A medianoche

Por Marcos Martínez
Ilustración: Martín Rusca

Los barrenderos cantan tonadas hundidos en las acequias, como los negros cantaban blues en el Misisipi.  Unos perros que hacen un coro lamentable cuando se les ocurre.

Los perros con una sarna interminable pegada a la piel finita y los barrenderos con las espaldas destrozadas por un sueldo miserable. Unos cantan y otros ladran en las acequias en las que mañana jugará algún niño.

La mayoría de ellos, perros y barrenderos, vienen, van o vinieron, a la villa, a limpiar nuestra respetable basura.

Algunos vecinos, tan caritativos, les ahorran trabajo y van a la villa a tirar la basura por sus propios medios. Más tarde ellos, barrenderos y perros, buscarán entre la basura de la villa y en el basurero su almuerzo y abrigo.

El basurero es el paraíso para las cosas que van a parar a él, si tenemos suerte quizás para nosotros también haya un basurero esperándonos y le diremos “paraíso” porque así fuimos entrenados.

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