Las viñas del señor

Por Marcos Martínez
Ilustración: Martín Rusca

El espacio vivido es entendido a partir
de los sentidos, de la experiencia,
de las ideas en diferentes instancias
que configuran el espacio personal,
el del grupo y el mítico-conceptual (…)

María Victoria Fernández Caso, Raquel Gurevich,
Geografía. Nuevos temas, nuevas
preguntas (2007)

–Le podría decir que las cosas de la vida, que el laburo que escaseaba, pero si le digo eso le miento… Yo vivo hace poquito acá, apenas un par de años… Trabajaba en la viña antes que compraran los gallegos. Ahora le han puesto alambrado, como si ese alambre finito pudiera alcanzar para que nosotros no la viéramos. Ya sé, usted me va a decir que es pa’ que no pasemos, pa’ que nos quedemos del lao que nos corresponde estar, del lao de acá, donde no hay nada, del lao donde uno trabaja o se jode, del lado donde las cosas no son de nosotros, del lao de los peones y de los contratistas desocupaos.

Los contratistas no se la bancaron, se fueron, todos se han ido, tal vez quede uno por ahí, perdido, alguno que no quiso enterarse del desastre, de la matanza, porque lo que hicieron fue eso: una matanza y pretenden taparla con ese alambre finito. Primero la tierra se puso seca, se empezó a agrietar, se volvió vieja y las viejas no pueden parir, pero la parra es terca, por eso creo que nosotros también somos así, porque la parra es como una madre y uno siempre se cría como la madre lo enseña y la parra nos enseñó a ser tercos, a necesitar muy poco para vivir, algo de abrigo en invierno, un poco de sol en verano y agua, bueno, agua… algo pa’ llevarse a la boca, en realidad, vino, porque la parra nos amanta, pero con vino, con vino dulce.

La parra se empezó a volver flaca, las hojas se marchitaban como si fueran una acelga cortada hace tiempo y la tierra se ponía vieja, arrugada, gris, las raíces se hundían en la tierra buscando agua y la tierra no tenía nada para dar, la habían dejado morir, envejecer.

Nosotros también nos volvimos viejos. La parra nos arrancó la niñez, nos hizo hombres y mujeres de golpe, cuando nos metimo a las hileras con el papá y la mamá; de grandes, nos vuelve viejos y secos como ella.

Mire, ¿vio? Yo le dije que iban a venir, si es la época de cosecha para ellos, reparten unas bolsitas y la gente contenta… Yo también agarro, no se crea, si tonto no soy…

Lo que hicieron fue un desastre, la tierra no vale nada, la uva no vale nada, nosotro mismo no valemo nada. Hasta los pájaros se han ido a la ciudad.

Yo los jodí,  alcancé a plantar un mugrón en el pedacito de tierra del patio de la casa y vaya a creer que prendió, ¡vaya que sí prendió! Le sacamos como dos botellas la primer vendimia, hubiera visto usted las uvitas chiquitas, como sin fuerza, manís parecían, pero bien que dieron vino ¡y qué vino!, oscuro y dulce como la noche de luna llena.

Ese de traje debe ser el candidato.

Lo que hicieron fue un desastre. Nos fueron cortando el agua de a poco, la tierra y la parra se fueron muriendo, la uva no valía nada o casi nada. Preferían tirarla que venderla. Me contaron que, vez pasada, el vino corría por acequias y canales. Las bodegas lo tiraban para subir el precio porque no valía nada. Imagínese qué feliz era la gente de entonces, porque cuando no hay pa’ llevarse algo a la panza, si uno puede mojarse los labios con vino por lo menos, la vida no es tan triste.

Nos tiraron a la calle sin nada. Sin un peso pa’ echarle algo a la olla… y uno veía los nenes del pueblo volverse flacos, volverse viejos como la parra, porque la parra se había vuelto vieja y había muerto como todo lo viejo.

Las plantas estaban flacas en las hileras, si esas hileras hablaran, entre esas hileras lo hicimos al más chico con la vieja, esto se lo cuento a usted porque estamos en confianza y quién sabe si es porque ese vino ya me empezó a chispear o capaz solamente pa’ acordarme de algo lindo… Ella se hacía la dura, pero esa tarde que los contratistas se jueron a hablar con los jefes pa’ ver si podían hacer algo con lo de los precios, no era que a mí no me importara, pero la vieja estaba buena y a mí me gustaba y los muchachos me hicieron de campara… y bueno… había que aprovechar la ocasión… Después de todo, los dos andábamos solos y no se puede andar solo por la vida sin compañía. Decían que no tuvo novio, ni marido, ni nada. Yo sí. Alguna vez tuve. Hijos tuve. Un día se los llevó y no sé, no los vi más. A veces pienso en ellos y los extraño, pero qué sé yo, eran malos tiempos, yo no le echo la culpa, la entiendo… se fue con un macho que sí la pueda mantener…

A los gallegos también los entiendo, la hicieron bien esos, la hicieron tan bien que no nos dimos cuenta que la estaban haciendo, todo eso era parte del plan, dejar la parra sin agua, matar la tierra, matar la parra, matar la uva comprándola por unos pocos centavos y matarnos de hambre y sed. Cuando la tierra no valiera nada, la compraban, así, con la parra flaca, débil, agonizando, era más fácil sacarla. La tierra sería de ellos y el agua que se guardaron la iba a volver joven de nuevo, y ahí podrían plantar los dichosos olivos, que son una cosa que tarda en crecer. Cuando crezcan, nosotros vamos a estar tan hambreados que vamos a levantarles la cosecha por monedas.

Quemaron todo para que no nos pudiéramos llevar la viña, que era nuestra, pero yo los jodí con el mugroncito. Decían que la quemaron porque no servía para nada, pero es mentira, ellos saben que mienten, la quemaron porque es una uva fina y que va a hacer algo fino en una casa donde no hay nada fino, pero yo los jodí.

El día que las quemaron, todos lloramos, discúlpeme, mire cómo me pongo de acordarme nomás, estábamos ahí nomás, del otro lado del callejón, viendo cómo las llamas subían al cielo. Lloramos pero para adentro, sin mostrar que lloramos, pero lloramos. Si al menos esas lágrimas me hubieran servido para regar el mugroncito, pero no, ni pa’ eso.

Las lágrimas lloradas para adentro no sirven pa’ na’, son como nosotros, cosechadores que no tenemos nada para cosechar. ¿Ahora entiende por qué me vine a la villa? Acá el alambre lo usamos pa’ otra cosa, no pa’ esconder y menos pa’ dividir.

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