Ojos que nos dicen

Por Gretel Freidemberg
Arquitecta

Silencio nocturno, paz, silencio oscuro. A lo lejos se escucha el soplo del viento zonda que ha decidido permanecer por varios días como si la naturaleza se convulsionara frente a los hechos que nos conmocionan. Y en mis pupilas se graba la frase “su manera directa de mirar”. Silencio y más palabras: burkas, pasamontañas, paliacates que tapan la boca… Al instante dejan de serlo para transformarse en imágenes, en escenas, en luchas, en fuerzas, en voces. Sí, exacto, ¡eso es! Voces que se hacen visibles a través de la fuerza de una mirada. Una mirada que no sabe de fronteras, que trasciende culturas y lenguajes. Unos ojos que nos miran y nos dicen: ¡aquí estamos, no pueden silenciar nuestras voces!

Los recientes hechos de Afganistán, la violencia de las imágenes que irrumpen nuestra cotidianeidad, la infinita tristeza que nos traspasa y, al contrario de su mirada, nos deja mudos. El silencio se ahonda y me pregunto: ¿qué mundo les dejamos a nuestros pequeños? Pienso en Irina, mi sobrina. ¿Y qué rol tiene la Arquitectura en este contexto?

Mujeres afganas 1

América Latina no se encuentra al margen de estos hechos y sus países manifiestan prontamente su repudio. La Cancillería argentina hace un llamado a todas las partes para que se abra el diálogo y su población pueda volver a vivir en paz, el Gobierno de Chile señala que está trabajando para ayudar a evacuar mujeres líderes en Derechos Humanos, en tanto que en México las autoridades exhortan a la comunidad internacional a evaluar seriamente y evitar que las transferencias de armas sean desviadas, en tanto exista la proliferación de armamento, al Talibán y otros grupos.

Al igual que en la revolución de Kurdistán, las mujeres cobran protagonismo. Su lucha autoorganizada, la autodefensa, la búsqueda de libertad y construcción de autonomía en todos los ámbitos de la vida, en búsqueda de armonía con la Madre Tierra: reflejan la necesidad urgente de construir otro mundo.

La Jineologi, término propuesto por el líder del pueblo kurdo A. Öcalan (2003) para denominar la nueva ciencia cuyo objetivo es la liberación de la mujer, permite recoger todas estas experiencias. Su enfoque propone entender el conocimiento como el resultado de la resolución de problemas que enfrentan las comunidades, y se consideran la intuición, el sentimiento y la experiencia de las mujeres, la complementariedad y la colaboración. Critica la hegemonía del hombre en la Historia y se diferencia de lo que ocurre con la ciencia social academicista, cuyos métodos, principalmente el positivismo, contribuyen a la justificación y reproducción de la opresión y la hegemonía establecidas por el capitalismo patriarcal.

Sostiene los siguientes principios: rechazo al extrañamiento, colonialismo, asimilación, impuestos a las mujeres; pensamiento y opinión libre; organización autónoma de las mujeres; lucha por el cambio, es decir, no solo plantear demandas al opresor, sino alcanzar derechos por medio de la lucha y la creación de alternativas; y finalmente, estética y ética, las mujeres no deben supeditarse a patrones de belleza dictados por la sociedad o los hombres.

Uno de los aspectos a considerar en el movimiento de las mujeres kurdas es la importancia de la ecología social y el respeto a la tierra, que se aproxima al respeto que también guardan las tradiciones indígenas latinoamericanas por la Madre Tierra, de la que se forma parte, todo lo cual hace que las luchas de las mujeres en diferentes puntos cardinales del territorio se conecten: así lo expresa Melike Yasar, integrante del Congreso Nacional del Kurdistán y representante del Movimiento Internacional de Mujeres Kurdas. Busca fortalecer vínculos con el movimiento latinoamericano de las mujeres revolucionarias, con el que ha intercambiado experiencias, destacando el ejemplo de las mujeres zapatistas en Chiapas.

Mujeres Zapatistas 3

De “este lado del charco”, en México, podemos observar la efectiva participación de mujeres indígenas en procesos organizativos y de cambios sociales y sus demandas frente al Estado, al orden económico y a su situación dentro de las comunidades. A partir de la Ley Revolucionaria de Mujeres (1994), el movimiento de mujeres zapatistas obtiene “voz” dentro del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

El zapatismo propone, a través de la inclusión en su lucha de las demandas de género, una nueva manera de entender y ejercer la política: construir un espacio público, como el espacio donde los diferentes puedan hablar y comunicarse. Perspectiva que refleja la preocupación por el sujeto social y sus formas de representación. Potencia la construcción de espacios políticos-territoriales autorregulados por los mismos pueblos.

Las mujeres zapatistas, en esta configuración de territorialidades en resistencia, expresan una idea de comunitarismo en defensa de los derechos colectivos no individuales, lo que diferencia este movimiento del denominado feminismo urbano. Permiten identificar la historia mirada desde el tejido, no lineal. Tejer mundos de vida y formas societales diversas, generando nuevas formas de hacer política.

La realidad zapatista y su lucha por la tierra (1983-1993) tiene un sentido histórico y profundo expresado en defender las relaciones que se establecen con ella, en tanto pertenencia con y desde la Madre Tierra. Cuestionan el sistema productivo agrario y las políticas neoliberales implementadas por el poder corporativo. Su objetivo, finalmente, es la “recuperación de tierras” como base para que los pueblos originarios recuperen su capacidad de decidir su propio destino. Demuestra que es posible un nuevo sistema de gobierno donde miles de personas mandan y los gobiernos obedecen.

En este escenario actual, la arquitectura mexicana se despliega marcada por arquitectas posicionadas regional y globalmente. Una de sus referentes es Tatiana Bilbao, quien señaló recientemente: “Debemos romper con la perpetuación de los espacios domésticos promovidos por familias heteropatriarcales y crear espacios flexibles que puedan ser usados como la gente quiera”. La arquitecta así mismo expuso: “Todos dormimos, pero no todos dormimos de la misma manera. En las viviendas mayas, por ejemplo, no hay camas: duermen en hamacas. Y por eso, en México, no las consideran casas y no acceden a subsidios a pesar de que los necesitan”. Estas afirmaciones denotan preocupación en la Arquitectura para intervenir en una realidad cuya heterogeneidad y complejidad poco a poco comenzamos a comprender.

Experiencias similares se observan en el territorio mexicano, como es el caso de las arquitectas Mariana Ordóñez Grajales y Jésica Amescua Carrera, fundadoras de Comunal Taller de Arquitectura, quienes visualizan a los habitantes como sujetos de acción y no como objetos de intervención, proponen la arquitectura como un proceso social colaborativo, abierto y en constante evolución. Su enfoque intercultural e integrador está dirigido a la producción social del hábitat y a la arquitectura participativa.

Estas acciones y el desarrollo de nuevos enfoques en el ámbito de la arquitectura tienden a multiplicarse. Es nuestro desafío escuchar nuevas voces y expandir nuevas maneras de abordar la disciplina en un contexto de múltiples dimensiones.

Quisiera transmitirles, finalmente, unas estrofas de la canción “¿Y tú qué esperas?”, de Mare Advertencia Lírika, cantante mexicana de rap, activista social y feminista, de origen zapoteca:

Y ahora solo pregunto ¿y tú qué esperas?

Yo no quiero esperar ni por mí ni por las mías,
Ni ser una más a las que derriban…

Hoy alzo la voz contra toda esa mentira
Y te invito mujer a poner el puño arriba…”

Mare Advertencia Lirika