Jóvenes alvearenses crearon un libro digital de cuentos y poemas: “Zona de Promesas”

Por Mayrin Moreno Macías

 

Los sentimientos se transformaron en un libro. Jóvenes de Alvear se animaron a sacar a la luz cuentos y poesías que tenían guardados por temor al rechazo. Ellos iniciaron su camino en las letras y quieren que los lean, que los escuchen. En “Zona de Promesas” manifiestan su libertad y rebeldía sin limitaciones, cada quien con su estilo propio e ideología. Gabriela Chiapa, una de las escritoras, comenta que no es fácil, pero es más la satisfacción al saber que alguien lee algo tuyo y lo publica para que llegue a otros.

―Es hermoso ―dice.

El génesis de este libro digital fue una idea simple. Gaby cuenta que, junto a otra compañera, Tatiana Iriarte, querían hacer una antología de cuentos y poesías. Y así empezaron a contactar a diferentes chicos y chicas que conocían y escribían algunas cosas: Lautaro Eduardo Raue Peña, Florencia Magali Díaz, José Ignacio Melis, María Cristina Valdés, Carlos Becerra, Germán Ferreira, Luciano Burgos,
Belén Obon y Emanuel Muñoz.

―De a poco armamos un primer proyecto con todos los textos que nos enviaron. Contactamos luego a Johanna Alfaro, de Tunuyán, que es diseñadora gráfica y editora. Ella hizo un gran trabajo para convertir ese sueño en un libro digital. Mónica Cabo nos hizo la corrección de los textos y Adela Álvarez de Faur nos escribió el prólogo. Fue todo un trabajo en conjunto, con mucha ayuda de todas partes, nos donaron su tiempo y trabajo. Todo fue autogestivo. Luego dimos un paso más. Contactamos a diferentes artistas plásticos y les dimos a elegir un cuento o poesía para que se inspiraran y realizaran una imagen. Eso fue increíble, ese trabajo en conjunto con otras artes le dio más fuerza a los que teníamos.

―¿Cuál fue el criterio? ¿Qué comparten con los lectores? ¿Hay un hilo conductor?

―Como era la primera vez que hacíamos esto, no teníamos un hilo conductor específico. La única regla era que no fueran más de tres obras por autor. Lo demás, la idea era mostrar lo que ellos hacían, mostrar la capacidad de nuestros escritores jóvenes. Pueden leer textos de horror, terror, fantásticos, hasta obras románticas y con muchos sentimientos. Conectar con el lector desde nuestra forma de escribir y narrar el mundo que nos rodea.

―En el prólogo la escritora Adela Álvarez de Faur dice que “la tarea de un joven escritor es un largo camino de aciertos y errores, de mucho andar por las letras, marchas y contramarchas, tristezas y alegrías, y un descender hasta el precipicio oscuro y un volver a empezar todos los días”. ¿Es así? ¿Cómo reconcilian esas emociones?

―Creo que es real lo que Adela nos escribe. No es fácil ser escritor. Enfrentar la hoja en blanco muchas veces nos paraliza. Escribir algo es sacar parte de nuestro corazón y plasmarlo en una obra. Muchas veces eso puede gustar o no al propio escritor, que por lo general nunca está conforme o no cree en lo que acaba de escribir. Por eso nos cuesta mostrar lo que hacemos. La escritura, la reescritura, son momentos que a veces no acaban hasta que alguien te dice: Ya está, es bueno lo que escribiste. Otras veces tiramos lo que escribimos, lo rompemos, nos da bronca y paramos de escribir. La cuestión es reconciliarnos con nosotros mismos, intentar volver a retomar la escritura. Y creo que estas actividades como realizar una antología, motivan a creer en uno mismo. Porque te están diciendo que lo que haces es bueno, sirve, gusta a otra persona. Y vuelve el círculo de enfrentarse a la página en blanco, escribir y reescribir, corregir y amigarse con eso que tenemos delante. Pero una vez que tenemos esa obra lista, en nuestras manos, nos enamoramos de esa obra, porque es nuestra, es algo que acabamos de crear con nuestras manos, con nuestra voz.

―¿Qué te dio y te quedó del trato directo con las y los escritores?

―Me asombró mucho la capacidad de nuestros jóvenes escritores. Están comenzando este camino y es bueno descubrir potencialidad en sus escritos. Sabemos que recién comenzamos, que podemos tener errores, pero es el camino que elegimos y que debemos perfeccionar. La escritura diaria nos da las herramientas para mejorar, junto a la lectura de diversas obras escritas por otros autores. Formamos un lindo grupo, una conexión más allá de lo virtual. Tenemos en las manos los sentimientos que alguien plasmó, y eso se respeta. Sin críticas, solo acompañarnos y guiarnos entre nosotros.

 

 

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