La menstruación es política

Por Mónica Díaz Serrano

La sangre menstrual es una marca de género, porque según el patriarcado y sus instrumentos de control, las diferencias biológicas y la menstruación demuestran que las mujeres somos seres débiles, imperfectos, inferiores e impuros, y con este argumento han logrado colonizar, someter, moldear y mercantilizar nuestras cuerpas y sus fluidos.

Las creencias religiosas, las ciencias, los gobiernos, la industria del cine, los medios de comunicación y los videojuegos, han construido ideas que glorifican la sangre que es producto de la violencia y que convierten a la sangre menstrual en abyecta y obscena.

En cada época, este líquido ha tenido varios significados. La sangre divina o santa se asocia con inmortalidad, pureza, renovación y salvación, como la sangre de Cristo derramada durante la crucifixión, acto de amor y sacrificio para redimir el pecado original de la humanidad.

Durante la Edad Media, sangrar cuantificaba el arrepentimiento, por eso la autoflagelación se volvió un atributo de santidad para las monjas en los conventos, ya que por medio de ese castigo podían expulsar la sangre corrupta de sus cuerpas para ser perdonadas por sus pecados.

La idea de beber sangre planteada en la Eucaristía irremediablemente me hace pensar en la similitud entre la devoción sitibunda por la sangre en el Medievo, sus representaciones en el arte y la literatura, y el estado de trance y éxtasis en el que entran lxs vampirxs cuando la toman.

También está la sangre que surge por la violencia y que se justifica por ser heroica, como la que se menciona en el Himno Nacional Mexicano[1], que simboliza poder y valentía, o el Heroic Bloodshed (derramamiento de sangre heroico), subgénero del cine de acción creado en Hong Kong que se caracteriza por tener armas, gangsters, matanzas y mucha sangre. Este gusto y aceptación por la sangre derramada en batallas (entre hombres) normaliza la violencia y la reproduce en distintas plataformas sin restricciones, mientras que en los comerciales de toallas femeninas el rojo de la sangre se sustituye con un líquido azul, o en Instagram censuran la fotografía de la poeta paquistaní Rupi Kaur por mostrar su pantalón y sábana manchadas con su menstruación.[2]

Hay caeleste sanguine (sangre celeste) o sangre real, que por un error de traducción se convirtió en “sangre azul”. La explicación sociológica, étnica y racista sobre este término señala que la blancura de la piel de la realeza y aristocracia, no curtida por el trabajo en el campo, dejaba ver las venas azules en sus brazos.[3]

Otra sangre es la que funciona como principio de generación, la que según el patriarcado solo sirve para que las niñas se conviertan en mujeres y madres: la sangre menstrual, pero esta y la derramada en el parto se relacionan con pecado, veneno e impureza gracias a textos como Historia Natural, de Plinio el Viejo, publicado en el año 77, que afirma que “el contacto con el flujo menstrual de la mujer amarga el vino nuevo, hace que las cosechas se marchiten, mata los injertos, seca semillas en los jardines, causa que las frutas se caigan de los árboles, opaca la superficie de los espejos, embota el filo del acero y el destello del marfil, mata abejas, enmohece el hierro y el bronce, y causa un terrible mal olor en el ambiente. Los perros que prueban la sangre se vuelven locos y su mordedura se vuelve venenosa como las de la rabia.”[4]

O el Levítico 15:19-30 que dice: “Cuando una mujer tenga flujo, si el flujo en su cuerpo es sangre, ella permanecerá en su impureza menstrual por siete días; y cualquiera que la toque quedará inmundo hasta el atardecer. También todo aquello sobre lo que ella se acueste durante su impureza menstrual quedará inmundo, y todo aquello sobre lo que ella se siente quedará inmundo […] Y si un hombre se acuesta con ella y su impureza menstrual lo mancha, quedará inmundo por siete días, y toda cama sobre la que él se acueste quedará inmunda.”[5]

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De Secretis Mulierum (Los secretos de las mujeres), escrito a finales del siglo XIII, contiene una serie de teorías sin fundamento y conclusiones misóginas sobre la anatomía y fisiología femenina, que propagaron el miedo hacia las mujeres y su sangre con afirmaciones como: “las mujeres están tan llenas de veneno en el tiempo de su menstruación que ellas envenenan a los animales con su mirada; infectan a los niños en su cuna; rompen hasta el espejo más limpio; y cuando un hombre tiene relaciones sexuales con ellas se convierte en leproso y a veces en canceroso”.[6]

Estos son solo algunos ejemplos que demuestran cómo el poder y el saber hegemónicos han colonizado, patologizado, censurado y convertido a la menstruación en un fluido desagradable y sucio que debe ocultarse. De igual manera, han invisibilizado, negado y estigmatizado los saberes ancestrales populares y espirituales sobre la menstruación y nuestras cuerpas.

Por esas narrativas negativas que aprendí sobre la menstruación, siempre pensé que tenerla era una desgracia, me sentía sucia, estaba de mal humor y mi vivencia fue tormentosa por el dolor pélvico intenso, que me provocaba calor, mareos, temblores, vómito y dificultad para caminar. Todxs lxs ginecólogxs a los que acudí minimizaron y normalizaron mi dolor, nunca se les ocurrió que esos síntomas eran de endometriosis, lo supe cuando estuve a punto de morir porque los endometriomas envolvieron mi apéndice y explotó. Durante mucho tiempo creí que en verdad era una histérica, que estaba exagerando y que no me quedaba más que soportar el dolor. Lo único agradable que recuerdo de mi menstruación fue cuando la devolví a la tierra y mis plantas crecieron hermosas.

Después de una histerectomía total y con ayuda de mi proceso permanente de deconstrucción y descolonización, esa sangre antipatriarcal que perdí junto con mi útero me enseñó a sentir mi poder, a quererme, cuidarme y escucharme, a atravesar la rabia, melancolía, alegría, tristeza, ansiedad sin culpa, me enseñó a descansar, a decir NO, a poner límites y a perdonarme por no haberla valorado.

Ahora estoy convencida de que es necesario generar narrativas positivas sobre la menstruación que derrumben las mentiras patriarcales, así como recuperar los sentipensares de nuestras ancestras para re-conocernos, para relacionarnos con nuestras cuerpas y sus fluidos de  una manera amorosa, respetuosa y libre que nos lleve a disfrutar nuestra sexualidad y abrazar nuestros ciclos de manera consciente.


NOTAS

[1] ¡Guerra, guerra sin tregua al que intente de la patria manchar los blasones! ¡Guerra, guerra! Los patrios pendones en las olas de sangre empapad […] Antes, patria, que inermes tus hijos bajo el yugo su cuello dobleguen, tus campiñas con sangre se rieguen, sobre sangre se estampe su pie.

[2] Rupi Kaur. https://rupikaur.com/pages/photo-album

[3] García Sánchez, J. J. (2011). Sangre azul, calco semántico y etimológico. Desarrollo de una idea de Eugenio Coseriu. Revista Española de Lingüística, 41(1). https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3888965

[4] El Viejo, P. (2010). Historia Natural. En Libro XXVIII (pp. 78–80). Gredos.

[5] Bible Gateway. https://www.biblegateway.com/passage/?search=Lev%C3%ADtico%2015%3A19-30&version=RVA

[6] Rodnite, H. (1992). A translation of Pseudo-Albertus Magnus’ De Secretis Mulierum with commentaries. (p. 60). State University of New York Press.