Cecilia Mazurenco: “Una fotografía es capaz de influir en nosotros más de lo que pensamos”

Por Mayrin Moreno Macías
Fotos cortesía Cecilia Mazurenco

La época de sacar 24 fotos, revelar la película y cruzar los dedos para que las tomas sean lo que se imaginó aún persiste en la memoria de Cecilia Mazurenco. Su primera cámara fue analógica y se la obsequiaron sus padres: una Nikon FE con algunos desperfectos que todavía conserva. “¡Una máquina estéticamente perfecta!”, exclama.

Por un largo tiempo se resistió a cambiar el rollo por lo digital. Le encantaba estar en su laboratorio revelando sus propias fotos. Sin embargo, no pudo escapar, lo digital la consumió. “Hoy podés capturar miles y miles de tomas, borrar, pintar, dibujar con un botoncito. Ni mejor ni peor, cada cosilla tiene su encanto”.

Cecilia no recuerda el momento exacto en el que optó por la fotografía para expresarse. En su transitar va tarareando aquel verso de Joan Manuel Serrat: Caminante, son tus huellas / el camino y nada más/ Caminante, no hay camino / Se hace camino al andar. “Para mí la fotografía representa la vida misma. Es mi manera de comunicación. Me permite mostrar a otros lo que veo, las cosas que me fascinan, las personas y los lugares que amo”, dice, y agrega: “Mediante una imagen podemos dar luz a algo que permanecía oculto, podemos mostrar lo que vemos y lo que sentimos. Las fotografías las hacen tanto el fotógrafo como la persona que las ve, que les asigna sus propios valores y sus creencias. Por eso, una fotografía es capaz de influir en nosotros más de lo que pensamos. No solo busca documentar lo que ocurre en el mundo, sino provocar además un cambio en nosotros, en la persona que ve aquello de lo que el fotógrafo fue testigo”.

Su última serie se llama “Incidencia del tiempo en blanco y negro”. La realizó en plena pandemia entre sus cuatro paredes, el patio y su pedacito de cielo. “El encierro, el temor, la incertidumbre, sentirse paralizado e inmóvil, eso me generó el aislamiento, sentirme lejos de todo y de todos. Con mi puerta cerrada con llave. En lo artístico, fue el propio encierro lo que me abrió las puertas, mi necesidad de manifestar a través de la fotografía mi sentir”.

―¿Por qué insistes en capturar esos “momentos que pasan desapercibidos?

―Justamente es lo que más me atrae de la fotografía. Poder hacer permanente lo efímero. Visible lo invisible. Eterno lo fugaz. Transportarme al pasado desde el presente y que subsista para la posteridad.

―¿Cómo describes tu mirada fotográfica? ¿Qué tan importante es la edición?

―La mirada fotográfica a mi entender es la mirada que tenemos del mundo. Yo lo veo formado todo por pequeñeces, nimiedades, cositas que hacen que algo mayor funcione. Sin las partecitas no existiría el todo. Evidentemente mis fotos no son ni mejores ni peores que las de otro fotógrafo/a, porque al fin y al cabo una fotografía no es más que el punto de vista personal e intransferible de cada uno sobre aquello que le rodea. Hay fotografías que no resisten el menor trabajo de edición y otras que pueden ser una obra de arte con un simple retoque.

A Cecilia la define la simpleza. Allí encuentra la belleza. Se fija en los pequeños detalles, la luz y la sombra, los colores, las texturas de las cosas. Lo efímero, lo fugaz, lo cotidiano. Es en la fotografía donde encontró el impulso para descubrir nuevas cosas. Según ella, no solo es una forma de registrar el mundo que nos rodea, sino que el artista también puede incorporarla como medio de expresión de su mundo interior. “Sin darnos cuenta, en las fotografías se reflejan nuestros miedos, inquietudes, obsesiones, creencias, anhelos, deseos… Y eso la convierte en una herramienta muy válida para comprender la forma de sentir y de pensar. El momento de capturar alguna escena se me presenta de manera espontánea. Es un momento de paz y calma”.


LA POBREZA Y LA EDUCACIÓN

Cecilia tiene una mirada crítica hacia los gobiernos de turno. “Uno de los problemas que más me duelen de América latina es la pobreza. Me estruja el alma saber que hay niños y niñas que viven carentes de algo. Es una realidad que la pobreza en Latinoamérica afecta los derechos fundamentales de las personas. Entre las consecuencias directas de la pobreza se han señalado el hambre y la desnutrición, pero existen otras muchas manifestaciones. La pobreza afecta a la salud de las personas. La pobreza hace casi imposible, además, que muchas personas accedan a servicios básicos como la educación, una vivienda digna o al agua potable, entre otras. La educación es la herramienta más importante para romper el círculo de la pobreza y supone un importante impulso para generar más y mejores oportunidades en la infancia y adolescencia. Garantizar el acceso a una educación inclusiva, equitativa y de calidad a todos los niños y niñas es el primer paso para poner en sus manos un futuro lejos de la pobreza y lleno de oportunidades”.