Retrospectiva de una neociencia: neuroarquitectura

Por Mariana Bollati
Arquitecta

Según el calendario juliano, el año 1543 empezó en lunes. Esto no tiene ninguna importancia, me gustó el dato. Me imagino siendo una señora italiana de esa época, en una casita cerquita de Trento, Italia. Sentada en una silla de madera, imitación barata de la klismos griega. Escuchando a un delirante por la calle decir que en el futuro será posible manipular a las personas a través de los espacios, y yo pensar: ¡Non so di che cazzo stai parlando! Pero si mi yo del futuro pudiera aparecerse ante ella, me diría: ¡Sí, señora, será posible y no es cosa del futuro, está por suceder enfrente de sus narices!

Y es que la neuroarquitectura ha sido usada para persuadir, muchos siglos antes de saber su influencia y poder medir el impacto en nosotros.

En Italia, con el quiebre que llevó la Reforma Protestante, la Iglesia católica se vio forzada a llamar a concilio. De ahí el nombre Concilio de Trento, que empezó en 1545 y duró 18 años, sin llegar a común acuerdo. Viéndose con menos apoyo entre sus fieles, propuso generar reformas visibles y evidentes. Iglesias a gran escala, portentosas, solemnes. Se advierte que la planta más idónea para las iglesias será en forma de cruz, resaltando el espacio central, sobre todo el altar y la eucaristía en altura, rodeado y revestido en plata, mármoles, pinturas, bordados y gran decoro. Se recurriría al uso de estatuas con expresiones capaces de generar empatía de sufrimiento, entrega. Según el autor Alejandro Cañestro Donoso, “el recinto de la iglesia comenzaba a asemejarse más a un gran teatro”.

Todos estos recursos eran capaces de sumergir al espectador en espacios de contemplación. Probablemente la arquitectura más inclusiva de la época, porque alguien podría ser ciego o sordo, pero no quedaría exento de sus intenciones. Penetraría de todas formas en el inconsciente. No distinguiría entre raza, sexo o género.

Entonces no hay nada de nuevo en esto, desde hace 3.500 años aproximadamente se usa la arquitectura para construir propósitos e ideologías. Influir conscientemente en nuestro inconsciente. La novedad de las neuro-cosas es que con la tecnología podemos medir con precisión lo que pasa en nuestro cerebro. Esta es una de las tantas paradojas que me divierte. El cerebro no puede estudiarse y entenderse a sí mismo, por eso necesita de máquinas creadas por otros cerebros, capaces de entender cerebros, para poder ser manipulado conscientemente. ¿Esto nos hace complejos o básicos?

En los años 60, guerra fría, aparece un nuevo concepto: la arquitectura playboy. Se inicia una operación mediático-inmobiliaria sin precedentes: Playboy construye una especie de ciudad gótica, pero para hombres sin máscara. Viviendas para hombres solteros, clubes nocturnos y hoteles a lo largo de América y Europa. Hugh Hefner fue quien entendió y tradujo en espacios las necesidades del momento del nuevo hombre moderno. Habitar desde el placer. Una arquitectura capaz de alimentar una fantasía erótica popular, que resultó en una nueva forma de comportamiento y consumo.

Otro antecedente que cambió conductas fue la arquitectura carcelaria con el uso del panóptico, propuesto en 1791 por un alemán. Una torre que se ubica en el centro de un predio y que permite vigilar en todas las direcciones, a todas las celdas de una prisión, sin ser visto. Michel Foucault, en su obra Vigilar y castigar, analiza entre otras cosas el efecto psicológico que ejerce esta implementación espacial, que no solo impuso un cambio de conducta en los penitenciarios al sentirse observados constantemente, sino que también sirvió como caso de estudio y observación de los comportamientos humanos sin recurrir a otro medio más que la espacialidad de una construcción.

collage

Casi como una alquimia, la arquitectura permite traducir lo abstracto en materia, y con ello transmitir mensajes que logran cambiar emociones y comportamientos.

El régimen nazi se alzó a partir de la fuerza, también advirtió de su poder y rigidez con la altura de los edificios, la piedra utilizada, las pocas transparencias. Se dice que Hitler censuró la escuela de la Bauhaus en Alemania por conocer muy bien el poder de la arquitectura y el diseño. También la Unión Soviética intentó construir igualdad a través de su arquitectura brutalista, levantando grandes edificios con repeticiones y simetrías, hechos de hormigón y ladrillo sin pintura, sin particularidades.

La historia nos muestra lo que somos: influenciables. Hoy la neuroarquitectura se postula como candidata fija para entender mejor esas influencias y usarlas para optimizar los modos de habitar, inducir estados de conciencia propicios a diferentes necesidades, como potenciar la creatividad y la concentración, protección, evitar disparar mecanismos de supervivencia, mejorar la interacción, la salud. Tenemos certeza de que la ciencia y la tecnología avanzan en este campo, pero no tenemos la certeza del resultado a largo plazo. Positivo o negativo. Mucho o poco. Permanente o pasajero.

Quizás ahora, sabiendo esto, observemos todo con otros ojos. Las iglesias, la luz que entra por tu ventana, la privacidad, las conversaciones. Si queremos vivir en ciudades inclusivas, resilientes, sanas, quizás podemos empezar por el simple acto de prestar más atención a los entornos, a nuestras manifestaciones y acciones.

Pensar que nuestra evolución depende de la coevolución y que todo nos habita y lo habitamos de algún modo puede hacer que no necesitemos tener tanta comprobación científica de una máquina para mejorar nuestras vidas, y simplemente estar más presentes/conscientes en la acción de hacer y ocupar espacio en el día a día.

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