De los intervalos de tiempo

Por Federico Muzaber
Ilustración: Nehuén Álvarez

Ciertas normas cuentan como el tiempo se cuenta.
Ordenan y definen como debemos fraccionar nuestros días, meses, lustros.

Algunos iluminados logran aferrarse a esas reglas,
Y de esa forma organizan su vida de un modo ejemplar.

Sin embargo, ciertos locos han desarrollado clandestinamente alternativas
y viven en el más absoluto desconocimiento y apego a estos estatutos.

Por rebeldía, y un poco por ignorancia
Cuentan el tiempo como pueden, así nomás, a tientas.
Lo cuentan por ejemplo cuando sale el sol o cuando este se esconde.
Cuando nace una flor de su jardín, y cuando muere de tristeza.

Otros, mejorando la técnica de los rebeldes
Lo miden con fracciones más acotadas, por ejemplo, con suspiros;
Según sean largos, de horas enteras,
O cortitos, de esos al pasar.

Otros, descuidados, negligentes,
ni siquiera aceptan medir esos intervalos.
Solo viven.
Argumentan que el tiempo, por momentos, se detiene,
Tornándose imposible controlarlo o medirlo.

Así es que ellos, pícaros, se abrazan, se hacen el amor,
se miran a los ojos, descaradamente, sin apuro.
Se besan, se paralizan, se saborean,
Se cuentan de todo, menos del tiempo,
Sin ley, convención ni regla,
Con la paradoja que suponen las cosas eternas.

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SOBRE EL AUTOR

Nacido y criado en La Consulta. De profesión abogado. Mi incursión en el arte siempre fue de la mano de la música y escribir párrafos sin estructura ni mucha lógica. Tengo 44 años, dos hijos ya grandecitos y una mujer que llegó a mí hace pocos años, y me hace pacífica la vida. Además, le sumo una lora que se llama Nicole y una oveja a quien di en llamar «LaYeni».

Espacio coordinado por el escritor mendocino Camilo F. Cacho