Feria del Libro de Mendoza: este domingo presentan «Ensayos Misceláneos» de Federico Mare

Este domingo 31 de octubre, a la hora 20, en la Sala Mayor de La Enoteca (Peltier 611 de Ciudad), se presentará el segundo libro del escritor e historiador Federico Mare, Ensayos Misceláneos. Se trata de una coedición de El Amante Universal –emprendimiento editorial de Daniel Barraco– y Ediciones Culturales de Mendoza.

Ensayos Misceláneos es una colección de veinte ensayos, de temática muy variada: historia, filosofía, periodismo, arte, literatura, sociología, antropología, política, educación, fútbol, geografía, etc. El autor señala que “la edición está hecha con sumo esmero artesanal: tapa dura, encuadernación en tela, con cuño seco e ilustración pegada en relieve, más cinta señaladora”. El libro tuvo una exitosa preventa con el objetivo de recaudar fondos para la edición, por lo cual es posible presentarlo en el marco de esta nueva edición de la Feria Internacional del Libro de Mendoza.

La presentación estará guiada por la escritora Viviana Hidalgo, quien dialogará con el autor y el editor sobre distintos aspectos de la obra. La entrada es libre y gratuita, aunque habrá un aforo debido a la situación de pandemia.

 


ACERCA DEL AUTOR

Federico Mare es historiador, ensayista, docente y divulgador. Nació en Buenos Aires en 1977, pero reside en Mendoza desde 2002. Comenzó sus estudios universitarios en la UBA y egresó de la carrera de Historia en la UNCuyo.

Ha publicado numerosos ensayos, artículos, reseñas y columnas de opinión en diferentes revistas, periódicos y medios digitales de Mendoza, Argentina y el extranjero: La Quinta Pata, Ophelia, Jacobin, Kilómetro Cero, Europa Laica, Rebelión, Sin Permiso, Políticas de la Memoria, La Izquierda Diario, Herramienta, La Haine, MDZ, Unidiversidad, Poslodocosmo, Panero, Trifulca, Viento del Sur y Contrahegemonía, entre otros. Las temáticas y disciplinas que aborda en su escritura ensayística son variadas: historia, literatura, arte, filosofía, epistemología, divulgación científica, actualidad política, laicismo, ateísmo, librepensamiento…

Es autor del libro El éxodo galés a la Patagonia: orígenes, trasfondo histórico y singularidad cultural de Y Wladfa (Ediunc, 2019), un ensayo y crónica sobre la historia de la inmigración galesa en Chubut. Ha participado también de obras colectivas, como Trelew: una ardiente memoria (Bs. As., La Llamarada, 2015), compilada por Vicente Zito Lema; Luchas sociales, justicia contextual y dignidad de los pueblos (Santiago de Chile, Ariadna, 2020), prologada por Ricardo Salas; La fiebre: pensamiento contemporáneo en tiempos de pandemias (ASPO, 2020), editada por Pablo Amadeo; y Covid-19: la respuesta autoritaria y la estrategia del miedo, de Paz Francés, José R. Loayssa y Ariel Petruccelli (Alicante, España, Ediciones El Salmón, 2021).

Desde hace varios años, coordina en Facebook el grupo de divulgación histórica Acertijos de Clío. Otra de sus iniciativas de divulgación histórica son las Tertulias de Literatura e Historia. Dicta, asimismo, el Taller de Historia a Distancia los martes y sábados, dentro del cual viene desarrollando el ciclo “Vorágine: utopía, protesta y rebelión”.

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Prólogo

La ensayística, que supo tener sus tiempos de esplendor, es hoy un género literario cada vez menos cultivado y más infravalorado, casi en vías de extinción. Por un lado, quienes escriben con inquietudes artísticas, se decantan por la poesía, el cuento, la novela, el teatro y la crónica, desentendiéndose de la argumentación analítica –o reflexiva– más compleja y profunda, aquello que en la antigua Grecia se llamaba dialéctica. Por otro lado, quienes escriben con inquietudes intelectuales, optan por formatos académicos convencionales como la monografía, el paper, la ponencia y la reseña, textos sin vuelo estético ni retórico y –por lo general– sin afán de intervención pública polémica en los temas candentes de la sociedad y la política, con niveles de fragmentación y descriptivismo cada vez más extremos. Nada ilustra mejor la crisis actual del ensayo que su ausencia como rubro específico en casi todos los certámenes literarios.

Este libro que edita El Amante Universal nada a contracorriente de esta tendencia, sin vergüenza ni culpa, y acaso con una pizca de provocación y orgullo. ¿Mérito o defecto? El veredicto queda en manos del público lector, como debe ser. En lo que a mí concierne, me limito a constatar que esta obra, para bien o para mal, se inscribe en el género del ensayo, en el sentido estricto y primigenio de la palabra (un sentido que muchas personas parecen haber olvidado, o considerar un tecnicismo superfluo y anacrónico).

Pero no se trata, esta vez, de un solo ensayo de largo aliento, como El éxodo galés a la Patagonia (EDIUNC, 2019), sino de una «antología» de ensayos cortos. Cuando hablo de «antología», no sugiero que los 16 textos aquí reunidos sean los mejores que he escrito –de ahí el entrecomillado–. Varios de ellos tal vez merezcan esa calificación, otros quizás no… Materia extremadamente discutible, como siempre lo son los juicios de valor estéticos, tan subjetivos. Lo que en realidad quiero decir, sincerar, es otra cosa: que estos Ensayos misceláneos son el resultado de una selección, y si bien la selección obedeció a múltiples criterios (por ejemplo, el de brevedad o concisión, en virtud del cual muchas prosas ensayísticas más extensas deberán esperar otro libro), mentiría si no reconociera que uno de esos criterios fue el de incluir aquellos ensayos que, por distintas razones, el editor y yo consideramos que valían la pena ser compilados y publicados.

«Antología» de ensayos cortos, sí. Aunque muy variada en sus tópicos: historia, filosofía, periodismo, arte, literatura, sociología, antropología, política, educación, fútbol, geografía… Por eso la obra se titula Ensayos misceláneos. De hecho, bien pudo haberse llamado Miscelánea. Esta diversidad temática no es casual. Editor y autor así lo acordamos, tras evaluar distintas opciones de recopilación. Nos pareció que era una buena idea que la obra fuera como un pequeño mosaico, un muestrario en miniatura que reflejara la amplitud y multiplicidad de mis inquietudes intelectuales, sin tampoco solaparse con el contenido de mis otros libros, ya editados o a editarse en el futuro.

La etimología latina del término «miscelánea» no encierra mayores secretos ni sutilezas semánticas: el adjetivo miscellaneus-a, que proviene del verbo miscere, «mezclar». Miscellaneus-a significa, pues, «mezclado/a». Ya en la antigua Roma el adjetivo femenino se sustantivó: miscellanea (mezcolanza) pasó a designar también una burda comida que –según cuenta Juvenal en sus Sátiras– se les servía con demasiada frecuencia a los gladiadores, preparada con las sobras del día anterior. Vale decir, una especie de popurrí barato para la esclavatura infortunada que debía combatir a muerte en el Coliseo y otros anfiteatros. En el ámbito de la latinidad culta, el sustantivo miscellanea adquirió luego un sentido figurado: obra escrita de temática heterogénea.

Si bien el género literario de la miscelánea ya tuvo cultores en la Antigüedad clásica y la Edad Media, fue en los siglos XV y XVI cuando alcanzó su consagración definitiva, de la mano de una camada de autores excepcionalmente curiosos, eruditos y polifacéticos –los célebres uomini universali u «hombres universales» del Renacimiento– que hicieron de la polimatía uno de sus grandes ideales humanistas, como los italianos Leonardo da Vinci y Galileo Galilei. Fue en esa época, asimismo, cuando empezaron a proliferar las polianteas, una variante más culterana, compendiosa, sistemática y didáctica de la miscelánea, preferentemente escritas en latín.

Otro genio polímata del Renacimiento fue Michel de Montaigne, el autor de los famosos Essais, el fundador de la ensayística moderna. Este literato francés supo darle a la miscelánea renacentista más densidad intelectual, una mayor agudeza analítica y hondura reflexiva. Y algo más: cierto espíritu crítico, cierta vocación polémica, cierto compromiso político. Montaigne trascendió la miscelánea sabihonda, puramente descriptiva o informativa. Inauguró el ensayo stricto sensu, género donde la filosofía –hasta entonces recluida en una tratadística docta y árida, carente de amenidad, sin esmero estético– y la literatura –largamente dominada por el relato y la poesía– se encontraron por fin, en una sinergia que habría de cambiar para siempre la cultura letrada de la civilización occidental.

El siglo XVIII supuso una nueva edad de oro para la miscelánea, cuando los philosophes de las Luces (Montesquieu, Voltaire, Rousseau, etc.) aprovecharon al máximo sus potencialidades, como buenos ensayistas que eran. El librepensamiento ilustrado renovó completamente la polimatía moderna, llevándola a otro nivel: el enciclopedismo. La Encyclopédie ou

Dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers (1751-72), de Diderot y D’Alembert, combinó el saber generalista con la racionalidad crítica y militante. La suya era ya una erudición razonada, no meramente acumulativa. Estamos en presencia de un humanismo más incisivo, que describe o informa, pero que también explica y juzga: racionalismo con parresía.

El romanticismo tardodieciochesco y decimonónico nutrió a la ensayística con la savia de su subjetividad yoica a flor de piel y su intensa sensibilidad pasional: en Alemania, Herder y Nietzsche; en Francia, Madame de Staël y Ernest Renan; En Inglaterra, Burke y Carlyle… Pero no hay que quedarse en Europa para encontrar ejemplos notables. Nuestra América Latina tuvo un gran ensayista romántico, polímata y parresiasta como pocos: Domingo Faustino Sarmiento. Su Facundo o civilización y barbarie en las pampas argentinas (1845) es, más allá de sus muy discutibles premisas ideológicas e intenciones políticas, una obra cumbre de la ensayística hispanoamericana.

En los siglos XIX y XX, el socialismo también supo renovar la ensayística con su conciencia social y su crítica política: Marx, Bakunin, Trotski, Landauer, Rosa Luxemburgo, Walter Benjamin, Sartre, Camus, Gramsci, Puente Ojea… Barrett y Mariátegui en Hispanoamérica… Silvio Frondizi y León Rozitchner en Argentina… Benito Marianetti en Mendoza… Ya estamos en nuestra contemporaneidad, así que no es preciso completar el inventario, excesivo para un prólogo.

De toda esta tradición ensayística multisecular se alimentan las páginas del presente libro. Harina de otro costal es qué tanto la honran, si es que la honran. Baste aquí con testimoniar la inmensa deuda que me ata a mis predecesores, deuda que es literaria e intelectual a la vez, y que asumo con satisfacción y gratitud.

Pero en definitiva, ¿no hay nada que le confiera unidad a estos Ensayos misceláneos, fuera de su común autoría individual? Sí lo hay, a mi entender: un modo peculiar de concebir y practicar la ensayística, donde el oficio literario, la curiosidad intelectual, las humanidades, el racionalismo crítico, la parresía urgente de izquierda y la vieja tradición renacentista e ilustrada de la polimatía se dan la mano, en una búsqueda que tiene como horizonte tres ideales muy antiguos, pero aún llenos de potencia y fecundidad: la verdad, la belleza y la justicia.

Por Federico Mare