Cristina Vispo Schneider fluye entre los colores y las formas

Por Mayrin Moreno Macías

Una pelusa rompió el hielo.

―Hay muchas cosas volando por el viento, yo sé lo que es eso ―dice Cristina Vispo. Y llevó té y galletitas a la mesa. A los 70 años, su sonrisa aún tiene latir de bombo.

Al inicio de la cuarentena y en medio de la incertidumbre estuvo alejada de sus nietos e hijos. Durante esos días grises la pintura fue su mejor aliada. Por las tardes se escapaba al taller. Le decía a su esposo: «Por esto no me van a meter presa». Recuerda que las calles parecían una escena surrealista, sin un alma… Desolación total.

Desde niña Cristina tuvo la vocación de hacer diez mil cosas. Todo le gustaba. Le incomoda la quietud. Por eso estudió Arquitectura. Para ella tiene un poco de todo: matemática, arte, sociedad… Y aunque, como ella misma expresa, no es Le Corbusier, en su vida ha atesorado otros afectos: la geometría, la pintura, la escritura, la docencia, el Centro Polivalente de Arte, la astrología, su familia y los Beatles.

―No eran un grupo más. Fueron revolucionarios en muchas cosas, musicalmente, en la vestimenta. Utilizaron el color rosa, eso era un tabú para aquella época, que un hombre vistiera una camisa rosa, unas botas. Mi LP favorito es «Revólver»; la película «Submarino Amarillo» es una genialidad; «Yeah Yeah Yeah», una obra de arte; «Socorro», divertida…

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El camino a la pintura geométrica

En una de las paredes del taller cuelga una explosión de colores. Es su primer cuadro hecho con la técnica de manchas. También los hay geométricos, algunos en caballete esperando unas capas de pinturas y otros asomando entre los estantes.

Pintar para Cristina es no pensar en nada. Ella solo se concentra y fluye entre los colores y las formas. Siente que entra en una dimensión paralela. Le encanta jugar con las escalas. Tiene escalas de azules, verdes, amarillos, grises, naranjas y rojos. Para ella, preparar los colores también es pintar. Además, en todas sus obras usa de soporte la madera. A la primera mano de pintura ya se aprecia el esplendor de la obra; ella aplica dos manos más y un barniz.

Un elemento con el que tiene fijación Cristina es una especie de pacman. Eso le da la posibilidad de jugar con el movimiento, los fondos. Con su mano poderosa señaló una pintura en la que la trama partió del cuadrado, luego hizo un círculo y después le quitó una porción. Dirigió el índice hacia otro cuadro en el que usó cuadraditos, también como pacman, pero en forma de rombo. También tiene mandalas hechos con pacman, otros con símbolos de culturas precolombinas y del mundo, algunas maoríes, hasta que hizo del arte geométrico su religión.

―Hay gente que me pregunta por qué hago pintura geométrica. Y la verdad es que me lleva a un universo que no tiene que ver con lo real. Me saca de los problemas. La realidad es muy fuerte para mí.

Cristina creció en medio de un gobierno de facto. Estudió en los 70. Recuerda que era una situación triste. Veía venir el golpe militar. Al graduarse en el 75 decide regresar a San Rafael. Había varios arquitectos y una situación laboral compleja. Empezó a dar clases en una escuela técnica, donde estuvo una década; luego vino la catarata de hijitos y al tiempo, mientras los niños crecían, empezó a dar clases en escuelas artísticas y se dedicó por completo a la docencia.

―En la época de Menem tuvimos que luchar bastante, porque hubo un ataque a la escuela estatal y pública. Logramos que el Centro Polivalente de Arte conservara su orientación. Era una escuela de vanguardia. Había cinco especialidades y después se creó el IPA para formar profesores. Empecé en Artes Visuales y luego me dieron más horas y responsabilidades. Me jubilé en 2010 como docente y regente académica.

¿Y ahora?

Esa fue la pregunta que se hizo al pasar de muchas responsabilidades a mucho tiempo libre. Fue entonces cuando decidió estudiar Dramaturgia y asistió a un taller de pintura de una de sus estudiantes, Fabiana Prieto, ahora colega. Cristina no había pintado salvo cuando hacía algunas perspectivas en Arquitectura. La sorpresa fue que le encantó. Hicieron una primera exposición, «Puzzle» (2013) y otra de mandalas (2015).

―¿Qué nos ofrecen los mandalas?

―Son un tipo de representación muy arcaica. Un símbolo que va unido a la humanidad: el círculo. Jung dice que hay tres símbolos que son básicos y arquetípicos: el círculo, la piedra y el animal. Tres elementos que siempre vamos a encontrar en las culturas indígenas, hoy día está más revuelto, pero lo seguimos encontrando en sectores. Jung empieza a estudiar el círculo, que según él tiene que ver con el completamiento y con el yo, además de ser terapéutico. Está presente, por ejemplo, en algunos lugares de culto como Stonehenge, en un montón de miradores o lugares astronómicos que tenían los mayas, los incas, los egipcios, y en muchas construcciones y representaciones.

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Más tarde Cristina le siguió los pasos a la Astrología. Estudió con el profesor Manuel Quiles. Le atrajo todo lo que tenía que ver con la psicología de los signos, mas no la parte predictiva. Un día el profe les pidió que hicieran una representación de los opuestos, hizo unos dibujos y después la entusiasmó a seguir con una estampa más completa. Tomó como base la carta natal y del libro del profe las características materiales de los signos y los aspectos posibles de ser representados, que tienen que ver con los elementos agua, fuego, aire y tierra. Se salió de lo común (tauro- toro; cáncer- cangrejo) y después de dos años nació la muestra «Signos» (2017).

―Por ejemplo, Leo es el signo del yo, el rey, es fuego, el ojo que mira a sí mismo en función de cómo se presenta ante el mundo. Y Acuario es un signo de aire que empieza a tener una idea de la humanidad, de los opuestos, por eso el día y la noche, la ciudad como un conglomerado de muchas cosas. Aries es el amanecer, el comienzo, la iniciativa, donde empieza la acción, y Libra el atardecer, tiene la idea de conciliar, de armonía. Capricornio es la tierra ya cristalizada, el orden, la organización, tiene que ver más con el planeamiento de las cosas, no es tan espontáneo, y Cáncer es de agua, su regente es la Luna y tiene que ver con la familia, la casa, lo individual, los sentimientos, la autoestima…

Esta serie es poesía visual. Las obras las pueden apreciar en su cuenta de Instagram: @cristinavisposchneider. Hace poco una chica le escribió: «Puedo usar Piscis para una agenda», y ella le dijo: «Sí, como no, mientras me citen, no hay problema».

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