El riego: clave para el crecimiento de San Rafael

Por María Elena Izuel

La historia del riego es la historia misma de la colonización. Nada se podía hacer sin agua. Primero se ocuparon las tierras cercanas al río y, al extenderse los cultivos, tuvo que llevarse el agua a través de canales. Los primeros canales fueron muy rudimentarios y en ocasiones hasta se quedaban sin agua al desviarse el río.

La primera derivación del río Diamante fue construida en 1805 por orden de Teles Menezes, para dotar de agua al fuerte y a la población.

El censo de 1864 nombra 13 “canales”, pero el único “canal” en el sentido estricto de la palabra era El Toledano, abierto por don Nicolás Suárez en 1861, el resto eran solo acequias. El nombre de Toledano proviene de un gaucho puntano, muy bravo, que tenía hacienda en ese lugar.

El comandante Salas construyó dos canales, el que lleva su nombre y el Cuadro Nacional.

También se abrieron los canales Cerrito, Villa, Balloffet, Bombal, Gutiérrez, Cubillos, Frugoni y Marco, Socavón, Sauce de Leona, de los Italianos, Pavez, Espínola. Los nombres corresponden a la persona que los construyó o al dueño de las tierras por donde cruzaban.

Las tomas eran filas de pies de gallo, los canales unos zanjones parecidos a ríos o arroyos que llegaban a desbordar al producirse una creciente y las compuertas particulares unos tablones de álamo mal construidos, mal colocados y peor conservados”. 

Fuente: Diario Los Andes

Todos los canales nombrados derivan del río Diamante. Recién en el siglo XX se abrieron canales del río Atuel.