Usos de la “indignación moral” para fines ocultos

Una fiesta de cumpleaños en el lugar y momento incorrectos

Por Carmelo Cortese
Sociólogo. Profesor consulto de la UNCuyo

En un panorama nacional complejo, caracterizado por la crisis económico-sanitaria y la profunda división político-cultural, aparecieron las fotos y videos del festejo de cumpleaños (del 14 de julio de 2020) de Fabiola Yáñez, pareja del Presidente.

Bien mirado, parece haber una secuencia no casual, una escalada progresiva que comenzó con críticas sobre el funcionamiento de la Residencia Presidencial de Olivos (a raíz de otras visitas) y culmina con una foto de un hecho anterior, instalando la idea de “carnaval”, “fiestas sexuales”, etc.

Surgen muchos interrogantes. El principal gira sobre las circunstancias del hecho real. Si existió y se conocía, fue grave ocultarlo, tanto  por quienes querrían borrar la escena, como por quienes guardaron la foto para que estalle como una bomba justo ahora, en plena campaña electoral.

Un enfoque admisible sería el siguiente. La fiesta muestra una conducta incorrecta, pésima. Alberto y Fabiola deberían, por ejemplo, pagar una multa importante destinada a compensar a víctimas de la Covid-19, medida que debería extenderse a los que, teniendo responsabilidad política, violaron las normas del ASPO, la DISPO, y alentaron a ciudadanos comunes a hacerlo, porque son actos de irresponsabilidad  que han puesto en peligro la salud pública. O sea, deben pagar los dirigentes políticos que dictaron normas y no las respetan; los que impulsaron marchas anti-cuarentena para boicotear las restricciones sanitarias; y los que fingiendo acuerdo con las disposiciones, las incumplieron.

fiesta carrio

Pero la infracción del Alberto Fernández es mayor, porque es el Presidente. Los que exhortaban a no usar barbijos y pasar por alto la gripecita no tienen mucha estatura moral. pero Alberto no debe actuar en respuesta a ellos, sino hacia los millones de argentinos y argentinas que respetaron y sufrieron, convencidos de la necesidad de poner algún freno al avance mortal del virus.

Por respeto a esos millones, y no a  intermediarios de dudosa indignación selectiva, es que el Presidente debió haber dado un discurso oficial  referido exclusivamente al tema, para pedir las disculpas, mostrar su arrepentimiento público y ofrecer una reparación ética, simbólica y material. No puede desentenderse de su responsabilidad y de las consecuencias de sus propios actos. No se trata de un tema legal, sino de la dimensión ética tan ausente en muchos dirigentes políticos.

Cuando presentó sus disculpas, hizo como los chicos que gritan “trampa, no se vale”, y el acusado responde “yo hice, pero vos cometiste una más grande”. El “no se vale” de los chicos debe ser un imperativo ético para todos, un deber en sí mismo. No hacer la fiesta de cumpleaños, en medio de las restricciones por pandemia, debió ser un “imperativo categórico”. Se cumple sin importar que otros no respondan a deberes morales sino solo a conveniencias personales.

Por eso, en el momento de pedir disculpas, Fernández no debió añadir “miren lo que hizo Macri”, por más que los dirigentes de ese espacio político  opositor carezcan de autoridad  moral, dado que siempre boicotearon las medidas de aislamiento y nunca las cumplieron.

Entonces tenemos el hecho en sí  grave, y posteriormente errores no forzados, atribuibles al Presidente, o a sus  asesores políticos y sus comunicadores. Si yo fuese asesor le diría “no mezcles los temas; en otro discurso, en otro momento y lugar podrás retomar la campaña y referirte a la situación económica nacional, a la herencia recibida, al endeudamiento, a la pobreza y a los caminos para salir de esto”. Pero no lo soy y no entiendo la lógica de quienes dicen defenderlo.

El hecho en sí, independiente del uso y amplificación opositora, objetivamente lo ha dejado mal parado. Y nada que gire en torno a eso lo ayuda, sino lo que diga, proponga y haga en función de los temas graves y dolorosos del país (deuda, inflación, pobreza, etc.).

Siendo lícito y fundado afirmar que una fiesta de cumpleaños vino a ocultar la destrucción previa de la economía nacional y el endeudamiento grosero del país, no puede decirlo el Presidente, porque suena a justificación para disminuir su propia culpa. No debe por razones éticas y porque políticamente no le suma nada argumentar “yo hice algo mal, pero los dirigentes anteriores fueron peores”.

Hasta aquí he señalado que se obró mal, se reaccionó peor y se comunicó pésimamente, a lo cual  agrego un tema elemental para cualquier gobierno, en cuanto al manejo de la seguridad presidencial. Cualquier régimen político exige tener un mínimo de inteligencia (en un sentido razonable y correcto). ¿Nadie le advierte al Presidente de la inconveniencia de la fiesta? ¿Nadie le recomienda no sacar fotos de algo prohibido por él mismo? ¿Nadie controla su tenencia y difusión? ¿Nadie advierte que circulan y necesariamente serán usadas en su contra? Ni los que se creen impunes dejan tantas huellas. Y aquí el Gobierno comete en este terreno errores como los del Superagente 86, aquel torpe espía de la famosa serie de fines de los años 60. Fernández habla continuamente de cuidar a los argentinos, pero parece que muy poco los cuida bien (en tanto autoridad nacional). Diera la impresión de que es necesario controlar a los encargados de controlar.

superagente86

La instrumentación del comportamiento presidencial

El comportamiento presidencial debe ser calificado y delimitado: no es un robo, una estafa o dilapidación de fondos públicos, sino una celebración de cumpleaños bastante íntima, como las miles que se hicieron en todo el país, pero… se trata del presidente que dictó el DNU de las restricciones. Siendo grave, ¿realmente amerita un juicio político? ¿Los solicitantes del juicio no exageran, siendo que siempre miraron indiferentes verdaderos crímenes contra el pueblo?

Los opositores saben del exceso, por eso alguno de ellos dijo “no nos pasemos de rosca porque atrás viene Cristina”. Lo piden para “lijar y limar” la autoridad presidencial, desgastar al Gobierno nacional y dejarlo al borde del nocaut, no solo electoral. No es creíble que los negadores de la pandemia y férreos opositores a las medidas de prevenciones sientan verdadera “indignación moral” por lo sucedido. Las fotos de la fiesta vienen a facilitar el objetivo de retornar al gobierno, teniendo en cuenta que una gran porción del verdadero poder del país está en manos de los sectores económicos que ellos representan.

Los que aparecen en la arena política por lo general son “gerentes”, bien remunerados pero descartables. Los que mandan (como en aquella obra clásica de José Luis de Imaz) son los dueños de millones de hectáreas, del agrobusiness, de múltiples negocios financieros, de los grupos concentrados de la industria y del comercio interior y exterior, ávidos de petróleo, minerales, agua potable, etc. Deciden sentados a la mesa con inversores y embajadores extranjeros. Están detrás o entrelazados con grandes medios de comunicación como Clarín y La Nación, los que titulan “Vacunatorio VIP”, “Olivos Gate” e imponen agendas mediáticas mientras silencian en forma grosera todos los chanchullos de sus amigos: Correo, autopistas, energía eólica, Mesa Judicial, caso Oil, contrabando de material bélico y apoyo al golpe de Estado en Bolivia…

Reitero que sin justificar “la fiestita”, sería ingenuo no advertir la instrumentación intencionada para fines ocultos. Si algo aprendimos de nuestra historia es que nunca los golpistas de turno expresaron sus verdaderas intenciones. Crearon opinión pública en torno a acontecimientos secundarios para ocultar los objetivos reales.

Pasó con el gobierno de Juan Domingo Perón. En 1955 no se podía crear opinión pública argumentando explícitamente: “vamos a derrocar a Perón porque con el IAPI afecta la renta agropecuaria terrateniente; porque protege el consumo interno y la industria nacional perjudicando los intereses de los oligopolios extranjeros; porque concede demasiados derechos a los obreros afectando las ganancias capitalistas”.

Al presidente radical Arturo Umberto Illia, destituido en 1966 (página histórica olvidada por los actuales dirigentes de la UCR), lo ridiculizaban como una tortuga, lenta e ineficaz. Nadie argumentaba públicamente: “vamos a dar un golpe de Estado porque la ley de medicamentos y la política petrolera afecta los intereses económicos de grandes corporaciones extranjeras”.

Con Isabel Perón, en 1976, se utilizó un  cheque de la Cruzada Justicialista, se aprovechó la presencia negativa del ministro López Rega, se instrumentó la pinza del terrorismo y su represión en un contexto mundial de Guerra Fría. El genocida Videla hablaba de combatir la corrupción y la subversión; no podía confesar  que vendrían a clausurar partidos, sindicatos, centros de estudiantes  y organizaciones populares; hundir  los salarios; atar el país al FMI; destruir la industria nacional; encarcelar la democracia con torturas, asesinatos y desapariciones.

Claro, sabemos que la historia no es una materia favorita de Juntos por el Cambio. La oposición llamada ahora JUNTOS ni siquiera puede apelar a su historia reciente del periodo 2015-2019. No recuerdan sus frases famosas: “la inflación es la demostración de la incapacidad para gobernar”; “quiero que se me juzgue en si pude o no reducir la pobreza”; “en mi gobierno van a llover las inversiones”; “ya aparecieron los primeros brotes verdes”; “de manera preventiva, he decidido iniciar conversaciones con el Fondo Monetario Internacional para que nos otorgue una línea de apoyo financiero”. Y, sobre todo, buscan sepultar en el olvido los resultados concretos en materia de producción, inflación, pobreza y endeudamiento.

deuda bruta pbi

Ya que no es conveniente discutir el balance nada virtuoso de lo realizado, habría que debatir el futuro. Pero, ¿cuáles son las propuestas del nuevo programa? ¿Creación de trabajo genuino o  flexibilización laboral? ¿Aumento de las jubilaciones o nuevo ajuste fiscal? ¿Atender la grave emergencia alimentaria o proteger las grandes fortunas? ¿Pedir un nuevo préstamo al FMI para pagarle al FMI? ¿Emitir nueva deuda privada para pagarles a los bonistas anteriores? ¿Entregar las minas de litio, las reservas de petróleo no convencional, las extensiones territoriales con fuentes de agua dulce?

La  pobreza real afecta prácticamente a la mitad de la población argentina, mientras los 50 argentinos más ricos del país acumulan una fortuna de poco más de 46.000 millones de dólares. El problema de fondo no es en sí la pobreza, sino la desigualdad resultante de la concentración económica: ¿se tomarán medidas para revertirla? ¿O JUNTOS seguirá defendiendo la acumulación escandalosa de riquezas en pocas manos bajo el engañoso concepto de meritocracia?

No deben permitirse más hipocresías. Macri expresó «la foto de Olivos terminó de destruir el valor de la palabra y la autoridad moral del Presidente«. ¿Vale su palabra y tiene autoridad moral cuando está acusado, junto a su operador judicial, de formar una asociación ilícita? Fabián «Pepín» Rodríguez Simón tiene pedido de captura internacional y está prófugo en Uruguay, pese a tener muchos amigos declarados en el aparato judicial argentino.

En síntesis: se utilizan los errores,  torpezas o infracciones del Gobierno para correr los ejes del debate sobre el rumbo para dar solución a los verdaderos problemas sociales y nacionales; y se busca el desgaste presidencial antes de terminar su mandato.

PepinRodriguez-Macri

En busca de un camino liberador

La complejidad política actual exige ser precisos y escapar de encasillamientos rígidos. Algunos exigen aplaudir al Gobierno incondicionalmente, ocultando cualquier error; otros agitan un fantasma siniestro llamado “Argenzuela” para justificar los ataques al Gobierno. A la derecha, los “libertarios” plantean ir más allá aún en materia de ajuste y represión popular. A la izquierda, se afirma sin distinguir matices: “Juntos y el Frente de Todos son absolutamente iguales”. Salvando distancias históricas, recuerdo haber vivido en 1976 estas encerronas cuando algunos sostenían que “nada puede ser peor que el Gobierno de la Yegua”. Lo peor en forma de tragedia vino con la caída del gobierno de María Estela Martínez de Perón.

¿Entonces? Tengo críticas sobre el gobierno de Alberto Fernández, pero la principal no gira en torno a la meneada fiesta. Además, se relativizan al compararlas con los desastres de los cuatro años del experimento liberal en la Nación y la Provincia, y considerando que la pandemia agravó todo dramáticamente.

Mis críticas apuntan a las vacilaciones y limitaciones en adoptar un rumbo claro frente a los males estructurales del país. Por ejemplo, se desaprovechó la ocasión de suspender el pago de la deuda pública en virtual default al asumir, y así negociar desde una posición de fuerza e investigar los actos ilícitos anteriores. El camino elegido significa legitimar deuda odiosa, como la del Club de Paris, y deuda obtenida de manera irregular, como los 48.000.000.000 de dólares del FMI). A cambio de una quita de intereses y alargamiento de plazos se legalizó y consolidó una deuda privada con bonistas de alrededor de 66.000 millones de dólares, cuyos pagos de capital e interés deberán desembolsarse entre julio de 2024 y enero de 2038.

No hablo de consignas abstractas impracticables del tipo “NO pagar la deuda”, sino de aplicar un principio práctico: “las deudas se pagan, las estafas no”. El Gobierno cuenta con instrumentos legales como el valioso informe del BCRA (mayo 2020): “Mercado de cambios, deuda y formación de activos externos, 2015-2019”. Es un punto de partida inmejorable para ir a fondo en la investigación, identificar responsables, determinar los delitos, separar deudas legítimas de fraudulentas.

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Es criticable la orientación exportadora y basada en concesiones al capital extranjero con el objetivo de obtener dólares que en lo fundamental son para pagar esa deuda. No es bueno haber cedido a la presión ajustadora del FMI manteniendo jubilaciones de miseria. Se corre la discusión de fondo a una secundaria y estéril, como la fórmula de actualización. Cualquier cálculo de ajuste sería más o menos bueno si la mínima duplicara los insuficientes $23.000 actuales.

Es lamentable no haber ido a fondo contra una estafa monumental como la de Vicentín y que se vacile en recuperar el pleno control de la denominada Hidrovía. El comercio exterior argentino hoy es un negociado  en manos  de un puñado de corporaciones extranjeras.

Todavía hay un espacio como para debatir estos temas en el Frente de Todos y sumar voluntades en ese camino. En la oposición de derecha solo hay lugar para el endeudamiento, la flexibilización laboral, el ajuste fiscal a fondo y para el Fondo.

Pero es necesario advertir al Frente de Todos (donde conviven diversas expresiones) que hasta aquí ha predominado una línea de tibios avances (ejemplo, el Impuesto extraordinario a las Grandes Fortunas), con muchas conciliaciones y vacilaciones frente a una oposición violenta y desestabilizadora. Se argumenta la correlación de fuerzas, no despertar al león, ser prudentes y no  irritar en demasía  con temas álgidos como la nacionalización del comercio exterior, el control del crédito, la reforma agraria, la Ley de Abastecimientos, el proyecto de ley (¿cajoneado?) de Tierra, Techo y Trabajo, la recuperación de YPF empresa estatal, la reforma impositiva, etc.

Vale decirlo con todas las letras del lenguaje callejero: Tanta caballerosidad y reglas de juego con tahúres que después te mandan preso por una foto de cumpleaños.

Hay quienes juegan con todo a voltear al Gobierno y existen quienes se prestan a ese juego, pero lo grave es que desde dentro del Frente de Todos y del propio gobierno no se acierte en el camino para liberar al país y al pueblo de sus verdaderas cadenas. Lo comprobado es que las mayorías populares seguirán pagando la crisis si  no se tocan los intereses y privilegios de una minoría concentrada que la sigue juntando en pala.