¿Dónde estoy? ¿Quién soy? Cuestiones espaciales

Por Mariana Bollati
Arquitecta

¿Quién sería Batman si hubiese vivido en las Bahamas en lugar de Ciudad Gótica? ¿Quién sería el Sr. Splinter si hubiese crecido en una choza de la selva del Amazonas en lugar de las alcantarillas de una ciudad? 

Cada vez son más lo estudios que confirman con precisión que los entornos en los que vivimos influyen en nuestras decisiones y en nuestra personalidad. 

En el Reino Unido, científicos de la Universidad de Bath han realizado recientemente una investigación que lleva en parte de su título las preguntas: ¿Dónde estoy? ¿Quién soy? Y es que se basa en la influencia que tiene el espacio sobre nosotros. Proponen que además de otros factores, los procesos mentales están vinculados al movimiento y a la percepción y que las propiedades del entorno social y físico nos modifican. La interacción con el espacio afecta las perspectivas del yo social y emocional. 

Esto es algo que se puede pensar para cualquier animal sobre la Tierra. Digo animal y me acuerdo otra vez del Sr. Splinter, porque también en 2015 otro estudio de la University College London prueba que la geometría del entorno modifica la geometría del cerebro. Eso se probó en una primera instancia con 45 ratas. Lo que me resulta interesante del estudio es que una parte biológica inconsciente reacciona a los cambios externos e inmediatos de nuestro alrededor. Esto nos da una certeza entonces: que algún tipo de influencia existe.

Por algún motivo, cada tanto recuerdo esa frase de Gandhi vendida de forma tan ultra-light, como los yogures del súper, aunque no lo es, que dice algo así como que lo que haces se convierte en tus hábitos, tus hábitos en valores, tus valores en tu destino. ¿Qué define esas acciones día a día, que se vuelve un hábito y qué nos transforma de a poco en lo que somos?

Si apuntamos con una lupa a estos temas, nuestro destino está influenciado por una seria compleja y enorme de factores. Por ahora quiero analizar esa influencia desde una mirada arquitectónica, si ese destino ha sido y puede seguir siendo modificado a través de las acciones y procesos que genera ser y estar en los espacios. 

Uno de ellos abordado desde el análisis de una arquitectura inclusiva y feminista.

En Londres, hay un colectivo de mujeres arquitectas feministas llamado EDIT que está explorando estos temas. A través de su proyecto experimental, artístico y académico Honey, ¡I’m home!, en español, Cariño, ¡llegué a casa!, proponen pensar el ámbito doméstico desde distintos enfoques. Analizando el núcleo familiar, las viviendas como una entidad política, y no como un ámbito que ha evolucionado orgánicamente a partir del comportamiento de las personas y de su habitar a través del tiempo. 

Una pata del proyecto se llama Historias alternativas e invita a reflexionar sobre las consecuencias de modificar el comportamiento arraigado a diferentes tareas domésticas según las construcciones sociales, donde normalmente son las mujeres las relegadas a las tareas de limpieza y cuidado. 

El proyecto dice: Se nos enseña a utilizar diferentes habitaciones dentro de nuestra casa para acciones específicas: dormimos en el dormitorio, comemos en la cocina, nos higienizamos en el baño. ¿Qué pasaría si estas acciones se mezclaran perdiendo los muebles que las sostienen?

Honey_im_home_2

En este contexto, una planificación debería asegurar las mismas oportunidades de “experiencia” para que cada integrante de la familia tenga las mismas oportunidades y responsabilidades a través de tareas cotidianas. Incita a repensar la normalización de las acciones que llevamos a cabo puertas adentro y las actividades en esos espacios capaces de generar estructuras de poder dentro del núcleo familiar.

Otro de sus proyectos explora mediante el plano de una casa tipo, el diagrama de las relaciones y de género con solo observar la sectorización de los espacios y los movimientos que se realizan dentro de la misma. Aún no hay progreso es el nombre y hace alusión a una ilustración publicada en la revista Playboy de 1954, con el título Progreso Playboy, donde se muestra el plano de un departamento propiedad del nuevo hombre moderno, con un seguimiento de los movimientos realizados durante la visita de una amiga. Un espacio con un entorno favorable para generar mayor fluidez espacial para la seducción. 

Dice Kaley Overstreet para la revista ArchDaily: Si Le Corbusier alguna vez proclamó que una casa era una máquina para habitar, Playboy inventó la casa para seducir, y su influencia y relación con el diseño es más evidente que nunca, casi siete décadas después. 

collage_nota_2

Si planteamos que la configuración de los espacios, sobre todo en el ámbito doméstico, ha logrado jerarquizar y modificar lo cognitivo y los destinos de sus habitantes en cierto contexto, Playboy sorprendentemente supo desde un comienzo cómo trabajar el camino inverso e incitar el quién soy a partir del espacio. Fue una de las primeras revistas que utilizó el porno blando para difundir un estilo de vida afín, que se valió en gran medida de la arquitectura y el diseño de interiores y sus habilidades para contar historias. Varios autores aseveran que más que una revista de cosificación de la mujer, se asemejaba a un catálogo de diseño de interiores y muebles modernos.

¿Podemos negar o afirmar que la configuración de los espacios en donde vivimos nos está modificando hábitos, comportamientos y, por ende, parte de quiénes somos? 

Como muestra la película Inception. Si exploramos nuestros inconscientes, veremos que todo se mueve por medio de sensaciones que el subconsciente aún no puede controlar, pero sí es posible guiarlo por el camino que queremos.

Ya parece cosa del pasado pensar los espacios como una cuestión estética y funcional, la arquitectura y las espacialidades deberían analizar reflexiones que atraviesen procesos socioculturales, ambientales, que respondan a una época y nueva sociedad, que va despertando, sedienta de equidad, conciencia, y disfrute por igual.