Fiel a Lucrecia Martel

Por Gloria Kreiman

La argentina Lucrecia Martel es para mí una de las mejores cineastas del mundo, no solamente del país, no solamente entre las mujeres.

Me gusta y me parece valiosa por su obra, pero también por su pensamiento y su acción.

Realizó varios cortometrajes –entre los que destacaría «Rey Muerto»–, series de televisión y la puesta en escena del último espectáculo de Björk, «Cornucopia», un show tecnológico y multidisciplinario muy vanguardista, según los que tuvieron la suerte de verlo. También es presidenta del jurado del Festival de Cine de Venecia, uno de los más prestigiosos.

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Además hizo cuatro películas maravillosas: «La ciénaga», «La niña santa», «La mujer sin cabeza» y «Zama», que es para muchos una de las mejores películas de la década a nivel mundial.

Y acaba de estrenar «Terminal Norte», un documental con la cantora Julieta Laso como protagonista, y su vínculo con otras artistas y las particularidades políticas e ideológicas de la región.

Toda su creación es maravillosa, por su profunda marca de autor, por las texturas complejas de su sonido y sus imágenes, por los modos en los que se genera la tensión. Una belleza amarga, saturada y lavada a la vez. Su cine es diferente, filosófico, abierto, sin subrayados, sin unívocos.

Además, si bien Lucrecia Martel ha dicho varias veces que no cree en el cine revolucionario, que sus películas no son necesaria o enteramente críticas socio-políticas y que no está a favor de hablar de cómo debería ser un cine feminista, sus películas son mucho más revolucionarias, críticas, políticas y feministas que las de muchos de los que enarbolan expresamente estas banderas. Desde siempre, desde mucho antes que estas cuestiones fueran discurso de moda.

Y otra cosa que me parece valiosa es que no está haciendo películas todo el tiempo, solamente las hace “cuando tiene algo para decir”, según ella misma ha manifestado.

Recomiendo entonces toda la obra de Lucrecia Martel, y además leer o escuchar entrevistas que le han hecho o clases que da, porque también son absolutamente disruptivas, desestupidizantes y enriquecedoras.

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