“Paths of glory”: la reivindicación del héroe

Por Mariano Dubin

Volví a ver “La patrulla infernal” (1957), de Stanley Kubrick. La historia es simple: durante la Primera Guerra Mundial, un general francés ordena a un batallón ocupar una posición alemana. La misión es, desde el inicio, imposible y solo se explica por necesidades políticas. El general, para sortear su responsabilidad, organiza una corte marcial para juzgar por “cobardía” a los soldados sobrevivientes.

Los soldados provenientes de los pueblos pobres del interior de Francia estaban ya condenados mucho antes de ir a la guerra. Trampas de la memoria: la recordaba como “La patrulla condenada”, condensaciones del descuido.

El título en inglés es perfecto: “Paths of Glory”. En su apelación antibélica está todo dicho: los únicos “caminos de la gloria” en una sociedad de clases tienen que ver con la acumulación capitalista. Por eso circula una frase apócrifa de la película: “Ahora que son carne de cañón los llaman héroes”. De hecho, las imágenes de lo imposible de la épica se multiplican: el montaje perfecto entre los generales bailando de gala, bebiendo finos licores, conspirando uno contra otro para obtener el “prestigio de la guerra” mientras en los laberintos de las trincheras se arrastran los cuerpos mutilados, el alambre de púa que ajusta pedazos de piernas y de uniformes, las caras enfermas de los combatientes. No hay nada para decir de esto; es más, todo lo que ya está dicho en la película es hoy “sentido común”.

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Casi nadie haría de una guerra así un canto épico. Hoy las guerras, tropa oscura de la vergüenza, no son reivindicadas por nadie y se maquinan en fríos operadores que ni siquiera tienen tierra en sus zapatos cuando aprietan el botón para destruir una ciudad. Hoy se bombardea con vergüenza, pero aún en la Primera Guerra Mundial la guerra significaba “gloria”.

En algún momento las clases altas reconocieron que ellas no tenían nada que ver con el honor y era, de hecho, un acto molesto -ya Ricardo Piglia lo narra en “Respiración artificial”-, en relación a la prohibición del “duelo entre caballeros”, ya que matar o morir por defender un “nombre”, el “honor” o el “respeto” para el nuevo momento de acumulación de riquezas era un sinsentido; en todo caso, se mata a quienes no se resignan “a reconocerles su condición de Señores y de Amos”. Y eso es “Paths of Glory”: las clases altas matan a aquellos que les niegan sus condiciones de señores y amos.

Pero no voy a repetir estos argumentos. Ya están dichos y están muy bien dichos. Creo que “La patrulla infernal” nos lega otra cifra. Y creo que hoy más imprescindible que nunca. Es la reivindicación de la figura del héroe que encarna el coronel Dax -en uno de los mejores papeles de la carrera de Kirk Douglas-. No sé si alguien hoy se animaría a filmar un héroe así sin un resto de parodia, de anacronismo o inverosimilitud. El coronel Dax es un héroe. Un héroe mayor. Y si Kubrick pone en crisis la épica (no hay épica posible en una guerra interimperialista), la factura del héroe es clásica. Mientras sus superiores en retaguardia comen y beben sin sentir el olor pútrido de la guerra, Dax combate en el frente, encabeza su tropa, arriesga su vida por otros. En su honor no hay intrigas políticas ni beneficios económicos. Es un héroe porque sus valores están por encima, muy por encima, de sus eventuales consideraciones personales. Pero es un héroe, sobre todo, y ahí se resguarda la épica en su último refugio posible, porque es un héroe colectivo.

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Dax es un héroe que propone justicia a los vencidos, a los pobres, a los débiles. Eso se replica de modo brutal y conmovedor en la escena final, donde la prisionera alemana, luego de recibir los gritos salvajes de la tropa excitada, canta y destruye en mil haces las caras ajadas de los soldados: solo en la bestialidad más inmunda aún sobrevive la última posibilidad de humanismo.

Los derrotados necesitan héroes, porque sin héroes no hay modo de retornar a la épica y sin épica no hay modo de rastrear las memorias bombardeadas de los pueblos. La justicia de los muertos, los fusilados, los abandonados, espera a su héroe.

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