Las «Diosas» de Cacica Honta

Serie «Diosas»
Collages realizados por Cacica Honta


«Mis tetas de negra» (fragmento)
Por Sahili Franco Cipriani

Negrita «caribe», «exótica» (como si fuese un piropo), afro, delgada (sin las voluptuosidades características de los cuerpos estereotipados de las mujeres racializadas), sin que la cara ni el cuerpo me delaten la edad. Enniñecida, casi. Mi cuerpo es una serie andante de contradicciones del género femenino, de la feminidad, de lo sexual y lo erótico bajo la mirada colonizadora-blanca y machista.

No hay puntos medios dentro de la construcción hegemónica que viene desde la mirada poscolonial macha-blanca-heteronormativa. Las negras, o somos puticas desenfrenadas en medio de nuestro exotismo sumamente erotizante, o somos virgencitas temerosas y mojigatas, siempre listas para ser descubiertas. Allí, esperando por Colón.

Lo que sucede entre estos dos imaginarios dicotómicos (virgen-puta) no se piensa ni se siente, y en ese sentido, desnaturalizar esta visión de nuestros cuerpos es sumamente complejo porque, precisamente, la noción de los cuerpos sólo cabe en categorías dicotómicas o binarias. De modo que lo que sale de la norma es castigado, humillado y sacado de lado. Y en medio de nuestros machismos, los de todes, porque fue bajo esa concepción del mundo y de los cuerpos bajo la cual fuimos criades, ha sido sumamente difícil intentar de-construir este sentido común.

Esa dicotomía define también una línea que dibuja la superioridad de la inferioridad: las mujeres, pues, y todos los cuerpos feminizados y disidentes, todas las identidades disidentes (no sólo las del género, la sexualidad y la raza) hemos sido enviades a esta suerte de pozo de inferioridad en contraposición con lo masculino, figura hegemónica e institucionalizada de poder, lo que permite que continuemos desarrollando formas jerárquicas y violentas de relacionarnos a partir de ese canon: lo masculino y lo femenino. Pero la cosa se pone interesantemente peor, más tensa y revuelta, con la raza y la etnia.

Frantz Fanon hablaba de la línea del Ser y la línea del No Ser. Todes quienes no somos blancxs estamos debajo de esa línea, un territorio esquivo que pretende ser invisible. Esa línea es la que explica, pero no justifica jamás, la forma en la que las y los esclavxs africanxs fueron llevadxs desde sus hogares originales hasta América; esa línea es la que explica el trato inhumano que parte de la población del mundo recibió ante un constructo cultural, que argumentado por la iglesia y luego por la ciencia, produjo uno de los crímenes más atroces de la historia y que apenas hoy empezamos a desnaturalizar y visibilizar.

Ahora, los cuerpos de las mujeres negras están incluso más oprimidos que los de las mujeres blancas debido a que el proceso de colonización en los territorios latinoamericanos produjo lo que hoy llamamos hiper-sexualización de los cuerpos, que es también resultado de una cosificación a la que las niñas y mujeres racializadas se han enfrentado por más de 500 años. Esto es la exotización de la mirada europea sobre nuestros cuerpos «caribeños calientes». Los cuerpos de las mujeres negras son territorios racializados desde enunciaciones de poder de la mirada colonizadora y blanca, muy blanca, que además pretendió llamarse dueña de nosotrxs.