Vera Menchik, una mujer

Por Bautista Franco

 

En 1939 se disputaron en Buenos Aires unas históricas olimpiadas de ajedrez por equipos que fueron interrumpidas por el estallido de la Segunda gran guerra. Ese torneo, que destacó por la presencia de jugadores como Capablanca, Alekhine, Tartakower y Najdorf, entre otras leyendas, tuvo lugar en el teatro Politeama, ubicado en la icónica avenida Corrientes, y fue organizado solamente para varones. 

Aprovechando la lejanía latinoamericana de la acalorada situación europea, la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) dispuso que se realice en el mismo lugar el campeonato mundial femenino, en el que participaron 19 jugadoras de múltiples países. La separación de sexos como categoría es hasta el día de hoy un problema. 

La gran ganadora fue la ajedrecista de origen ruso Vera Menchik, quien se impuso en todos los campeonatos mundiales femeninos mientras vivió. De hecho, su último campeonato jugado fue el de 1939 en Buenos Aires, del cual salió invicta con 18 victorias y un empate. En la actualidad, si se calculara su nivel de juego, correspondería probablemente con el título de Maestro Internacional, una de las tres condecoraciones por nivel que otorga la FIDE. 

El hecho de que fuera mujer y talentosa significó grandes limitaciones para la jugadora, que debió enfrentarse al machismo de la época. A modo de burla, llegó a crearse un “club” con su nombre al que debían inscribirse quienes perdían con ella. Su creador, Albert Becker, fue por gracia del intelecto de Vera el primer integrante del club, tras ser vencido en una gran partida en la tercera ronda.

El afamado jugador cubano José Raúl Capablanca, que era su amigo, la “elogió” diciendo que jugaba como un hombre. El polaco devenido en argentino Miguel Najdorf, en una entrevista manifestó que se salvó de ser parte del “club” porque en la única partida que la enfrentó logró conseguir un empate. El gran maestro Euwe, que fue campeón mundial, mordió el polvo ante la jugadora, y el maestro Grünfeld, famoso por la defensa que lleva su nombre, consiguió empatar. El excampeón mundial Alekhine le otorga algunos párrafos importantes en un artículo, en el que dice que “después de quince partidas, no cabe duda de  que ella es una excepción absoluta en su sexo”.

A lo largo de su vida, Vera jugó para tres banderas diferentes. Nacida en el antiguo Imperio ruso, jugó un torneo en representación de la URSS; luego, al calor de los conflictos y por ser hija de checos, jugó con la bandera checoslovaca; y posteriormente, luego de casarse, representó a Inglaterra.

En 1935 Vera fue a promocionar el ajedrez femenil a la Unión Soviética, al tiempo que se lanzó en ese país un programa que puso a más de 5 mil mujeres a jugar a ajedrez. Fue un programa sumamente exitoso, ya que después de la muerte de Vera, los soviéticos ganaron absolutamente todos los campeonatos mundiales hasta 1988, por más de cuatro décadas.

Su historia termina al poco tiempo de ese gran torneo en Buenos Aires, y de manera abrupta, ya que la guerra, con el metal de un misil alemán, se llevó la vida de Vera Menchik en Londres cuando corría 1944.

 

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