Sobre los modos de habitar

Por Mauro Barchiesi
Arquitecto

¿Cuánto dice de nosotros el lugar donde vivimos? ¿De qué manera ese habitar diario se relaciona con nuestras expectativas y exigencias para poder llevar a cabo una vida, o parte de ella? ¿Cómo se va amoldando al paso del tiempo ese cobijo que permite que podamos desde ese lugar proyectarnos hacia el “afuera”? Una casa, una cabaña, el vagón de un tren, un contenedor, una casa rodante, un habitáculo temporal… Cada lugar que es habitado define en gran medida cómo las personas se relacionan entre sí y con el entorno que las rodea.

¿Cuánto de lo que pretendemos como lugar para vivir es impuesto por un imaginario que nada tiene que ver con nuestras exigencias reales? Y, por otro lado, ¿cuánto debería adaptarse al territorio habitado este habitáculo, considerando todas las ventajas que aporta el clima, como así también responder a las inclemencias propias de cada estación?

Si esta pandemia ha dejado algo en evidencia es que la gente, como pocas veces, ha prestado verdaderamente atención al lugar donde vive. Iluminación, ventilación, aislación, texturas, alturas, anchos, espacios cálidos, fríos, cómo se relaciona el espacio interior con el afuera, balcón, patio, etc. ¿Cuánto de este aprendizaje se verá reflejado en los espacios o lugares para vivir la postpandemia?

Según un estudio realizado en España por AIMC Marcas (estudios sobre el consumo, el ocio y los medios), pasamos la mayor parte del tiempo, 15 horas al día, o lo que es igual, 900 minutos, en casa, lo que supone un 62,3% del total. Este porcentaje aumenta 67 minutos durante los fines de semana, hasta el 67,1%, y desciende entre semana hasta el 60,8%.

Como participantes de la construcción del hábitat, a través de la arquitectura debemos responder a las necesidades que cada persona o grupo de personas tiene y en paralelo dar respuesta al entorno que rodea el artefacto en cuestión, considerando también que el objeto estará situado en un contexto histórico, donde se deberá tener en cuenta cada uno de los aportes tecnológicos que hay a nuestro alcance. Examinar los recursos y las posibilidades climáticas del territorio nos dará la oportunidad de saber cómo podrían ser nuestros modos de habitar.

Descubrir la practicidad de los espacios no es tarea fácil, hay que atreverse justamente a salir de esa zona de confort y dejar de lado el despilfarro, para aventurarse a la posibilidad de experimentar nuevos modos de habitar. Aunque con el tiempo, si no logramos reducir el cambio climático, la falta de recursos hará que nos adaptemos a vivir con mucho menos, momento en el que podremos aprender, por ejemplo, de la flora de nuestro territorio, que se adapta completamente al entorno (la falta de agua hace que las raíces sean más profundas y las hojas más pequeñas), todo su desarrollo está en función de los recursos propios del lugar que habita, porque justamente es esa adaptación lo que le permite desarrollarse.

Hace algunos meses se aprobó el proyecto que reduce las tarifas de gas en áreas de baja temperatura. Como iniciativa puede ser interesante, ya que permite ahorrar a quienes tienen consumos elevados que se ven reflejados en las boletas, pero como propuesta superadora no toca el tema de fondo, que es por qué se consume tanto. Esto es muy sencillo de responder si pensamos que la mayoría de las construcciones no se aíslan como corresponde. Muchos dirán que aislar es muy costoso (ventanas doble vidrio, muros más anchos, sistemas de construcción en seco, uso del poliuretano, la celulosa, etc.), todo lo que sea para aislar una vivienda o morada es muy costoso. Pero pienso que la reflexión debe ir por otro lado, no solo por este tipo de propuestas como bajar el precio del gas, ni tampoco gastar fortunas en aislación para viviendas enormes, sino simplemente saber que no necesitamos tanta superficie traducida a metros cuadrados o metros cúbicos para poder vivir cómodos, confortables, tanto en invierno como en verano. Un ejemplo, quizás extremo, de adaptabilidad y de utilización de los espacios se da en la casa Keret, diseñada por el arquitecto Jakub Szczęsny. Este habitáculo se encuentra en la ciudad de Varsovia y se emplaza en un espacio muy pequeño que quedaba como remanente entre dos edificios. Lo interesante de la propuesta es que realmente pudo llevarse a cabo y es habitada actualmente. Cuenta con lo indispensable para poder habitar un espacio, desarrollado en 4 niveles y todo en un ancho promedio de 1,22 metros, o sea, 122 centímetros.

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La reflexión puede darse en considerar los espacios que verdaderamente necesitamos, relacionados a los modos de habitar que más tengan que ver con el sitio donde nos encontramos, el lugar que nos rodea, el territorio que habitamos. Quizás el verdadero cambio está en comenzar por entender los modos de habitar el lugar que vivimos.