Martínez y Komiseroff: un cuentista, una novelista, la urgencia de lo íntimo y una hermosa mentira

Por Mayrin Moreno Macías

El escritor viaja en el colectivo naranja. Mira por la ventana. Su brazo derecho reposa en su pecho. Extraña su bici, recorrer la ciudad, perderse. Desafió la gravedad y se le dislocó el hombro. A pesar de ese incomprensible episodio, sonríe. Anda rozagante porque junto a la escritora y entrañable amiga Mariana Komiseroff impartirán el taller “Memoria y autobiografía como motores de la ficción. La urgencia de lo íntimo”, de manera presencial y virtual  durante seis encuentros cada sábado del 6 de noviembre al 10 de diciembre en el Instituto Profesorado de Arte (IPA).

―Mariana es la escritora que conozco que más admiro, viene de publicar en Emece ‘Una nena muy blanca’, de participar en la Feria del Libro de Frankfurt, de reeditar su primera novela en Uruguay y, además de todo eso, es mi amiga y ¡damos un taller juntxs! Yo me siento orgulloso. Vengo de ganar una mención en el Concurso Internacional Abelardo Castillo entre 3 mil cuentos de 27 países y, sin embargo, me sigue alegrando mucho cada vez que Mariana me dice que le gusta un cuento o una frase mía y quiero que otrxs que escriben tengan esa misma oportunidad ―expresa Marcos Martínez.

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―Un cuentista y una novelista… ¿Qué enseñarán?

―Más que enseñar, vamos a compartir algunas cosas que nos ayudan, algunas lecturas que nos parecen interesantes… En realidad, el plural es una mentira, Mariana intentará dar el taller que da hace años y que ha impulsado carreras literarias y yo la interrumpiré, me meteré… Las ideas son suyas, las lecturas, los ejercicios. Yo tengo desarrollada la escucha en relación a cosas que trabajo en el aula con mis alumnxs del IPA. Creo que la pedagogía es escuchar, lo demás es puro cuento. Vamos a enseñar algunos consejos para convertirte en tu propio maestrx como narradorx y dramaturgx.

―¿Cómo describes “la urgencia de lo íntimo”?

―Es reconocer esa pulsión de querer saldar cuentas con la vida a través de la literatura. No puedo viajar en el tiempo, ni deshacer lo que hice, pero puedo escribir una buena novela o un buen cuento sobre viajes en el tiempo, por ejemplo.

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Una fiera o un pájaro

Para Marcos, escritor, dramaturgo, docente, «ex-céntrico» y a quien un intendente en 2012 lo llamó insolente pero no lo tomó como un insulto porque le gusta esa característica, la idea “Tener una historia para contar” es algo que cada quien tiene que resolver. Explica que en el fondo siempre estamos preguntándonos por la condición humana. Además, últimamente está haciendo ciencia ficción y no parte de la Teoría de las Cuerdas, sino de preguntas como ¿qué hubiera pasado sí? “Todxs tenemos ese tipo de preguntas, todxs tenemos historias por contar”.

―¿Hay una exigencia de conmover al otro? ¿Es importante para quien escribe? ¿Cuál es la función de un escritor?

―Yo no escribo para complacer a nadie. Si necesito ser leído, si pienso en lectores particulares: dos, tres, cuatro. Pero no pienso en hacerlo para ellxs. Lo hago para mí, como un acto íntimo, privado. Busco escribir lo que me gustaría leer y a veces, pocas, me sale. La función del arte es algo que cada unx completa según sus propios parámetros, para mí tiene que ver con la transformación, con el cuestionamiento. Yo no escribo porque sé, escribo porque me gusta preguntarme cosas y las resuelvo en el terreno de la literatura, esa hermosa mentira.

―Cuéntame un poco del imaginario de ambos. ¿Apuestan a crear mundos inesperados? ¿Cómo se conocieron y cómo mantienen la amistad desde lo creativo y familiar?

―Esperamos de todo, pero a su vez sabemos que esto es un aporte en un proceso más grande y en un trabajo de hormiga. Esperamos lo que sucederá y es lo mejor que podemos esperar. De Mariana me gusta su ironía e indolencia, su mordacidad. Su inteligencia es bestial, tanto así que puede ser una fiera o un pájaro. Nos conocimos en Buenos Aires, en el Centro Cultural Recoleta, en 2017. Primero en la Enciende Bienal, después en la Bienal de Arte Joven y más tarde en el Encuentro con el Odín Teatro. Yo colonicé todo un sector de un mesón y ella vino a sentarse justo en ese lugar, creo que como provocación: “Mirá como lo jodo al varón con síndrome de conquistador de espacios”, debe haber pensado. Yo me disculpé y junté mis cosas. Ese fue el principio de nuestra amistad, después vinieron los consejos literarios, amorosos…

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