El progreso es aprender: entrevista a una arquitecta argentina en Irlanda

Por Martín Rusca
Arquitecto

«La casa de las tres palmeras»: así llamaba yo a una vivienda sobre Deán Funes, una casa italianizante, integrada al paisaje moldeado por los pioneros de nuestro oasis. El tiempo la fue matando despacio y la semana pasada descubrí que ya no estaba. Aún puedo verla en mis dibujos o por Street view, y eso hace que sea más triste todavía. No es necesario que me ponga a enumerar la cantidad de casas, bodegas, almacenes y hasta hospitales que han sido demolidos sin cuestionamientos en nuestra ciudad. Pienso en cómo podemos construir nuestra identidad como sociedad si muchos de los pilares que la fundaban están extintos o en proceso de extinción. Me frustro y pienso que por ahí me equivoco, que hay que mirar para adelante solamente, pero no puedo, me resulta estéril una vida sin la experiencia del pasado.

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En medio de este proceso de bronca y tristeza, una excompañera de la Facultad, a quien no veo hace por lo menos 12 años, publica por Instagram una historia referida al patrimonio que me saca del mambo autocompadeciente en el que me encuentro. Retomo contacto y conozco su historia. Lo que descubro me alegra la semana. Hoy voy a aprender con ustedes de su experiencia trabajando en construcciones históricas de Irlanda.

A Gissela Renolfi, «la Gi», la conocí por el año 2004. Recuerdo su sonrisa y energía, pero no que fuera tan apasionada por la historia como me demuestran los audios en los que me cuenta de su trabajo diario. Egresada de la FAUDI UNCórdoba allá por 2012, su proyecto de tesis fue el “Patrimonio Intangible de San Vicente”, un estudio acerca de las formas de construir espacio y tiempo, de lo atemporal y efímero, por lo que sin saberlo, ya iba perfilando su futuro.

Me cuenta que trabaja en un estudio donde están armando, cual rompecabezas, un invernadero construido hace 200 años, buscando las piezas desperdigadas en varios graneros de una finca e intentando entender dónde va cada pieza, obviamente sin ningún manual de usuario. Me copa tanto lo que me cuenta que le pregunto si le puedo mandar unas preguntas para plasmarlas en la revista. Al instante me dice que sí y, sin darme cuenta, ya me encuentro en rol de entrevistador.

–Hola Gi, gracias por el tiempo. Para empezar, contanos cómo te acercaste a la historia y al patrimonio

–Mi interés por el Patrimonio Arquitectónico estuvo siempre presente, desde pequeña. Existe en mí una conexión especial con lo “viejo”, con la historia oculta (y no tanto) que nos cuentan nuestras edificaciones, monumentos, paisajes, manualidades y sus maestros creadores.

Mi experiencia de semi-nómade y mi curiosidad por conocer siempre más me han llevado a la gran aventura en la que vivo hace ya 6 años, y que ha elegido por destino fijo a la República de Irlanda.

Mi primer año fue de adaptación y puro aprendizaje; del idioma, las costumbres, la isla y su idiosincrasia. Me enamoré y decidí quedarme. Al año tuve la suerte de entrar a trabajar en un pequeño estudio cuyo director es Arquitecto Conservacionista y CEO de Lambstongue, especialistas en conservación de carpintería metálica y de madera.

Allí empezó mi segundo viaje. Se multiplicó mi pasión por la Conservación, un mundo inexplorado para mí, pero siempre latente y visible. Una amiga me introdujo a SPAB (The Society for the Protection of Ancient Buildings) y desde hace ya 3 años soy parte del comité irlandés.

–¿Podes ampliar sobre la SPAB?

–SPAB es una organización sin fines de lucro –mayoritariamente manejada por voluntarios– cuyo objetivo principal es promover el cuidado, mantenimiento y protección del Patrimonio Construido. Mediante charlas, campañas, talleres y “Working Parties” predicamos y debatimos las buenas prácticas de conservación y expandimos el conocimiento al alcance no solo de profesionales, sino también estudiantes, dueños de casa, constructores y todo aquel que comparta el mismo interés y pasión por lo construido. En SPAB contamos con una red de profesionales, maestros, artesanos, especialistas que contribuyen a las enseñanzas e investigaciones de metodologías para la conservación, siempre al alcance de quien lo necesite.

Mi evento favorito es la Working Party. Todos los años se selecciona una locación en la Isla, previamente postulada a votación por los propios dueños o vecinos del sitio, y durante tres días hacemos cursos “hands-on”, donde los participantes aprenden mediante la práctica, y guiados por especialistas, cómo hacer reparaciones o trabajos de mantenimiento y conservación en distintas superficies y con distintos materiales. Aprendemos a leer, relevar, diagnosticar los problemas presentes y debatimos las mejores formas de trabajarlos. Es realmente una experiencia enriquecedora, en lo personal, como organizadora y como espectadora. El intercambio de información, de intereses y sobre todo de buenos momentos hace que el fin de semana sea más que un taller, es un campamento entre amigues compartiendo todos un mismo interés.

Parte de estos eventos están subvencionados por el Estado, aplicamos para becas y conseguimos donaciones, contamos con una módica membresía y hacemos colectas con diferentes eventos para recaudar fondos. Es mucho trabajo por amor.

–¿Por qué crees que es importante este trabajo y estas construcciones?

–Uno de los principales ejercicios de quizás la mayoría de los arquitectos es “afilar el ojo”. Algunos lo hacemos mediante el dibujo, y en mi caso, también con el bordado. El aprender a leer y usar nuestra curiosidad para entender es de las practicas más ricas y sensibles de la profesión. Ejercitarlo es mi cotidianeidad. Vemos para aprender a observar, observamos para descubrir, descubrimos para valorar.

El Patrimonio es todo aquello que denote carácter personal, que nos resuene. Nos emociona, nos identifica y nos reconoce. El Patrimonio construido habla por sí mismo, son museos vivientes. Son reflejos de una época, de una historia, de sus creadores, de su lugar de pertenencia.

Protegerlo y cuidarlo es respetar su identidad. Conservar su valor y honrarlo. Honrar la labor puesta en su creación, el conocimiento y el arte de sus creadores. Conservar estas estructuras es mantener la llama viva de su historia y preservar su legado para las generaciones futuras.

–Hablas de conservación. ¿Me podrías aclarar la diferencia que existe con la restauración?

–A “Conservar“ y “Restaurar“ los diferencia el tiempo… Restauramos cuando no pudimos o no supimos conservar. Estar a tiempo de preservar, mediante mantenimientos esenciales y técnicas sencillas, nos da la oportunidad de no quebrar esa línea del tiempo. Creo que existe una lógica entre el tiempo y la tecnología y las claves para el balance perfecto entre ambas está en la capacidad de diferenciar el cómo, el cuándo y el para qué.

–Una de las cosas que escucho seguido es que el patrimonio es un freno al progreso, que no vale la pena intentar recuperar una casona de adobe si en ese lugar podemos construir un edificio de vidrio más adaptado a las necesidades actuales. ¿Qué pensás de esto?

–Me preguntas si la protección del patrimonio es un freno al progreso. Y yo me pregunto qué es progreso. Qué entendemos por progreso y qué significa eso para nosotros. Creo que respetar nuestro patrimonio es honrar nuestra historia. Y yo veo progreso en eso, en el entender los cómo y aplicarlos. Revalorizar nuestro legajo. ¡Muchas de las respuestas a nuestras preguntas de hoy ya han sido respondidas antes, porque han sido cuestionadas antes! Pienso que las no tan recientes crisis ambientales nos están alertando y enseñando nuevas formas de consumir y producir. Estamos repensando nuestros hábitos e impactos. Me resulta inevitable no vincular estos razonamientos a nuestra práctica profesional (y civil) y el desafío que nos significa el reinventarnos y adaptarnos.

Conservar es cuidar. Cuidar es respetar. Respetar es aprender. Aprender es Progreso.

–Me dieron ganas de saber más del tema…

–Todos los días se aprende algo nuevo, ¡la curiosidad es infinita y el manual está ahí, a la vista!

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Epílogo del entrevistador

No está de más aclarar que el espíritu de esta nota no es el de militar la emigración o unirme al discurso de que “todo lo de afuera está bien y nosotros hacemos todo mal”, todo lo contrario. Intento buscar experiencias que nos ayuden a desarrollar nuestra capacidad de valoración hacia lo propio, puntas que nos permitan ver futuros posibles donde nuestra identidad se refuerce con el conocimiento popular de nuestra historia.