Por un Segundo Renacimiento

Por Juan Pablo Carballo
Profesor de Lengua y Literatura

Yo no sé qué se debe hacer con la efeméride del 12 de octubre, si renombrarla, olvidarla, recordarla como un evento fatídico. Pero más importante me parece reconocer que esa edad moderna que empezó en el siglo XV con el Renacimiento y que no dejó de profundizarse hasta nuestros días, encuentra ya su callejón sin salida. Y tal como en su momento fue rescatada de las tinieblas la cultura de la antigüedad grecorromana que había sido reducida a superchería por el cristianismo medieval, así también hoy precisamos redescubrir la cultura de los pueblos originarios y comenzar una nueva edad en occidente.

Al igual que en el primero, este Segundo Renacimiento sería una síntesis, una reconceptualización, y no la imposible restauración de un estado de cosas antiguo como si nada hubiera pasado.

El capitalismo global nos ha conducido hasta una crisis civilizatoria. Este sistema de pensamiento monstruoso no nos deja espacio para imaginar alternativas. Todo lo incorpora y lo transforma en lucro. Desde el más pequeño hasta el más grande no nos queda más que pensar en cómo conseguir dinero, mientras una espada de Damocles nos roza la cabeza.
El Segundo Renacimiento implicaría el abandono del antropocentrismo y el reconocimiento de los derechos de la naturaleza. Conllevaría la reconexión directa y no mediada con la naturaleza, el desarrollo de la permacultura, la construcción sustentable, la celebración de los solsticios, el compromiso con los bienes comunes. Se propondría resucitar la pequeña comunidad por encima de las corporaciones y los Estados nacionales, que son fundamentalmente instituciones neocoloniales.

El Segundo Renacimiento pondría en primer lugar la práctica artística y el trabajo artesano, no como actividad productiva, narcisista y mercantil, sino como forma de vida que rompe con la conducta alienada. Sería una reivindicación del goce, de la vida y del conocimiento, frente a la oscuridad de la distopía que nos amenaza constantemente. A la tristeza del desempleo y la catástrofe ambiental, opondríamos la sabiduría del Buen Vivir, la alimentación saludable, la reducción de la jornada laboral y del frenesí consumista, la utilización de la industria al servicio de la humanidad y no viceversa. Sería también el redescubrimiento de la belleza física de la especie humana, en toda su diversidad y extensión, hoy reducida a estereotipo de plástico, pálido y macilento.

El Segundo Renacimiento debería ser, fundamentalmente, alegría de vivir, de redescubrir que el capitalismo no existió siempre y no tiene por qué seguir existiendo. Materialmente está ahí, ciertamente, contaminando todas nuestras relaciones sociales, como el mundo medieval persistía mientras Miguel Ángel esculpía el David. Sin embargo, ya una explosión cultural hacía chirriar la superestructura y ya los cuerpos flotaban tridimensionales, ya cualquiera leía la Biblia en lengua vernácula, ya el mundo se volvía redondo y giraba alrededor del Sol.
Que comience, pues, la nueva era. Ya no hay más vida que perder.