Ritmo Orquídea: arpa, cumbia y clave

Por Lenín Molina

Al maestro Hugo Blanco lo conocemos principalmente por su emblemático e internacional clásico de todos los tiempos: “Moliendo Café”, así como por sus producciones con Simón Díaz y Joselo. Sin embargo, como pasa con buena parte de los grandes genios de la música, su legado va más allá de sus éxitos más conocidos.

El amor de Hugo Blanco por la música empieza desde muy pequeño. Ya desde los 12 años rondaba las estaciones de radio para escuchar a sus artistas favoritos ejecutar piezas de música venezolana en vivo. Su primer amor fue el cuatro, con el que empezó a componer sus primeros temas y a  meterse de lleno en el ambiente musical. Con el pasar del tiempo y ya con un gran manejo del cuatro, se enamora del instrumento que va a definir su sonoridad en adelante: el arpa. Para finales de la década del cincuenta, Hugo Blanco ya destacaba como uno de los compositores más vanguardistas para la época, junto a Chelique Sarabia, por la manera diferente en que interpretaban la música tradicional venezolana.

“El Nuevo Ritmo Orquídea” (1960), el primero de sus casi cincuenta discos, exponía claramente en su título la adelantada propuesta musical de Hugo Blanco. Bautizó muy apropiadamente a su ritmo con el nombre de “orquídea”, siendo este tan exótico, único y representativo de la venezolanidad como la flor nacional del país caribeño. Lo que diferenciaba principalmente al ritmo orquídea de Hugo Blanco era la adaptación del arpa a ritmos tropicales y foráneos, muy alejados del sonido tradicional de la música llanera venezolana, donde reinaba el tridente arpa, cuatro y maracas. Así, las innumerables composiciones del maestro Blanco se paseaban por un amplio abanico de ritmos bailables, que reinterpretados con su inimitable toque, rápidamente internacionalizaron su música a gran escala.

Dentro de esta variedad de ritmos, destacan sus cumbias tocadas con arpa, algo nunca antes visto y que también rompía con el esquema tradicional de la cumbia colombiana, donde el acordeón era protagonista. Esto rápidamente catapultó el nombre de Hugo Blanco como uno de los compositores y productores más importantes dentro de la movida de la cumbia en los años sesenta. Tanto fue el impacto de su cumbia con arpa que sus composiciones tuvieron influencia directa en los pioneros de la cumbia peruana, quienes tomaron su ejemplo y abrieron un nuevo camino con el sonido de la guitarra eléctrica.

Además de la cumbia, también fue precursor en la introducción de ritmos afrocaribeños y antillanos en la música venezolana. Dentro de su vasta discografía, se paseó por ritmos como la guaracha, el son, la guajira, el mambo y el bugalú, siempre con su arpa como principal protagonista. Después de viajar por el Caribe y empaparse de la música que dominaba las Antillas para la época, experimenta con el rocksteady y el ska, introduciendo en Venezuela estos ritmos jamaiquinos que eran totalmente desconocidos para entonces. Las primeras canciones de reggae y ska venezolanas, interpretadas por el grupo “Las Cuatro Monedas”, son producidas por el maestro Blanco a principios de la década de los setenta. Siempre a la vanguardia, a principios de los sesenta produjo también uno de los primeros discos de surf rock en Venezuela: “Surf/Pájaro Tembleque”, de Los Deltas.

La infinidad de ritmos con los que jugó el maestro Hugo Blanco durante su legendaria trayectoria como compositor, productor e intérprete definieron su inconfundible sello característico. Toda esta genialidad musical quedó plasmada en sus trabajos como solista, así como en las numerosas agrupaciones y artistas que produjo. Sin duda alguna, Hugo Blanco es una de las figuras más importantes dentro de la historia musical latinoamericana. Su inigualable “ritmo orquídea” logró tender un puente entre lo local y lo global, así como entre lo tradicional y lo moderno, con una genialidad tan irrepetible como atemporal.