Paredes que dicen

Por Martín Rusca
Arquitecto

 

Es 1987 en Berlín, y en la fachada de un edificio recién terminado (una semana antes de que quiten los andamios), aparece un grafiti. El autor del edificio decide dejarlo aunque claramente no comunica un mensaje alentador. “Bonjour tristesse” (hola tristeza/bienvenida tristeza) se lee con letra apurada en la parte más alta del edificio. Al día de hoy el mensaje sigue allí, dándole nombre al edificio y recordándonos lo complejo que puede ser una sociedad. Quiero hablar de grafitis, vandalismo, espacio público, memoria  y, si me queda tiempo, de arquitectura.

 

grafiti bonjour

 

El arquitecto de esta historia es Álvaro Siza, portugués, un Pritzker (algo así como un Nobel de la Arquitectura), y aunque en ese momento aún no era tan conocido en Berlín, le habían encomendado un proyecto ambicioso. Un edificio de departamentos dentro de un plan de reconstrucción de vacíos que había dejado la guerra. Había muchos intereses en juego y muchas fricciones en la comunidad. Por un lado, la administración de la ciudad estaba cuestionada, la población local y los inmigrantes estaban en conflicto, ya que en esos barrios se habían formado comunidades extranjeras, sobre todo turcas, que no eran bien recibidas por la comunidad berlinesa (y que este proyecto intentaba integrar). Por otro lado, la arquitectura honesta, pura y sin ornamentos de Siza era asociada, formalmente, a la arquitectura del nazismo, y a todo esto se le sumaba que un grupo de arquitectos cuestionaba el encargo, poniendo en duda la transparencia de la elección. Hoy sabemos que el grafiti se dejó porque el costo de pintar de nuevo todo el edificio era tremendo, pero al paso de las décadas y en sucesivos mantenimientos, el grafiti se respetó y no se borró. ¿Por qué?

¿Mensaje xenófobo, crítica a la arquitectura moderna, a la administración de la ciudad o vendetta entre colegas? Con todo esto podríamos convertir el relato en una narración de Arthur Conan Doyle buscando quién escribió el mensaje o a qué se refería concretamente. Pero vamos a dejar eso en el campo de la especulación y usar la historia para reflexionar, ya que cualquiera de las interpretaciones del origen de la frase habla de nosotros, de nuestros fantasmas y demonios. Y el hecho de que se decidiera dejar el mensaje con el paso del tiempo nos da cuenta de lo complejo de los conflictos a los que estamos sujetos nosotros y el espacio público.

Lo primero que quiero dejar en claro es que la fachada de un edificio que da a la calle, cualquiera sea su escala, forma parte del espacio público, lo delimita y ayuda a definirlo, aún cuando el edificio pertenezca al ámbito privado. Teniendo esto en cuenta, me pregunto: ¿Qué diferencia a los actos de rayar una pared con una frase, de colocar un cartel de un producto o un cartel propagandístico de algún partido político? ¿Quién decide qué se pone o no en el espacio público? ¿El hecho de pagar para poder colocar mi idea/producto o lo que fuese sobre la calle y a la vista de todos legitima el mensaje y lo vuelve acertado? ¿Qué pasa con la contaminación visual “legal” que nos bombardea a diario, aun cuando claramente muchas están ahí para engañarnos? ¿Por qué el ambient marketing es “arte” y el grafiti “vandalismo”? Y yendo más allá, ¿puedo pintar la fachada de mi casa como yo quiera?, ¿aun si ofende a alguien? Imagino un mural gigante con una imagen de sexo explícito en la pared de mi casa, aunque también podría imaginar cosas que me ofendieran. Si lo trasladamos a otros ámbitos se aclara un poco. ¿Estaría bien poder pagar para, por ejemplo, tirar lo que quiera en el río? ¿El vandalismo es absoluto o solo es posible porque hay desigualdad de poderes en el espacio público? Para estas preguntas no tengo respuestas que apliquen, solo más preguntas.

 

grafiti medios

 

Ya habrá tiempo de profundizar en esto, solo quisiera remarcar que el espacio público es, y fue siempre, el lugar de las luchas de poder, político, militar, religioso o económico. Basta recordar la picota, el palo para los castigos que se plantaba en el medio de las plazas para fundar una ciudad hispánica. La piedra fundacional de la mayoría de nuestras ciudades coloniales fue un elemento de tortura.

Volviendo a los grafitis, quiero a hablar de, para mí, su mayor valor. El  potencial enorme que tienen para radiografiar una sociedad en un momento dado. Son mensajes que por su espontaneidad guardan toda la información de lo que no se dice en los medios formales. Podría poner el ejemplo de los grafitis que versaban “viva el cáncer” allá por la década del ’50 luego de la muerte de Eva Perón, esos que nos definen como sociedad y nos recuerdan continuamente cuánto nos separa el odio y que la grieta no es cosa nueva. Creo que si hoy hicieran un documental de historia moderna argentina, ese grafiti nos pintaría como sociedad mejor que un cuadro de Antonio Berni.

 

grafiti cultura

 

Pero no solo vemos lo peor de nosotros en las paredes, también hay lugar para lo hermoso, para el amor, para la risa, el perdón, la redención, y una larga lista de cosas que nos unen como sociedad y como humanos. Seguro todos recordamos esas palabras que desde un muro nos hacen reír o nos dan aliento cada vez que las vemos. Esas pintadas que nos recuerdan que hay otras personas ahí, como nosotros, pasando por las mismas cosas. Personas que deciden contándoselas al mundo, sin que intermedie una pantalla, desde una pared, que aunque se hizo para separar, nos une.

 

grafiti lerner

 

La pintura en aerosol puede durar mucho, pero su espíritu es el de lo efímero, eso que se dice, se vomita o se grita y puede ser borrado, vive en la memoria de los que lo vieron, de los que se rieron, enojaron o entristecieron con su mensaje. Pensándolo así, si se borra, dura muchísimo más y evita volverse invisible. La palabra mantiene con vida la memoria.

No sé si me fui por las ramas, o me enredé como un caracol, lo mío no son las palabras. Quiero cerrar como empecé: “Bonjour tristesse”, ese grafiti que pretendía humillar a un edificio y que por el contrario termino dándole sustento, profundidad y trascendencia. Hoy las personas se fotografían con el grafiti y su pared, con el edificio y su crítica, con la historia, con la memoria.

“Hola tristeza”, esas letras apresuradas alrededor de un ojo (hay una versión que ubica al grafiti como un homenaje a la película del mismo nombre, ya que en el poster de promoción también se observa un ojo), hoy se ve opacada por otra pintada mucho más grande que grita “Bitte Lebn” (por favor, vive), mucho menos sutil, y cuyo mensaje new age carece del misterio de su predecesora pero que nos muestra que el medio y el mensaje siguen vivos.

 

grafiti bitte lebn

 

“Emosido engañado” dice una pared española. El grafiti se hizo meme y se viralizó. La triste historia de un desahucio que vive y prolifera más allá de donde llega la pared, y más tiempo del que duró la pintura, una historia que nos recuerda que las paredes hablan, ríen, gritan, vomitan, cuentan, denuncian, recuerdan…

 

grafiti emosido