencia institucional del Estado hacia la familia, no solo por la situación de femicidio, sino por el tránsito de todas esas situaciones en las que el Estado ha tenido responsabilidad: la mala investigación, la mala valoración de las pruebas, situaciones que se reiteran en varios casos de femicidios. Hace casi un año se hizo el juicio por Paula Toledo, después de 17 años de impunidad. Vemos que es un modus operandi que tenemos que revertir.

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