PASO 2021: las críticas consecuencias de la primera vuelta electoral

Por Carmelo Cortese
Sociólogo. Profesor consulto de la UNCuyo

Las PASO (Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias) fueron aprobadas con el pomposo título de Ley de democratización de la representación política, la transparencia y la equidad electoral. Pero en la práctica se han convertido en una primera vuelta general, donde se descartan algunas agrupaciones políticas y otras se instalan en la grilla de partida como potenciales ganadores. Si bien diversas coaliciones y partidos presentaron listas internas, esos resultados despiertan un interés secundario frente a la instalación en la opinión pública de ganadores y perdedores. Como si realmente la ciudadanía hubiese elegido senadores, diputados y concejales en lugar de solo definir candidatos a esos cargos.

Tal como ocurrió en las PASO presidenciales de agosto de 2019, estas elecciones se convirtieron en una gran encuesta de tipo censal y sus resultados provocaron un fuerte remezón político. La derrota a nivel nacional del Frente de Todos abrió un escenario complejo, donde se acentuaron la debilidad del gobierno, las fracturas internas y la inestabilidad política. El resultado electoral potenció la peligrosa conjunción de las continuas maniobras desestabilizadoras de la principal oposición de derecha (Juntos por el Cambio) con las vacilaciones, limitaciones, contradicciones y errores del oficialismo. Al momento de escribir estas líneas se ha abierto una delicada situación de crisis política institucional.

Vale recordar que estas elecciones se han realizado en un contexto inédito. El Gobierno nacional debutó en diciembre de 2019 en medio de una crisis recesiva, inflacionaria, social, fiscal y de endeudamiento impagable; y a escasos 100 días debió afrontar la pandemia de Covid-19. Tuvo que lidiar con una oposición de carácter reaccionario que boicoteó cualquier iniciativa de reforma económica, cuidado sanitario y auxilio social.

Esta profunda división política, social e ideológica se inscribe en un contexto mundial de agudizadas tensiones entre potencias privilegiadas y naciones castigadas (¿quién pagará la profunda crisis?), y con una renovada disputa entre las principales potencias por fuentes de recursos naturales, mercados y hegemonía política.

Tomando en cuenta este panorama, haré un esfuerzo de análisis y esbozaré hipótesis partiendo de los datos objetivos disponibles sobre los resultados electorales de Mendoza, donde el oficialismo UCR-PRO retuvo su mayoría. Y trataré de responder preguntas tales como: ¿se derechizó la población mendocina?, ¿crecieron los votos de la alianza Pro-UCR?, ¿se repudió la radicalización peronista?, ¿cambio de rumbo hacia dónde?, ¿qué significa “escuchar las urnas”?

Muestro en el Cuadro Nº 1 los resultados provisorios en la categoría Senador Nacional, donde las principales coaliciones eran representadas por sus máximos dirigentes: Cambia Mendoza (CM) por Alfredo Cornejo, exgobernador y presidente de la UCR nacional; y Frente de Todos (FT) por Anabel Fernández Sagasti, senadora nacional y presidenta del PJ Mendoza.

cuadro 1
Fuente: Elaboración propia (https://resultados.gob.ar/elecciones/2/6/1/-1/-1/Mendoza#agrupaciones)
Nota: Los porcentajes de cada agrupación política se calculan sobre los votos válidos (que incluyen los votos en blanco), pero el porcentaje del Voto Blanco refiere a los votantes totales. Si se calculara sobre votos válidos sería mayor; y los votos afirmativos serían un porcentaje menor si se calcularan sobre el total de votantes.  Los Votos Totales son la sumatoria de votos afirmativos (a partidos) + blancos + nulos + impugnados.

Es evidente el triunfo de CM con un 43%, aventajando al FT por unos 176.000 votos (18 puntos porcentuales). Ambas alianzas suman un 68% de los votos afirmativos, que son un 87% del total, marcando distancias con el resto de los partidos. Cerca de un 20% de votos se dispersaron entre quienes pretendieron convertirse en “tercera fuerza”, ubicando al Partido Verde (PV) y al Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT), que se repartieron aproximadamente un 10% de los votos, por encima  del Partido Federal (PF), Vamos Mendocinos (VM) y Compromiso Federal (CF), que se distribuyen el 10% restante.

Dignidad Popular (con candidaturas a cargos nacionales y solo en algunas secciones y departamentos) fue el único partido que no superó el piso mínimo del 1,5% de votos.

La participación en las elecciones es algo más baja que en otras elecciones, lo cual podría obedecer en parte a la situación sanitaria y en parte a un leve crecimiento de la abstención deliberada. Es notorio el elevado número de votos en blanco + anulados, unos 132.000 que representan el 13% y se constituye en tercera fuerza. ¿Qué expresan? Las razones individuales pueden ser variadas y contrapuestas, pero pueden resumirse en algunas pocas tendencias: apoliticismo, anti-política, apatía e indiferencia, escepticismo, repudio a “los políticos”, bronca por la situación económico-social, decepción con el nuevo Gobierno nacional. Pese a que la mayoría de esos sentimientos y sensaciones han sido instrumentados por el oficialismo provincial (y nacionalmente por la derecha libertaria de Milei y Espert), no los pudo traducir en votos propios. En principio parecen ser votos alejados de la influencia del FT que no engrosan a CM.

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Avanzando en el análisis de las candidaturas a cargos provinciales, el Cuadro Nº 2 agrupa los resultados a Senadores Provinciales por sección. En el total de votos CM supera por 20 puntos al FT, oscilando entre un máximo de 26 puntos en la Primera Sección  y un mínimo de 10 puntos en la Tercera Sección. Los comportamientos electorales varían en cada sección y en cada departamento, lo cual obliga a un análisis mucho más minucioso. Por ejemplo. en la Tercera Sección se impone CM, pero en San Carlos y en Tupungato sacó ventajas el FT, pese a no dirigir las intendencias. En Maipú y San Rafael, con intendentes peronistas, triunfó CM. En Malargüe, CM se impuso en senadores provinciales pero perdió en concejales.

cuadro 2Fuente: Elaboración propia (https://resultados.gob.ar/elecciones/2/6/1/-1/-1/Mendoza#agrupaciones)

Los cuatro primeros partidos se ubican por cantidad de votos obtenidos en el mismo orden de los cargos nacionales. Pero en el quinto lugar aparece el P. de los Jubilados, sin candidaturas nacionales, que logró sumar 38.000 votos (4,11%) a senadores provinciales, con su mejor elección en el Sur provincial, donde arañó el 5%. En sexto lugar emerge VM (ex integrantes o aliados de CM) con 36.000 votos (4%).

También  es interesante desagregar el comportamiento por secciones. El PV tiene su mejor desempeño en la Tercera Sección con el 7%, el FIT en la Primera con el 6%, y el PF quedó en tercer lugar en la Cuarta con el 10%. Sin embargo, en cantidad total de votos a senadores provinciales, nuevamente la 3ª fuerza real está constituida por los 67.000 votos en blanco (6,6%).

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Los dos cuadros son radiografías que reflejan el voto del domingo 12/9/21. Pero, ¿cómo es la película?, ¿cuál ha sido la evolución del voto?, ¿cuál ha sido el crecimiento o retroceso de cada fuerza? Pueden hacerse diferentes comparaciones. En el Cuadro Nº 3 opto por tomar la categoría Diputado Nacional en 2017 y 2021, teniendo también a la vista los resultados de 2019 (PASO teñida por  su carácter de elección a Poder Ejecutivo). Los resultados 2021 corresponden al escrutinio provisorio (98% de las mesas). Utilizo el número  absoluto de votos en lugar de los porcentajes para reflejar mejor la dinámica real de los votantes. El redondeo de las cifras permite transmitir en forma más clara las grandes tendencias.

cuadro 3

El primer dato significativo es el incremento del padrón en 34.000 potenciales electores, mientras se reducen los votantes efectivos en unas 84.000 personas. La influencia de la pandemia es una razón válida pero insuficiente. El segundo dato importante es que los votos afirmativos (a los partidos y alianzas presentadas) descienden en 140.000; crecen significativamente unos 52.000 votos en blanco; y en consecuencia se reducen unos 88.000 votos válidos.

Propongo un simple ejercicio de sumar los votos en blanco (98.000, que por sí solos duplican la cantidad de 2017) más  los anulados (32.000), más un porcentaje de abstenciones (unos 25.000, suponiendo un 30% de las personas que no fueron a votar como abstenciones voluntarias, y un generoso 70% ausente por razones de fuerza mayor), lo que arroja la nada despreciable cantidad de 155.000 ciudadanos. La cifra supera a los votos de los 3 partidos ubicados por debajo de las dos alianzas mayoritarias, dando un sostén a las hipótesis respecto a sentimientos generalizados y mezclados de angustia, decepción, desesperanza, desencanto, apatía y escepticismo. Siendo el FT la expresión política más golpeada, la advertencia alcanza también a CM.

CM triunfó pero no aumentó su caudal, ya que perdió unos 13.000 votos. Vale considerar que hubo fuga de votos hacia VM (34.000), afines al mismo espacio político-ideológico, con lo cual esa fuerza de derecha alcanza cerca de 460.000 votos, un crecimiento de 21.000 votos. Sin embargo, existe un dato significativo: estas fuerzas han perdido unos 40.000 adherentes respecto a 2013 (500.000 votos). El techo alcanzado por Cambia Mendoza en elecciones definitivas es más alto aún (alrededor de 550.000).

Por lo tanto, las diferencias porcentuales de unos 20 puntos (según las categorías) logradas por CM no se explican por su crecimiento, sino por la drástica caída del FT, que perdió más de 100.000 votos, y unos 180.000 respecto a las PASO 2019, cuando logró 428.000 votos a Diputados Nacionales. La pérdida electoral 2021 respecto al 2017 se estira a unos 150.000 votos al calcular las incorporaciones al FT del PTP y de José L. Ramón, ex P. Intransigente-Protectora (suponiendo que retiene un 50%  de sus votantes).

¿Adónde fueron esos 150.000 votos? Parece lógico afirmar que no reforzaron a CM,  sino que se distribuyeron entre otros partidos, el voto en blanco y parte de las abstenciones.

El PV creció unos 38.000 votos respecto a 2017. En 2019 integró el FT y lo abandonó al año siguiente,  incorporando a un sector del PI-Protectora (escisión Vadillo/Romano) y algunos sectores peronistas disconformes (senadora provincial Andrea Blandini). Ha pesado en estos votantes la valoración de Romano como  un destacado defensor de la ley 7722.

El PF obtuvo 35.000 votos, agrupando dirigentes anti-kirchneristas del agro, algunos peronistas (como el diputado provincial Gustavo Majstruk), más sectores empresariales y evangélicos. Se presentó como alternativa productiva y de “centro”, pero su impronta ideológica fue más bien de derecha.

CF (referenciado en el gobernador puntano Rodríguez Saa) era Encuentro por Mendoza en 2017; en el balance 2017/2021 crece unos 10.000 votos, aportados por sectores y candidatos peronistas que integraron el FT en 2019.

Lo dicho permite estimar entre 70 y 80 mil votantes descontentos con el FT, que podrían estar referenciados en dirigentes y candidatos de origen peronista disconformes que hallaron su lugar en esas tres expresiones políticas. Hay motivos diferentes, pero se destaca el reproche por la falta de internas partidarias y por el manejo sectario y hegemónico en la confección de listas. También aflora el antecedente de la posición asumida por la conducción del  PJ en diciembre de 2019, cuando acordó con Suárez la modificación de la ley 7722.

En esta simulación matemática resta explicar la pérdida de otros 70/80.000 votos, que solo puede encontrarse (al menos mayoritariamente) en los votos “bronca”, “castigo” o “decepción” (blanco, nulo, abstención).

En cuanto al FIT, no ha logrado capitalizar el descontento popular, ya que mantuvo el caudal de 2019 y perdió unos 45.000 votos respecto a 2017. En aquel año el MST, ahora incorporado al FIT, obtuvo unos 8.000 votos, por lo cual  la pérdida real en 4 años es de 53.000 votantes.

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¿En qué consiste el mensaje de las urnas? ¿Cuál es el cambio de rumbo reclamado?

Con estos datos, que reflejan con bastante aproximación las tendencias electorales, actuales y comparadas con 2017, ensayo algunas reflexiones y respuestas a las preguntas planteadas inicialmente.

¿Qué significa el triunfo de CM? ¿Que un 45% de ciudadanos quieren el ajuste fiscal, la sumisión al FMI, la reducción de jubilaciones y salarios, la reforma laboral para eliminar las indemnizaciones por despido y legalizar la precariedad? En principio expresa la disconformidad frente a la retracción económica, a la inflación devorando salarios y jubilaciones, a la falta de empleo, a la demora en implementar programas productivos en reemplazo de los planes sociales. El Gobierno nacional recibió un castigo por expectativas sembradas (“llenar la heladera”, “comer asados”)  que estuvieron lejos de cumplirse. Han crecido el desempleo, la pobreza e incluso el hambre. Es cierto que hubo pandemia, pero eso no es excusa para un rumbo vacilante y de conciliación con los responsables de la crisis económica, la especulación financiera,  el endeudamiento nacional, la concentración de la riqueza y el crecimiento de la pobreza.

La “bronca” explica parcialmente la conducta electoral. El castigo al FT ¿expresa una derechización? No hubo un crecimiento significativo de votos por derecha, e incluso es menor al número alcanzado en otras elecciones. Esto parece desmentir a quienes explican la derrota del FT argumentando “la derechización de las masas mendocinas”. Pero la inexistencia de tal crecimiento de la derecha no habilita a desconocer el predominio de ideas de derecha en un sector importante de la población.

La estructura de las clases sociales condiciona pero no determina automáticamente la conducta electoral.  Si esa conformación se correspondiera con el voto, no habría 460.000 personas apoyando a CM + VM.  Los sectores sociales dominantes, privilegiados, relativamente acomodados, medios altos y de buenos ingresos solo  representan un 20% de la población, mientras un 50% se halla en condiciones de pobreza.  Desde esa perspectiva, los votos a las expresiones políticas conservadoras no deberían superar los 250.000 votos. Las expresiones populares y de izquierda deberían ser apoyadas por 500.000 electores.

Esto significa que la bronca, las razones económicas y la pertenencia de clase social solo son una parte de los factores explicativos. Existen motivos políticos e ideológicos que intervienen en la decisión de unos cientos de miles de ciudadanos que, perteneciendo a sectores sociales oprimidos, no parecen votar en correspondencia con sus necesidades e intereses objetivos (fracciones de obreros explotados, trabajadores precarizados y desocupados, empleados públicos, cuentapropistas de subsistencia, franjas de capas medias, mujeres oprimidas, jóvenes excluidos de la educación y de futuro incierto, ganados por el individualismo y el escepticismo).

Esos grupos sociales aceptan el balance exitoso que hace el Gobierno provincial sobre su propia gestión, culpando al Gobierno nacional de todos los males económicos y sociales. Lo acusan de hostigar y asfixiar a la Provincia. Reivindican las aperturas económicas y escolares reclamadas por el cansancio de las restricciones prolongadas. El aparato de comunicación hegemónico, cooptado por CM, ha cumplido un papel central embelleciendo a Suárez, ocultando las luchas y propuestas populares, mientras exagera y machaca diariamente con errores reales o fraguados del Presidente y del FT provincial.

Las clases dominantes han triunfado al imponer un núcleo de ideas que componen un “sentido común” (que no es el “buen sentido”) aceptado como válido y legítimo por una porción  de las clases oprimidas: “orden”, “austeridad fiscal”, “defensa de Mendoza frente a la Nación”, “trabajo versus planes”, “valorar la educación”, “abrir la economía”, “los pobres son parásitos planeros”, “el populismo se roba todo”, “el comunismo quiere expropiarnos”.

Pero hay más factores explicativos. El Frente de Todos de Mendoza, para ser más precisos, el sector hegemónico del PJ, no hizo una campaña acertada ni encaró los debates políticos apropiados sobre estos temas. Priorizó internas, practicando una lucha despiadada por la hegemonía y los cargos, sin unidad real. Los slogans de campaña mostraron una frivolidad distanciada de los sufrimientos de la población de las barriadas populares. Y reivindicaron un camino de “acuerdos” con el Gobierno nacional en una provincia orgullosa de su “mendocinidad”. No son errores de campaña sino convicciones erradas y falta de un proyecto de desarrollo provincial. Los esfuerzos denodados y sacrificados de militantes de base, de organizaciones sociales y de partidos aliados, con propuestas de Reforma Impositiva y proyectos productivos, centrados en las consignas de Techo, Tierra, Trabajo y Agua, no fueron debidamente valorizados.

El alejamiento de los problemas más profundos impidió a esa dirigencia vislumbrar una derrota que sí era prevista por agrupamientos del Frente con “el oído pegado a tierra”. En esas condiciones se aceleró la implosión y estallaron en forma pública los desacuerdos, desatando una crisis celebrada en los círculos dominantes. Es incorrecto acusarse mutuamente y buscar culpables cuando se trata de hacerse cargo y corregir el rumbo.

No es acertado el dilema: “tranquilizar la macroeconomía, ajustar el presupuesto y obtener dólares para pagar deuda” o “imprimir billetes para poner en el bolsillo de la gente”. La salida va por el lado de reformas estructurales, que ineludiblemente afectarán  intereses de grupos minoritarios muy poderosos, que monopolizan la propiedad de tierras, capital, producción e ingresos. Es insuficiente redistribuir ingresos sin romper con la concentración y extranjerización de la economía, como condición para multiplicar la producción y generar millones de puestos de trabajo.

El cambio de rumbo implica atender a las mayorías populares nacionales que en 2019 reclamaron poner fin al infierno de cuatro años de experimento neoliberal. Y en Mendoza exige que el Frente de Todos se democratice  y enfrente con audacia la política reaccionaria del Gobierno provincial, con un programa de reactivación productiva; desarrollo integral de todo el territorio; defensa de los bienes comunes; creación de nuevas fuentes laborales; transformación de los planes en puestos de trabajo; mejorar las condiciones de los empleados públicos; planes de viviendas e infraestructura barrial; priorización de la educación, la salud y el deporte social; atención de las graves emergencias de las mujeres y jóvenes. Debe apostar al protagonismo de miles y miles de mendocinos y mendocinas que desean vivir dignamente en una provincia transformada con su propio trabajo.