Inclemencias y desastres en la memoria sanrafaelina

Por María Elena Izuel

Algunos acontecimientos, por su gravedad, conmovieron a la población sanrafaelina. Entre los más recordados están:

El terremoto de Mendoza de 1861, que derrumbó la mayor parte de los edificios en la Villa 25 de Mayo.

En 1887 se declaró una epidemia de cólera que comenzó en la capital del país y fue extendiéndose a todo el territorio, llegando también a San Rafael. Fallecieron muchas personas, especialmente niños. El doctor Salas, hijo del comandante, luchó junto a otros médicos de Mendoza para poder curar a los enfermos.

Fueron también graves las epidemias de difteria y viruela, ocurridas poco después de la llegada del doctor Schestakow, que provocaron muchas víctimas.

Debemos agregar las plagas agrícolas y las heladas: fueron famosas las del 8 de noviembre de 1926 y del 9 de noviembre de 1931, que prácticamente terminaron con las cosechas. También algunas nevadas caídas fuera de temporada, como la del 4 de noviembre de 1928.

Mangas de langostas: que oscurecían el cielo devorando las cosechas, y su consecuencia, la saltona, combatida por niños y mujeres que golpeaban latas y cacerolas. Antiguamente cubrían casi toda la república.

El 30 de mayo de 1929 se produjo un fuerte terremoto, cuyo epicentro estuvo localizado en Villa Atuel, donde derrumbó todas las construcciones y provocó la muerte de muchas personas. También se sintió en los distritos, en especial en Malvinas.

Las crecientes del río Diamante provocaron muchos daños. Fue famosa la crecida del 10 de febrero de 1900, cuando el agua llegó al Carril Nacional, afectó la Villa 25 de Mayo, destruyendo el fuerte y el cementerio, provocó la caída de muchas construcciones de adobe y la pérdida de las cosechas. En Cañada Seca las fincas quedaron cubiertas con seis metros de agua.

El volcán Descabezado y otros vecinos, localizados en territorio chileno, entraron en erupción el 10 de abril de 1932, cubriendo toda la región con una gruesa capa de ceniza que aún se puede encontrar escarbando un poco en la tierra. A las 14 horas se hizo de noche, la atmósfera estaba irrespirable. En ese momento la gente creía que era el fin del mundo. Si bien no hubo víctimas, las pérdidas económicas fueron de gran magnitud: murió mucho ganado porque los campos, cubiertos de ceniza, necesitaron muchos años para volver a su anterior capacidad productiva.

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