Las olas del feminismo

Por Mónica Díaz Serrano

En la primera ola del feminismo, las mujeres lucharon por acceso a la educación, derechos civiles y laborales, fueron conscientes de las opresiones, las relaciones de poder, la explotación sexual y económica. La segunda ola criticó la desigualdad, identificó y analizó la dominación en la vida privada, trajo la revolución sexual, visibilizó las violencias hacia las mujeres e introdujo el concepto de patriarcado. Los grupos de autoconciencia empoderaron a las mujeres y se rebelaron contra el falogocentrismo y las relaciones de poder, entendieron que era necesario un cambio radical para destruir al patriarcado.

Esta ola me enseñó a NOMBRAR, porque la epistemología que se construyó en aquel momento me ayudó a entender cómo y por qué funciona el patriarcado; a analizar y desmontar la realidad que vivo y reproduzco a través de mi forma de pensar, hablar e interactuar; a asumir y respetar la diversidad de mujeres; a aceptar mis privilegios y adentrarme en un proceso de deconstrucción constante.

La tercera ola se desarrolló en la globalización, hubo una reflexión interna del movimiento feminista, se reconocieron las diferencias entre mujeres, surgieron las teorías contemporáneas de género y la interseccionalidad.

La cuarta ola me impulsa a ACTUAR. Es el tsunami de la resistencia, la sororidad, el affidamento, la descolonización y las disidencias sexuales-corporales, que a través de escenarios virtuales y movilizaciones sociales masivas, visibiliza las opresiones, violencias, discriminaciones, desigualdades e impunidad.

Mientras las nuevas generaciones toman conciencia a temprana edad, las generaciones históricas analizan y explican diversas cuestiones de los feminismos según sus experiencias; los privilegios se utilizan para nombrar las ausencias, cuestionar y reformular conocimientos. Este tsunami incomoda al heteropatriarcado porque nombra y visibiliza, porque rechaza la clasificación de la gente en categorías jerárquicas universales y permanentes que dividen.

Los retos son “sentipensar los cuerpos cruzados por la diferencia colonial”[1] para abrir la memoria, para construir desde la experiencia de nos-otras, luchar por la dignidad, por reconocer y redefinir las diferencias y las historias ocultadas e ignoradas, además de entender que –aunque el objetivo es alcanzar la emancipación de TODAS las mujeres– hay diferentes caminos para llegar a él, porque las luchas parten desde distintos lugares y situaciones.

Otro reto es “re-sentir/resentir lo queer –es decir, «experimentar» y «provocar» resentimiento, así como «volver a sentir» lo queer–”[2] como corriente hegemónica de pensamiento y desde las intersecciones que se desarrollan a partir de la resistencia a las dominaciones de raza, clase, etnia, color de piel, etc. –no solo a partir del género y la sexualidad– para entonces poder tejer rutas que nos permitan leer y ubicar a lxs sujetxs y a sus cuerpos de manera plural, multidimensional y en constante transformación, en distintos contextos, situaciones, procesos, temporalidades y espacios.


[1] Icaza, R., & Leyva, X. (2019). En tiempos de muerte: Cuerpos, Rebeldías, Resistencias. En Sentirpensar los cuerpos cruzados por la diferencia colonial: Vol. Tomo IV (1.a ed., pp. 27–41). Cooperativa Editorial Retos.

[2] Falconí, D., Castellanos, S., & Viteri, M. A. (2013). Resentir lo queer en América Latina: diálogos desde/con el Sur (1.a ed., p.13). Egales.