Hacer visible lo invisible

Por Gretel Freidemberg
Arquitecta

Jueves 22 de julio de 2021, aproximadamente 11 am. Escucho la radio porque me gusta la compañía que me hace mientras trabajo, me recuerda las largas noches de tablero y, sobre todo, me trae a la memoria esas mañanas con papá, quien tenía la hermosa costumbre de fiel oyente al comenzar el día con el mate al lado.

En fin, dejo de bucear en las profundidades de la memoria, y mientras me dispongo a comenzar con el trabajo diario en la “ofi”, mate mediante, escucho la entrevista a Nacho Levy en el programa “Perros de la calle”, quien habla de hacer visible lo invisible. Autodefinido como una cuerda vocal más de la agrupación La Poderosa, Nacho cuenta sobre la experiencia de la organización, enfoca sus palabras en visibilizar los problemas que afectan gravemente a sectores de la población, la autogestión como respuesta y la demanda de políticas públicas que resuelvan el acceso a la vivienda, los derechos humanos y la lucha contra la violencia policial. Me emociono con sus palabras, y también con las de Lizy (Tagliani), quien relata experiencias personales tan vívidas que siempre me conmueven. Suenan palabras como militancia anti-narco, agenda nacional, pandemia, cooperativas, estrategias comunitarias, entre otras.

En el transcurso de la entrevista, Nacho se detiene, hace una pausa y comienza a contar que en el barrio Constitución de San Rafael, Mendoza, compañeras inauguran la Casa de las Mujeres y las Disidencias. Vuelve a hacer una pausa y le propone a Lizy ser la madrina, quien rápidamente contesta que no, y entre risas y sorpresa de sus propios compañeros y nosotros, los oyentes, se emociona, nos emociona, y acepta la propuesta.

Nacho Levy

La nota continúa, pero yo ya no escucho, mi emoción no me lo permite. La Casa de las Mujeres y las Disidencias, construida por un grupo de mujeres autogestionadas, es un hermoso ejemplo de cooperación, sororidad y empatía. Recuerdo pronto, entonces, la nota que Mayrin Moreno Macías escribió para la Revista Kilómetro Cero sobre la construcción de un espacio de contención y empoderamiento.

La curiosidad me empuja a indagar: cómo un grupo de mujeres se unen, organizan y comienzan un proceso de autogestión que aporte una solución al problema habitacional que afecta al barrio y, al mismo tiempo, crean un espacio que brinde contención. Me comuniqué entonces con Yaye y Daniela Urriche, referentes regional y local de la organización La Poderosa, quienes me narraron la experiencia de autogestión a partir de 2016, cuando un grupo de 17 compañeras se unieron en la asamblea de inauguración de la agrupación en San Rafael. Siento su voz del otro lado, el orgullo se transmite y la emoción una vez más se manifiesta. Las compañeras tienen edades que van desde los 20 hasta los 50, las une la fuerza de buscar alternativas de construcción que puedan dar respuesta a muchas mujeres que, como ellas, necesitan arreglar y construir sus casas. Proyectar su futuro, construir presente para ellas, para sus hijos e hijas y para su familia.

Daniela me cuenta el proceso de búsqueda y selección de un sistema constructivo que pueda replicarse fácilmente, necesariamente de bajo costo, pero que sea ampliamente masiva su posibilidad de ejecución. Inician así, juntas, en forma estratégica y cooperativa, el proceso para dar respuesta a la falta de viviendas para las familias del barrio. Adoptan el sistema MPRA (Módulo Plástico Reutilizable Autoportante), un sistema constructivo de bajo costo con respecto a la construcción tradicional, libre, es decir, sin patente, y por tanto apto para ser replicado infinitamente y también sustentable porque reutiliza botellas plásticas.

El sistema constructivo fue ideado por un grupo de arquitectos cordobeses que trabajan con las cooperativas y se enfocan en la construcción social: Trama Hábitat. Sistematizan sus experiencias y enriquecen con sus aportes a nuestra sociedad. Marcela Ponce, arquitecta, autodefinida como acompañante territorial, me cuenta sobre ellos y funciona como un puente entre la búsqueda del sistema y la ejecución del proyecto.

Una vez seleccionado el sistema, el grupo de mujeres auto-organizadas comienza a capacitarse en distintos oficios para llevar a cabo la construcción del primer prototipo. Daniela me cuenta que en esta etapa reciben fondos a través del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación (2016), lo que les permite financiar las máquinas que necesitan para implementar el sistema constructivo. Posteriormente completan el proceso constructivo con autogestión, sin recibir otro financiamiento.

Uno de los logros de la autogestión del grupo de mujeres del barrio fue que el Municipio de San Rafael otorgara en comodato por 20 años un terreno de aproximadamente 500 metros cuadrados en la calle Tropero Sosa del barrio Constitución, con el fin de construir el primer módulo denominado “4×4”, me relata Marcela.

El proceso de gestión fue largo. Mientras se llevaban adelante las capacitaciones, se presentó la documentación requerida del sistema constructivo en la Dirección de Obras Privadas de la Municipalidad para su aprobación. La etapa siguiente consistió en lograr la concreción de las máquinas: la Prensa, que se utiliza para prensar el plástico correspondiente a envases de PET; la Matriz, que posibilita armar los sub-bastidores de madera para los molones; la Bastidora, que se utiliza para el armado de la retícula de madera de las columnas y, finalmente, el banco de trabajo y la jaula de acopio de botellas, que facilitan el proceso de montaje.

El sistema posee múltiples ventajas que favorecen su implementación: rapidez de armado porque se construye a partir de un módulo básico denominado “Molón” (de 60 cm por 60 cm). El mismo está compuesto por botellas de plástico prensadas sujetas por zunchos plásticos dentro de un bastidor de madera, permitiendo su construcción en un taller. Es un sistema liviano, por lo tanto, su peso no es un condicionamiento para su ejecución. Puede manipularse fácilmente y posibilita alcanzar diversas alturas sumando molones (medidas siempre múltiplos de 60 cm) en sistema de columnas.

Otro beneficio considerable, sobre todo en la incidencia de los costos, es que es un sistema autoportante y sismorresistente (no requiere de otro elemento estructural adicional). El sistema está conformado por una estructura de columnas y vigas en retícula que contiene las columnas de molones. Dicha estructura se abulona a varillas roscadas que se dejan colocadas al momento de ejecutar la platea de hormigón armado, fundación del sistema. La construcción con este procedimiento admite diversos tipos de techos y terminaciones.

Es un sistema ecológico, reutiliza envases de botellas plásticas como relleno de la envolvente, al mismo tiempo que aislante térmico y elemento ignifugo, pero por sobre todas las ventajas es económico y fácilmente accesible. Todo lo expuesto posibilita cumplir con el objetivo del grupo de mujeres auto-organizadas del barrio: armar una cooperativa de viviendas que aborde el déficit habitacional.

La casa se inauguró la semana pasada, después de un largo camino transitado cooperativamente. Consiste inicialmente en un módulo, un prototipo, con el proyecto de construir posteriormente un baño, una cocina y un salón de usos múltiples. La propuesta se completa con un calefón solar, el tratamiento de las aguas grises para riego de la huerta de un invernadero y la separación de aguas negras. Pero ya la función la cumple: albergar, contener en su espacio a un grupo de mujeres con sus sueños, fortalecer los lazos y afianzar su capacidad de autogestión y de lucha.

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Finalmente, reflexiono sobre la organización de mujeres, albañilas, que construyen no sólo una casa, sino un futuro, a través de la fuerza colectiva. Tienen su paralelo en otros movimientos de mujeres que se desarrollan en distintas partes del mundo. Aunque geográficamente distante, social y culturalmente remotos, son organizaciones de mujeres autogestionadas, motivadas por la esperanza, pero sobre todo la capacidad de construcción de una alternativa de un mundo mejor.

Melike Yasar, representante del movimiento de mujeres kurdas en América Latina y miembro del Consejo del Kurdistán, dice que “la lucha y el cambio de pensamiento empieza con nosotras mismas”, y hace énfasis en la fuerza colectiva como herramienta de transformación de nuestra sociedad: “nuestra arma no es el fusil, sino la organización autónoma”.

La organización de mujeres kurdas tomó relevancia internacional a partir de imágenes de ellas formando un ejército de autodefensa en la región de Rojava. Pero me pregunto: ¿cuántas organizaciones de mujeres autogestionadas son visibles en nuestra sociedad?

Podemos observar que movimientos de mujeres poseen cada vez más trascendencia en América Latina pero también en el mundo, manifestando la urgencia de construcción de una alternativa distinta al sistema capitalista y patriarcal.

Comencemos por nosotros mismos, hagamos visible lo invisible.