Kurdistán, las mujeres y la arquitectura

Por Gretel Freidemberg
Arquitecta

Martín abrió una puerta. Y al abrirse me despeinó completamente (aunque debo confesar que salvo algunas honrosas excepciones, me peino), asomándose por el intersticio del vano nuevas impresiones, sensaciones y conceptos.

Sí, abrió una puerta, comunicando nuevas realidades. Me sugirió que escriba sobre la experiencia de las mujeres de Rojava, la revolución de Kurdistán, la pugna de una sociedad por la liberación de las mujeres, el cuestionamiento al patriarcado y el capitalismo, el nacimiento de una nueva ciencia: la Jineologi.

Me pregunté, y aún lo sigo haciendo, cómo escribir de manera ordenada el conjunto de remolinos que resuenan en mi interior a medida que voy avanzando con la lectura, si todo ello hace cuestionar la base de mis conocimientos y certezas. Cómo puedo transmitir y comunicar, porque deseo fervientemente que, al igual que yo, muchos y muchas puedan vivir esta experiencia, la experiencia de abrir la puerta. Y, finalmente, qué aporte tiene la arquitectura, si es que lo tiene.

Comenzaré con una breve introducción, mencionando antes que los arquitectos y arquitectas solemos graficar nuestros pensamientos y lo primero que hacemos es buscar en Google Maps o similar dónde se emplaza geográficamente Kurdistán.

El teatro de operaciones

Podemos observar que en la pantalla aparece una región compuesta por varios países (Turquía, Irak, Irán, Siria y un pequeño enclave en Armenia). Sucede que es una región de Asia sin acceso al mar, habitada por el pueblo kurdo, etnia que históricamente reclama su territorio, repartido actualmente en cuatro Estados.

Un escenario frágil donde se manifiestan diversas tensiones con múltiples actores involucrados y límites geopolíticos, económicos y culturales en disputa, donde el pueblo kurdo se encamina a la independencia de Siria, situándose la región de Rojava como uno de los emplazamientos más emblemáticos de este contexto a partir de 2012, cuando se produce la llamada “Revuelta armada kurda”, en la que parte de la población kurda que habita Siria forma parte de la Guerra Civil.

Quiero centrarme en las ideas de A. Öcalan en Rojava, quien sostiene que solo a través de la liberación de las mujeres será posible aspirar a la liberación de la sociedad entera. Sus pensamientos fueron adoptados por el PYD (Partido de Unión Democrática), cuyos brazos armados son las Unidades de Protección Popular y las Unidades Femeninas de Protección, y corresponden al denominado Confederalismo Democrático.

El movimiento kurdo de liberación se centra en la construcción de una nueva sociedad, cuyo proyecto político posee cuatro pilares: Democracia directa, Comunitarismo, Liberación de género y Ecología. Rechaza los valores y mecanismos de las sociedades capitalistas y patriarcales, y mantiene una política autónoma de los organismos internacionales como el Banco Mundial y el FMI. Posee una política basada en la co-representación, en la que siempre debe haber dos personas representando cualquier grupo, y siempre tiene que ser un hombre y una mujer. Las mujeres representantes de las estructuras mixtas son elegidas por el grupo de mujeres, los hombres en cambio son elegidos por hombres y mujeres, lo que asegura que la representatividad de la mujer sea legítima y no que se deba a la obligatoriedad de cumplir un cupo.

El comunitarismo está directamente ligado a la liberación de género, se centra en la construcción de espacios autónomos para las mujeres, el desarrollo de la educación, una nueva forma de producción de conocimiento y la autodefensa, cuyo fin se constituye como aspecto central del proyecto político. Consiste en la organización autónoma de mujeres, conformada totalmente de manera horizontal, paralela a las estructuras mixtas.

La organización de autodefensa de mujeres kurdas ha sido y es, a nivel mundial, reconocida a través de las imágenes que han circulado de ellas combatiendo al Estado Islámico en Rojava. Sin embargo, su fuerza se centra principalmente en la organización para construir una vida libre; esto significa una sociedad que tiene una relación de respeto con la naturaleza y con la vida. Es una revolución desde la vida cotidiana, que en lo concreto no significa luchar contra el hombre sino contra la mentalidad patriarcal.

Me pregunto: ¿cuál es el espíritu de esta organización?, ¿cómo es que las mujeres guerrilleras han trascendido el ámbito de la guerra para sentar las bases de una sociedad más justa y equitativa? Y, finalmente, ¿cómo esta experiencia político organizativa inspira y retroalimenta el mundo actual?

Mujeres kurdas luchan contra Estado Islámico

La Jineologi

En primera instancia, abordaré la nueva ciencia que surge del esfuerzo de la organización de las mujeres kurdas por sistematizar sus experiencias a través de lo que han denominado la Jineologi, que proviene de dos palabras kurdas: Jin, que significa mujer, cuya raíz viene de jiyan, que es vida; y logi, que proviene del griego (logos) y representa la ciencia, el estudio.

Emerge como necesidad de crear una ciencia de mujeres como base fundamental para una sociedad libre, igualitaria y democrática, entendiendo al feminismo alejado del capitalismo. La construcción de la idea de mujer en el sistema capitalista está definida como lo otro diferente al hombre, es decir, por la noción de otredad. Si consideramos que las ciencias sociales basadas en el positivismo perpetúan el statu quo de las jerarquías: mente sobre cuerpo, humanos sobre naturaleza, oeste sobre este, norte sobre sur, blanco sobre negro, hombre sobre mujer, comprendemos la urgencia de un cambio de paradigma. Esta ciencia cuestiona la influencia del sistema existente en el pensamiento y acciones, conceptualiza a la mujer como realidad social, investiga la historia de la colonización de las mujeres, entabla diálogos complementarios entre feministas y ecologistas, también entre las mujeres y los movimientos democráticos.

Este creciente proceso de reflexión, crítica y problematización de las mujeres se encuentra reflejado en otras organizaciones como el movimiento de mujeres indígenas zapatista en México, el feminismo comunitario, corriente originada en el pueblo indígena boliviano, entre otros; “rebeldías” que tienen principios comunes que se encuentran y dialogan, como la autogestión, la autonomía, la autodefensa y las formas de relaciones antipatriarcales.

Las mujeres en la arquitectura

Recuerdo siempre en mis épocas de estudiante de Arquitectura a un profesor en la clase de Historia quien nos refería que todos los movimientos culturales de vanguardia se manifestaban primeramente en las letras, la música, luego en la pintura y escultura, y finalmente en la arquitectura.

Pienso profundamente en ello e intento establecer paralelos, me pregunto de qué manera nos atraviesa todo este movimiento de conquista y de lucha como sociedad, como arquitectas y arquitectos. ¿Cómo mirar hacia adentro, deconstruir significados y conceptos que crecieron conmigo desde pequeña?, ¿cómo valorar, por ejemplo, la intuición frente a la racionalidad, la experiencia como medio de aprendizaje? Todo conocimiento construido se pone en duda. Es imperioso dudar, cuestionar nuestra realidad, preguntarnos hacia dónde queremos ir y qué mundo deseamos construir.

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En la Arquitectura se observan diferentes indicios de este proceso. ¿Podemos hablar de arquitectura feminista? Ciertamente no lo creo; sería, desde mi punto de vista, acotar la reflexión. Sin embargo, todo ello que nos viene revolucionando como sociedad va encontrando espacios, intersticios por donde desarrollarse y expandirse. Comienzan a vislumbrarse esfuerzos para visibilizar a la mujer en la arquitectura, dando a conocer y poniendo de relieve a muchas mujeres arquitectas que han formado parte de nuestra historia y cuyos proyectos han sumado valiosos aportes.

También podemos mirar desde otro enfoque, desde la urgencia de mujeres que en un mundo desigual se plantean el desafío de la construcción, el de obreras, electricistas, plomeras, metalúrgicas. No son recientes los ejemplos, más bien son invisibilizados, pero poco a poco se manifiestan con mayor intensidad.

Recuerdo haber leído una nota en la web de un grupo denominado “Albañilas”, Colectiva Autogestiva de Construcción Disidente (de la provincia de Buenos Aires), en el que explicaban que cuando una tarea requiere mayor esfuerzo físico, el trabajo cooperativo lo resuelve.

No hay imposibles. Sugiero seguir abriendo puertas que nos recuerden la fragilidad de este mundo y las nuevas posibilidades que se despliegan. Brindo por muchos «Martines» que nos acompañen en este proceso de construcción de una sociedad más equitativa y justa. Y finalmente por una arquitectura libre de conceptos atávicos, que potencie estos procesos culturales.

Les dejo una frase de la arquitecta Anne Lacaton, reciente ganadora del Premio Pritzker 2021, quien señala: “La buena arquitectura es abierta, abierta a la vida, abierta para mejorar la libertad de cualquiera, donde cualquiera pueda hacer lo que tenga que hacer. No debe ser demostrativa ni impotente, sino que debe ser algo familiar, útil y bello, con capacidad de sostener tranquilamente la vida que tendrá lugar ahí”.

Anne Lacaton