El oro del Vaticano y el terreno de la tía

Texto e ilustración: Juan Pablo Carballo

El único lugar del mundo donde existe el comunismo es en el cerebro de las personas de derecha. De hecho, a estas alturas nadie más utiliza esa palabra, tan desprestigiada por la experiencia estalinista. Lo paradójico es que sean ellos los que instalan el debate por la propiedad, aunque sea con falacias. En un programa de TV, un panelista dice (siguiendo un lugar común) que si el Papa cree que la propiedad privada no es lo primordial entonces debería vender el oro del Vaticano para repartir el dinero entre los necesitados.

Pero cualquiera que realice el experimento mental se dará cuenta de que ese acto no anularía la propiedad privada, sino que la concentraría todavía más en los pocos capitalistas que fueran capaces de comprar todo el oro del Vaticano. Los necesitados, por su parte, recibirían papel moneda que se devaluaría rápidamente, mientras la cotización del oro aumentaría. Sin embargo, para el panelista, que el Vaticano vendiera todo el oro sería una medida comunista.

La otra opción sería que el oro no fuera comprado por particulares sino por el Estado. En ese caso pasaría de un Estado a otro (porque el oro no pertenecía a Jorge Bergoglio sino al Vaticano). Pensemos. Para evitar el problema inflacionario de pagarle al Vaticano con emisión monetaria digamos que el oro es expropiado y fin del problema. ¿Habríamos llegado al comunismo? No, dado que la propiedad seguiría concentrada en un solo agente, el Estado, actuando como capitalista colectivo. Entonces, ¿cómo sería el comunismo? Preguntárselo de esta manera hipotética ya es un acierto, puesto que solo hemos conocido formas de capitalismo de Estado, no de comunismo.

Lo primero que hay que entender es que la propiedad que se discute no es su auto, su casa, su televisor. Es la propiedad de los medios de producción, es decir, aquellos medios que se necesitan, conjuntamente con el trabajo, para producir riqueza. Y usted, que lee estas palabras, con toda seguridad carece de ese tipo de propiedad, o la tiene en un grado insignificante.

El terreno de la tía fallecida por el que pelean los primos no está amenazado por el comunismo -que no existe- sino por el capitalismo, que ya nos ha demostrado en varias ocasiones la formidable capacidad de desahuciar a las familias y empujar a millones a la miseria. Recuerde que lo único sagrado en el capitalismo es el lucro y la acumulación. A usted le van a decir que lo importante es la educación, la salud, el desarrollo, el ascenso social, terminar con la pobreza. Pero la verdad es que en el capitalismo ni siquiera el respeto de la propiedad privada es más importante que aumentar las ganancias y concentrar el capital. Es una carrera miserable de rapiña en la que los bancos, los grandes exportadores, los magnates y las multinacionales tienen las de ganar. Y usted y yo tenemos las de perder.

Así que no le digo que se esté tranquilo, que su propiedad privada está asegurada. Porque su jubilación no está asegurada. El sueldo de su hijo no está asegurado. El costo del pan no está asegurado. No sabemos cómo se va a calentar en invierno su nieta. En este sistema no somos dueños de esas decisiones. Porque tendremos un auto o unos dólares en la alacena, pero ciertamente no tenemos la propiedad de los medios de producción.

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